A la mexicana

Ocupamos lugares muy bajos en los rankings de innovación, quizás porque armamos mal el rompecab

 

El 31 de abril se cierra el plazo de inscripción para formar parte de Los 10 emprendedores 2007 de Expansión, en el que junto con Endeavor, Nafin y otras organizaciones seleccionamos una decena de empresarios mexicanos con poco tiempo y mucho potencial en el mercado.

Los editores de la revista acumulamos suficiente experiencia en las tres ediciones previas pero no hemos perdido la capacidad de asombro: por nuestra redacción pasan cada año nuevas patentes, ideas transformadoras, formas de operar mexicanas que muestran una capacidad de innovación no corroborada por los rankings mundiales, donde México ocupa posiciones irrisorias.

No sólo eso. México tiene algunas de las empresas más eficientes de América Latina. Están presentes en la distribución de refrescos y pan, en la fabricación y distribución de cemento, en el financiamiento de vivienda, en la fabricación de refrigeradores o de televisores de pantalla plana, entre otros.

El problema es que nuestra economía no ha traducido estas eficiencias en clusters de crecimiento exponencial. La universidad, el Estado y los empresarios proteccionistas vivieron durante décadas al margen de las necesidades reales de nuestras compañías en cuanto a conocimiento, infraestructura, desarrollo o competencia.

Ante esta realidad, podemos dejar de aspirar a la innovación entendida como el descubrimiento de la piedra filosofal, el chip milagroso, el nuevo Windows. Será mejor comienzo buscar el hallazgo del técnico de planta que ahorra 20% del costo de fabricación de un televisor con un cambio de proceso, el del CEO que rediseña su organigrama o el empresario que se reinventa, como Alfa, de empresa eminentemente siderúrgica a compañía de alimentos y autopartes. Frente a lo posible, lo real.

Nuestras empresas invierten muy poco en investigación y desarrollo (I+D). Podemos llorar o mejor comprender que este error histórico puede corregirse de inmediato, con la misma probabilidad de éxito con la que se decidieron hace una década a entrar en procesos de certificación de calidad o de instalación de un sistema de planeación integral (ERP) durante cuatro años.

Y más que nada: concluir que cientos de empresas de corte mundial establecidas en México no pueden estar equivocadas. No vienen sólo por la mano de obra mexicana, sino por la mente de obra. La innovación no sirve de nada si se piensa en ella como un vehículo para ganar premios (de innovación, de diseño, de tecnología), sino para generar empleos y nuevos modelos de negocio.

Quizá sirva mirar lo que pasó con Apple en EU. No es noticia que se le admire como una innovadora, sino que sea porque ahora le enseña a las grandes cadenas minoristas a vender sus productos de punta. Con sus Apple Stores, la empresa ha creado más empleos en EU que con su iPod.

Un ejemplo de innovación ‘a la mexicana’ es la empresa Ideal, escindida de Grupo Financiero Inbursa, con Carlos Slim para aprovechar el auge de infraestructura de América Latina. Hay liquidez en el mundo para financiar proyectos y un gran déficit de carreteras, tratadoras, desalinizadoras de agua, puertos, infraestructura hospitalaria y de educación...

Lo sorprendente e innovador de Ideal es que tiene siete empleados y 29 subsidiarias; no cuenta con edificio corporativo, su riesgo es mínimo –el que hay, está en el análisis correcto o erróneo al evaluar un proyecto–. Una innovación ‘made in Slim’, cuyas empresas no registran patentes pero son un ejemplo de eficiencia organizativa y de operación. "Lo que sabemos hacer bien es operar", dijo Jaime Chico Pardo a Expansión en la entrevista.Innovación hasta en finanzas personales: cómo garantizar una pensión digna cuando nuestras afores no lo hacen. Ofrecemos cuatro fórmulas. O en filantropía, en cómo pedir dinero para una buena causa.

Por supuesto, en nuestra comprometida aportación a lo nuevo, www.cnnexpansion.com, seguiremos los temas analizados, platicados y radiografiados.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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