¿Por qué no crece la BMV?

Las reformas al mercado de valores no han evitado que la Bolsa mexicana sea cada vez más pequeñ
John Moody

En el curso de un lustro, los legisladores han reformado dos veces la Ley del Mercado de Valores para facilitar que las empresas coticen en la Bolsa y mejorar los derechos de los inversionistas minoritarios. Aun así, este año ocho compañías se retirarán del mercado de valores y es poco probable que lleguen nuevas firmas a cotizar allí.

La razón principal es el alto costo de la regulación y las tarifas por cotizar, así como los elevados cargos que las empresas deben pagar a los intermediarios financieros que las hacen públicas. Hay firmas que tienen que pagar hasta 300,000 dólares a cambio de obtener capital por 10 millones de dólares (MDD). A partir de entonces se ven obligadas a realizar gastos en auditorías, en el pago a consejeros independientes y en presentar informes trimestrales que forman parte de este proceso. Muchas empresas pequeñas que logran pasar todas estas barreras, observan como los precios de sus acciones pronto languidecen debido a que pocos inversionistas se atreven a comprarlas, pues prefieren apostar principalmente por las compañías más grandes.

Encima vienen las regulaciones, la exigencia de transparencia, el aumento del poder de los accionistas minoritarios para exigir que se les escuche, así como la amenaza de multas o hasta acción judicial por infringir cualquiera de las regulaciones. La ley tiene 129 artículos que deben ser memorizados y cumplidos.

“La Ley del Mercado de Valores podría perfeccionarse. En vez de promover, pone muchas trabas y condiciones”, sostiene Héctor Macías, socio de PricewaterhouseCoopers y experto en gobierno corporativo.

De modo que muchos prefieren retrasar el pago a sus proveedores y así financiarse a bajo costo, pedir prestado a un banco o financiar su expansión a través del flujo de efectivo, en vez de buscar socios para crecer.

“El mercado de valores tiene que ser una fuente de financiamiento para las empresas grandes, pero la realidad es que en México no está cumpliendo con esta función”, dice Lorenza Martínez, titular de la Unidad de Seguros, Valores y Pensiones de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). “Tristemente, cada año se deslistan más empresas”, comenta.

Arka, Dixon, Grupo Azucarero México, ECE, Madisa, Parras, PyP y Unefon son las compañías que por reestructura, venta o fusión se retirarán del mercado de capitales, esto significa el desliste de 6% de las empresas que hoy cotizan ahí. Esto hace que un mercado ya pequeño pierda más terreno frente a sus competidores globales. La Bolsa mexicana es muy pequeña en términos de empresas listadas, con sólo 135 actualmente frente a las 379 del mercado de Brasil, 1,600 de Corea y 504 de Tailandia.

Para cambiar esto se requiere efectuar un delicado reequilibrio en este sistema para reducir los requisitos sin sacrificar la transparencia y la certeza para las inversiones. Muchas empresas actualmente sienten que el péndulo se alejó demasiado de ellas.

Hay entre 3,000 y 7,000 compañías en México con ventas de más de 20 MDD al año que podrían cotizar en el mercado de valores, pero menos de 200 de ellas lo hacen. Y esto en una época de oro de la Bolsa, cuyo principal índice creció 435% en los últimos cuatro años. Esto ha dejado al mercado con pocas empresas, entre ellas algunas como América Móvil y Wal-Mart de México, que fácilmente podrían cotizar en la Bolsa de Nueva York.

Las consecuencias de este desbalance para la economía mexicana son enormes. Significa que miles de empresas que emplean a millones de personas están creciendo mucho más lentamente de lo que deberían y están financiando ese crecimiento a un costo más grande.

“Las empresas mexicanas han vivido sin fuentes adecuadas de financiamiento”, dice Fernando Fabre, que dirige una incubadora de empresas llamada Endeavor. Ese organismo tiene bajo su protección a 38 de las compañías de crecimiento más rápido y más exitosas del país en industrias modernas como la biotecnología, así como sectores más tradicionales como la energía y la infraestructura. Ninguna de ellas está considerando cotizar en el Mercado de Valores de México. Fabre asegura que no vale la pena.

Dice que en unos 18 meses, Neology, una empresa que fabrica chips de identificación, pondrá en circulación parte de sus acciones. Sin embargo, lo hará en el mercado Nasdaq, no aquí. Entre los clientes de esta firma están el ejército estadounidense y el gobierno de Arabia Saudita.

“Si yo quiero salir a Bolsa le tengo que pagar al colocador, (y eso) es demasiado caro porque no hay competencia entre colocadores, luego (hay que pagar a) abogados y la diligencia debida”, comenta Fabre.

Lorenza Martínez está de acuerdo y añade que espera que la reforma de 2006 aumente el número de los intermediarios en el mercado, y esto ajuste los precios a la baja.

Los duros requisitos que ahora deben cumplir las emisoras en México tienen una larga historia que se remonta al menos al crack de 1987. Esto dio pie a nuevas leyes que sobre todo tenían el propósito de mantener la estabilidad en el mercado de valores antes que permitir que éste sirviera como una fuente competitiva y ágil de financiamiento para las empresas. En esa época, muchos inversionistas se vieron muy afectados. Muchos de ellos sintieron que las instituciones financieras y las compañías grandes se habían cuidado a sí mismas antes que a sus inversionistas. Ésta también fue la lógica detrás de las últimas dos reformas, que principalmente han buscado proteger los derechos de los accionistas minoritarios. Muchos creen que esta falta de protección ha sido el principal motivo por el que hay tan poca demanda de las compañías más pequeñas.

“Para las empresas medianas que están en el límite inferior (medido en ventas) es muy caro emitir en México”, refiere la funcionaria de Hacienda.

Uno de los problemas principales, además de cubrir el alto costo de cumplir las normas y las regulaciones, es la estructura del sector financiero. Las casas de bolsa más importantes, que son los intermediarios que colocan a las compañías en la Bolsa y que llevan el dinero de los inversionistas al mercado, pertenecen a poderosos grupos financieros que también cuentan con un banco. Estos bancos, a su vez, obtienen buenas ganancias haciendo préstamos a empresas que podrían cotizar en la BMV. Estas firmas pagan tasas de interés más altas que las compañías más grandes. Esto también conduce a conflictos de interés.

El año pasado fue muy bueno para las casas de bolsa. Sus ganancias fueron 52% más altas que en 2005 hasta alcanzar 4,200 millones de pesos, según la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Y aun así, gran parte de esas utilidades las generaron negociando deuda del gobierno y bonos corporativos, ya que sólo 35% de los activos son invertidos en acciones, a pesar de las enormes ganancias que hay disponibles ahí.

Las reformas del año pasado supuestamente facilitaron el establecimiento de pequeñas casas de bolsa, especializadas y no afiliadas a grupos financieros, pero el efecto de esto aún no se ha sentido.

Una última razón para la escasez de nuevas empresas, una opinión compartida por muchos en el sector financiero, es que los negocios mexicanos no tienen la cultura de cotizar sus acciones. Muchas de estas empresas son dirigidas por un patriarca que no quiere ceder el control y cree que no está lo suficientemente protegido.

“Algo se tiene que hacer en México para cambiar la mentalidad de la gente”, dice Macías, de PricewaterhouseCoopers.

Esto subraya el choque de culturas entre los empresarios, que deberían estar introduciendo nuevas empresas al mercado de valores, y el sector financiero, que debería atraerlas.

Por una parte está Fabre, que ve la industria como un problema y rechaza el argumento de la cultura. “Todas las fuentes financieras dicen que no tienen la cultura necesaria, lo hacen sonar como algo genético pero es algo endógeno”, asegura. “Son personas brillantes que han logrado mantener sus empresas vivas en tiempos de crisis y sin financiamiento adecuado”.

Sin embargo, todos están de acuerdo en que hay un problema de fondo. Por un lado, las empresas medianas y pequeñas esperan un entorno bursátil más favorable y amigable, mientras por el otro, el sector financiero y las autoridades quieren que las compañías se sumen al mercado por razones que les parecen obvias. Pero una de estas dos opciones implica tener una visión de largo plazo, y ésa no es la costumbre de los empresarios forjados en tiempos de alta volatilidad, como fueron la década de los 80 y 90 en México.

“Las empresas no piensan en la sustentabilidad, la mayoría de las empresas duran entre tres y 10 años. En Estados Unidos cuántas empresas ves fundadas en 1890, o en 1940. ¿Aquí en México cuándo vemos esto?”, sostiene Macías. “Cuando el patriarca se muere, muere el negocio, cuando ya no hay nadie que te diga: ‘mueve un dedo’”.

Parte del problema, según Hacienda, es la forma en que se hicieron las reformas. La primera se realizó a gran velocidad porque el gobierno entrante de Vicente Fox quería aprovechar su victoria para sacarla en los primeros 100 días de la administración. Y la segunda se complicó justamente porque se vieron afectados intereses en el sector financiero que lograron un cabildeo fuerte.

Un resultado de esto fue un sistema que sigue siendo opaco de muchas maneras y difícil de entender para los que están afuera. Por ejemplo, aún puede ser un problema el comercio interno con el uso de información privilegiada o las compañías que no ofrecen a los inversionistas información relevante de una forma oportuna. No obstante, se sabe poco al respecto y sobre lo que ocurre.

De acuerdo con el sitio de internet de la CNBV, las sanciones aplicadas a instituciones financieras por romper las reglas en 2006 aún no se han dado a conocer. En 2005, al menos cuatro empresas, Wal-Mart, Jugos del Valle, Grupo Corvi y Coppel, fueron multadas por no ofrecer información clara al mercado. Cada una tuvo que pagar 17,640 pesos, lo que apenas constituye un castigo simbólico para estas grandes compañías.

La multa más alta que encontró Expansión fue de 382,398 pesos contra Pablo Escandón Cusi, por comercio irregular por parte de un accionista principal de G Acción, otra compañía que ya no cotiza. Y el caso contra Ricardo Salinas Pliego por engañar a los accionistas sobre las ganancias de una operación de deuda, que fue resuelto con una multa multimillonaria en Estados Unidos, continúa sin resolverse en México.

En 2005, sólo dos casas de bolsa fueron multadas por irregularidades: Ixe y Multivalores.

Esta clase de incertidumbre y la sensación de que el sector financiero no está operando de forma justa es otra parte de la brecha cultural con los negocios.

Por otra parte, los mercados están tratando de cambiar esta percepción. Y la nueva ley que apenas entró en vigor en 2006 y contiene definiciones más precisas sobre los delitos administrativos y los delitos graves, según Lorenza Martínez. Esto puede facilitar la imposición de la ley.

La Bolsa también está tomando medidas para atraer nuevos participantes mientras ve que el número de empresas que cotizan desaparece lentamente. Subsidia a compañías menores que quieren cotizar, ofreciendo pagar hasta 50% de los costos relacionados con la preparación necesaria para cotizar. Y en el primer año no les cobra los derechos por cotizar en la Bolsa.

También hay propuestas para hacer las regulaciones y los requisitos menos onerosos, apunta Macías, como reducir el número de consejeros independientes que debe tener una empresa.

Si las cosas mejoran, los empresarios y las compañías de capital privado empezarán a ver a la Bolsa como una mejor opción y los empresarios comenzarán a comportarse como lo hacen en otros países.

“En Silicon Valley, desde el primer día te preparas para la Bolsa con consejeros independientes”, dice Fabre.

Para muchos, éste es el típico problema de no saber qué va primero, si el huevo o la gallina. Para Fabre, en el caso del mercado de valores mexicano, este dilema es falso, “antes que nada, hay que preparar el nido”.

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