Rockeros vs disqueras

Las descargas revivieron los catálogos de música de las viejas estrellas, pero ahora los artistas no están satisfechos con sólo vender más canciones. Quieren una mayor tajada del nuevo negocio.
Ludovic Hunter-Tilney / Financial Times

El tribunal federal para el norte de California funciona en un gran edificio modernista de oficinas de los años 50 en el centro de San Francisco. En sus 21 pisos de diseño impecable avanzan casos que van desde la disputa de patentes de Apple contra Samsung por miles de millones de dólares a la menos titánica querella entre H&B Beauty Supplies y Posh Hair Salon Incorporated.

Entre los litigios se encuentra una demanda colectiva cuyo resultado podría tener profundas consecuencias para el sector de la música. "James vs UMG Recordings" es una disputa sobre la cantidad de dinero que los músicos deben recibir por las descargas digitales de su trabajo. El recurso que presentaron los herederos de Rick James, la estrella del funk que murió en 2004, contra la disquera más grande del mundo, Universal Music Group, se basa en un detalle técnico en apariencia irrelevante: si las descargas se deben clasificar como "ventas" o como "licencias".

Pero lo que está en juego no es nada irrelevante. Los sellos discográficos pagan a los músicos entre 10 y 20% en regalías por las ventas de su música. Pero pagan hasta 50% cuando se otorga una licencia para usarla, como cuando se incluyen las canciones en películas o anuncios, por ejemplo. La tarifa de las regalías por las ventas musicales tiene sus raíces en los costos que las disqueras asumían para grabar discos y CD, transportarlos a las tiendas y promocionarlos. Entonces, preguntan los artistas, ¿por qué deben quedarse las compañías con la misma porción si la mayor parte de esos costos se esfumaron?

Las disqueras, como era de esperar, quieren seguir clasificando las descargas como "ventas". La gente del medio piensa que iTunes y sus similares son simplemente tiendas virtuales de discos, una prolongación de la actividad principal de venta de grabaciones. Asimismo, aún fabrican CD, que el año pasado representaron más de la mitad de las ventas mundiales. Y los costos de promoción no desaparecieron.

Los músicos quieren que las descargas sean reclasificadas como "licencias", más lucrativas. Si la demanda colectiva de los herederos de James lograra un cambio generalizado, el costo retroactivo para las disqueras podría alcanzar más de 2,000 millones de dólares sólo por ventas de iTunes, así que hay muchas miradas sobre el tribunal de San Francisco.

El litigio

"La demanda llevaba tiempo gestándose", dice Rob Zombie, uno de los demandantes cuyo nombre aparece junto a los herederos de James en el recurso que se presentó contra Universal en 2011. "El demandante Rob Zombie", como lo presentó la corte, "también conocido como Robert Wolfgang Zombie, antes conocido como Robert Cummings, es un artista que hace presentaciones en vivo y grabaciones".

Zombie encabezó White Zombie, una banda de heavy metal obsesionada con las películas de terror que tuvo éxito en los 90, y después inició una carrera como solista. Su nuevo álbum, Venomous Rat Regeneration Vendor sale en abril. Tiene una carrera paralela como director de las películas Halloween.

El rockero fue uno de los artistas que se unieron a la demanda colectiva de James. A diferencia de él, la mayoría de los demás son artistas de la época previa a las descargas, como David Coverdale, de los rockeros de los 80 Whitesnake, y Chuck D, de los raperos Public Enemy. Otros han presentado demandas independientes por pagos inadecuadamente bajos por éxitos de catálogo contra las grandes discográficas, desde Sister Sledge hasta The Temptations.

El año pasado, el trovador hippie James Taylor inició una acción legal contra Warner Bros Records. Debido a que la demanda está en curso, no quiso hacer comentarios, pero proporcionó una copia de la demanda: un documento de 75 páginas con una detallada letanía de quejas sobre los ingresos por descargas y los tonos de celular. Los tonos de llamada no valen gran cosa, pero las descargas son otro asunto: el cantante demandó a Warner por 2 MDD.

En la era digital hasta ahora las mayores victorias se las llevaron los artistas. El año pasado, Sony acordó pagar un total de 8 MDD a un grupo de artistas, encabezado por los Allman Brothers y Cheap Trick. También el año pasado, Universal pagó una suma no revelada para resolver una demanda por descargas con el equipo de producción de los éxitos del rapero Eminem. El arreglo se produjo tras un fallo de 2011 sobre el mismo caso, según el cual las ventas por descarga deben ser consideradas licencias, si bien la sentencia sólo cobija el contrato en litigio.

Las disqueras temen un fallo que siente un precedente legal y abra una caja de Pandora de molestos artistas exigiendo una indemnización. El resultado, como en el caso de "James vs UMG Recordings", es una guerra de desgaste en las cortes. Zombie y los otros demandantes se enfrentaron en cada etapa con el equipo legal de Universal. "Por desgracia, estas cosas tardan años", dice Zombie.

La adaptación del pop a la era de las descargas tiene un amplio alcance, pero ha sido caótica. Ha pasado casi una década desde que la tienda iTunes de Apple abrió sus puertas virtuales a los clientes de paga. A cinco años de su lanzamiento, en 2003, ya era el mayor vendedor de música en Estados Unidos, y dos años después, el más grande del mundo.

El mes pasado celebró la venta de su canción número 25,000 millones, apenas una de las 15,000 que se descargan cada minuto en iTunes en todo el mundo. Las alucinantes cifras de la tienda virtual -un catálogo de 26 millones de canciones, 21.6 millones de canciones vendidas diariamente, ingresos por 2,100 MDD en los últimos tres meses de 2012 (incluidas las ventas de aplicaciones y películas)- modificaron radicalmente el panorama de la música pop.

Un nuevo mundo

Al principio, los cambios eran inquietantes. Pero ahora la nostalgia por la forma en la que solíamos escuchar música se convirtió en una excusa para regodearse con el pasado, como ocurrió con la poco convincente exhibición de afecto por la venerable aunque desabrida cadena inglesa de tiendas de discos HMV cuando se declaró en quiebra este año.

Es tal la magnitud de los cambios que incluso iTunes siente la presión. Apple ha dicho que la tienda está apenas por encima del punto de equilibrio, y su servicio iCloud claramente anticipa tendencias cambiantes en momentos en que la gente adopta los modelos de servicios de suscripción Spotify y Pandora desde alguna distante nube digital. Quizá no pasará mucho tiempo antes de que sintamos nostalgia por nuestra primera compra en iTunes.

"Para los aficionados más jóvenes que están por venir, no significa nada", dice Zombie sobre los cambios tecnológicos. "Es como escuchar a tus abuelos quejarse por la muerte de la radio y las grandes bandas. Después de un tiempo, le dices: ‘Mira, abuela, la verdad es que no me importa'. Las cosas cambian, es algo en constante evolución y los artistas y los fans tienen que evolucionar con ello".

Recientemente se anunció que los ingresos mundiales por música grabada crecieron por primera vez desde 1999. La noticia fue recibida con comentarios de que lo peor ya pasó. Sin embargo, la línea de demarcación entre lo viejo y lo nuevo es difusa.

Y esa línea es aún más difusa en la música, donde muchos artistas tienen carreras que abarcan tanto la era análoga como la digital. Los contratos firmados en una época en la que el vinilo era el único medio de distribución aún son legalmente válidos en un momento en que una grabación se puede poner a disposición de millones de personas con sólo apretar un botón.

Nada de esto importaría si nadie comprara música antigua. Pero la tecnología proporcionó un acceso sin precedentes al pop del pasado. Su vasto catálogo está disponible para cualquiera con una computadora, y se puede comprar en cualquier momento.

La capacidad del pop para hacer que el pasado parezca presente de nuevo es especialmente aguda en una época en la que podemos descargar todos los álbumes de David Bowie en segundos. The Best of Bowie alcanzó el séptimo lugar en las listas de descargas de Reino Unido después de que presentó su sencillo de relanzamiento a comienzos de año. Otro ejemplo: en diciembre, al audicionar para las semifinales del programa estadounidense de talentos The Voice, el concursante Terry McDermott cantó una versión de "I Want to Know What Love Is", el éxito de 1984 de los titanes del soft-rock Foreigner.

La semana siguiente tanto la versión de McDermott como la original de Foreigner entraron en el Top 10 de iTunes. La canción regresó a las listas casi 30 años después de su lanzamiento, una resurrección digna de Lázaro que su creador no podía haber previsto. "Absolutamente", coincide Mick Jones, guitarrista y principal compositor de Foreigner. El rockero británico fundó la banda en Estados Unidos en 1976. "Pensé que lo intentaríamos un par de años, pero seguimos avanzando", dice. Foreigner seguía siendo uno de los más grandes éxitos del género entrados los 80, con más de 80 millones de discos vendidos.

Jones es el único miembro sobreviviente de la banda original. Aunque los solos de guitarra de Jones ya no se escuchan en estadios abarrotados, sus canciones disfrutan una saludable segunda vida.

El año pasado recibió un disco de oro cuando el éxito de 1981 de Foreigner "Juke Box Hero" alcanzó 500,000 descargas. Tras su renacimiento apareció en el musical Rock of Ages, en la serie Glee y en los videojuegos Guitar Hero III y Rock Band. Cuando salió la versión cinematográfica de Rock of Ages, en junio, las ventas de la banda en iTunes se dispararon 400%.

Jones sigue con interés las ventas y la disputa por las licencias. "Las disqueras idearon una serie de trampas en los 70", dice con una sonrisa, "que realmente no eran justas, aunque quizá lo eran en ese entonces. Así que sólo nos sentamos a ver cómo evolucionan las cosas. No estoy seguro si en algún momento nos vamos a involucrar, aún no estoy seguro".

Este año también se activará una sentencia de 1978 que establece que los músicos deben obtener el control de los derechos de autor de sus grabaciones en Estados Unidos después de 35 años. Eso significa que Jones podría solicitar el copyright de los dos primeros álbumes de Foreigner. "Estamos hablándolo, pensándolo. Obviamente, las compañías discográficas tienen sus puntos de vista, y nosotros los artistas tenemos el nuestro", dice con tono equilibrado. Pero después remata: "Te gusta sentir que, en algún momento, el álbum que creaste y pagaste volverá a ti".

El valor de los catálogos

Los rockeros famosos están en una posición difícil. Las descargas reanimaron el valor potencial de sus catálogos del pasado. Sin embargo, el valor de muchos de esos catálogos está vinculado a contratos de grabación redactados cuando las descargas eran un asunto de ciencia ficción.

El abogado neoyorquino de la industria musical Michael Sukin cree que las grandes disqueras probablemente eran conscientes del problema con la situación contractual de las descargas desde el primer momento, "pero, básicamente, lo ignoraron durante años. Y luego no adoptaron una política general para el sector. Cuando llegaron a ello, la situación ya era de sálvese quien pueda. Pero ésa es la naturaleza del negocio de la música, esperar hasta que algo suceda".

La táctica de las disqueras, dice Sukin, es disputar cada demanda caso por caso, confiando en que el costo de la justicia en Estados Unidos disuada a otros demandantes. A su causa le ayuda que no hay dos contratos de grabación iguales. Hay mucho margen para pleitear en los tribunales.

Sin embargo, es probable que el valor de los catálogos digitales aumente si bandas como Foreigner siguen teniendo 500,000 descargas de viejos éxitos que aparecen en películas o en programas de talentos. Seguramente en algún momento será económicamente viable para los músicos pelear por lo que perciben como pagos injustos. ¿Podría una industria de la música progresista y que ve al futuro cambiar los términos de acuerdos anteriores para tener en cuenta las nuevas condiciones?

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"¿Una industria de la música progresista con visión de futuro?", repite Sukin lentamente, como si pronunciara las palabras de un loco. "Éste es un mundo capitalista. Los artistas y las compañías discográficas están en distintos lados de la mesa de negociaciones".

Las viejas formas de vender y comprar música han desaparecido. Sin embargo, las descargas no desecharon la música antigua, sino que la revivieron. Gracias a iTunes y similares, las canciones de décadas anteriores están más disponibles que en cualquier otro momento de la historia. Por otra parte, el ritmo del cambio tecnológico alimenta un apetito nostálgico por esta música. La tecnología creó una pregunta urgente que todavía no tiene respuesta: ¿A quién pertenece el pasado del pop?

UNA ROLA ALEGRE
El negocio de la música vuelve a crecer por primera vez en 13 años. Quizá sea momento de declarar que ya pasó lo peor para la industria de la música. Según los datos publicados en febrero por la Federación Internacional de la Industria Fonográfica, las ventas de música grabada crecieron en 2012 por primera vez desde 1999, aunque sólo 0.3%, a 16,500 millones de dólares.
Internet hundió la industria de la música, pero ahora está ayudándola a resurgir. Las ventas digitales crecieron 9% en 2012 y un tercio de los ingresos del sector proviene ahora de canales digitales. Las tiendas de descargas representan cerca de 70% de los ingresos digitales. Los populares servicios de streaming (reproducción en línea), como Spotify y Deezer, que pagan una regalía cada vez que se reproduce una canción, también han ayudado. Los servicios de suscripción tenían 20 millones de suscriptores de paga en todo el mundo en 2012, 44% más que en 2011. Millones más usan versiones gratuitas apoyadas con publicidad.
El crecimiento de los teléfonos inteligentes hace más atractivo poseer y reproducir música de forma legal. Los smartphones son el tercer dispositivo más popular para escuchar música, después de las computadoras personales y los sistemas de alta fidelidad. Más de 100 países albergan servicios de música digital para descarga y reproducción legal. En enero de 2011 eran sólo 23.
Puede que los ingresos digitales estén en aumento, pero las ventas físicas aún representan la mayor parte de los ingresos, y siguen a la baja en casi todas partes. La facilidad de poseer o transmitir música puede haber ayudado a que la gente rechace la piratería, pero un tercio de los internautas todavía visita sitios sin licencia. Esto puede explicar por qué los ingresos han dejado de caer, pero aún no crecen ni siquiera un punto porcentual. Sin embargo, parece que la industria de la música por fin encontró un nuevo ritmo más boyante.
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