Al borde del precipicio

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Lorenzo Zambrano vive en el riesgo, y lo ha convertido en su ambiente natural de operación. Desde la adquisición de la cementera española Valenciana, en 1992, (y antes, con alguna que otra operación a espaldas del Consejo) rompió con todas las convenciones vigentes hace 15 años. Primero, por su desafío a rivales mucho mayores, asentados en grandes economías. Segundo, porque a diferencia de otros compañeros de aventura, tuvo éxito a pesar de endeudarse por encima de lo que se suponía eran sus posibilidades.

Cuando Cemex anunció en octubre su intención de adquirir a la australiana Rinker por 12,800 millones de dólares, los analistas volvieron a llevarse las manos a la cabeza. Una nueva locura de Zambrano, que –parecemos olvidarlo– en 2004 engulló a la británica RMC en un abrir y cerrar de ojos, con ahorros logrados con sinergias nada despreciables.

Zambrano y su equipo más cercano dan en estas páginas de Expansión algunas ideas (poco antes de presentar la oferta sobre Rinker) de cómo Cemex se convirtió en una máquina de crecimiento y creación de valor basado en decisiones arriesgadas. La clave: una disciplina férrea en su modelo de gestión, replicando allá donde llegan sus plantas, los valores de la compañía. También, como queda reflejado en el reportaje, con un gran sacrificio personal de todos sus ejecutivos, esto es, con mucho trabajo.

Existen valores básicos que se pierden en el día a día de las organizaciones. Uno de ellos, la disciplina, es lo que está recuperando la constructora ICA, rescatada de entre escombros en 2003 gracias a un empujoncito de Carlos Slim. Su oferta en la licitación del proyecto de la presa La Yesca fue tan prudente que la compañía quedó en segundo lugar, 100 MDD arriba del postor más bajo (la licitación quedó desierta por razones técnicas).

Aunque su portafolio de obras por venir mengua cada mes que pasa, la empresa de Bernardo Quintana no se la juega si los números no cuadran. Opta por un modelo de gestión financiera sólido, por regresar a sus cuarteles y preparar su crecimiento sobre bases firmes. En otros tiempos, cuando el holding ICA emitía deuda no respaldada por ingresos o proyectos y la compañía se lanzaba a toda licitación parecía seguir el modelo Cemex, pero en realidad cavaba su crisis. Hoy aprendió que el riesgo necesita una plataforma robusta para crecer.

Es oportuno que este número de Expansión, donde hay tanta historia relacionada con el riesgo –por ejemplo, los que toma la industria farmacéutica para crear nuevos medicamentos –, salga de las rotativas apenas un par de días previo al inicio de un nuevo sexenio.

Felipe Calderón, con su ‘destape’ en Jalisco, se plantó en un terreno donde que tenía todo en contra. Después ganó en la elección interna al candidato oficial de su partido. Finalmente, venció a un rival que todas las encuestas situaban muy por delante. Es un ejemplo de lo que se llama asumir riesgos y remontarlos.

El sexenio que termina, titubeante y rico de errores políticos, obliga a cuestionar si la aplicación de la gestión empresarial a la administración pública arregla por sí misma los problemas. Independientemente de esto, nunca sobran las ideas que valen la pena. Nadie como quienes generan miles de empleos y toman decisiones de millones de dólares para ofrecer un buen consejo. Por eso solicitamos a varios de los más importantes empresarios de México un consejo de gestión para el nuevo presidente.

El Calderón presidente no tendrá más remedio que seguir asumiendo riesgos, pero ya no relacionados sólo con su carrera política sino con el futuro del país, ese México 2030 que siempre se escapa. Muchos serán los problemas y poco el tiempo.

Será necesario una administración disciplinada y eficaz, respaldada por un buen equipo, sugieren los empresarios que han afrontado el riesgo con éxito. Sin duda, la competitividad de México requiere de un gobierno eficiente que incentive la creación de empleos, el crecimiento de empresas y emprendedores. A todos nos va mucho en ello.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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