Es nuclear…

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Volver a los 80

Cuando hace algunas semanas más de 100 embajadores se reunieron en las Naciones Unidas para recordar los 50 años de sus demandas energéticas y de mantener en equilibrio las armas globales, los organizadores se sorprendieron con la ambiciosa agenda que traían entre manos.

Una cantidad sin precedentes de países querían que la Agencia Internacional de Energía Atómica respaldara su avidez de energía nuclear.

En el primer intento en décadas por generar más energía de este tipo (y lo que algunos incluso llaman ‘el renacimiento nuclear’), algunos países como Egipto, Polonia, Nigeria y Vietnam expresaron durante la reunión anual de la Agencia Internacional su interés en esta alternativa energética.

Los detonadores de esta tendencia son el elevado precio del petróleo, la evidencia del calentamiento global y, lo más significativo: el nuevo –y provocativo– debate sobre la creciente lucha de las potencias mundiales por evitar que los usos de tecnología nuclear y el conocimiento tecnológico en sí mismos, caigan en las manos equivocadas.

Un caso cercano es Corea del Norte, que hace algunos años huyó del tratado de no proliferación nuclear, ideado para garantizar los usos pacíficos, y en el mes de octubre realizó una prueba subterránea con armas nucleares.

Irán, que ocultó por años sus logros de enriquecimiento de uranio, también está en un compás de espera con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con respecto a su derecho de dominar el ciclo de combustible.

Aunque ese país insiste en que busca el enriquecimiento para abastecer a las centrales eléctricas, las potencias occidentales sospechan que Irán tendría ambiciones similares a las de Corea del Norte y pudiera estar trabajando en mejorar el proceso de combustible para usarlo en la creación de armas.

Mohamed ElBaradei, director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica, estima que, a corto plazo, al menos 30 naciones podrían tener tecnología para producir en el futuro armas nucleares. En una conferencia sobre proliferación nuclear, el funcionario dijo (sin mencionar a ningún país en particular) que se estaba desarrollando un grupo base de estados con nuevas armas.

Estas naciones podrían estar ocultando sus intenciones a través del desarrollo de programas de energía civil, pero que podrían transformarse luego en programas armamentistas.

Mercado para el uranio
Las disputas contra Irán y Corea del Norte han complicado los temas vinculados con la energía nuclear, pero también han esclarecido el modo en el que las demás naciones tendrán que presentar sus pedidos de uso pacífico de la misma.

Mientras que Irán está intentando enriquecer su propio uranio, otros países consideran que la producción de combustible es una misión muy ardua y costosa. Ellos quieren que el combustible para sus plantas energéticas provenga de la compra de uranio enriquecido a otros proveedores como Rusia, Francia, Estados Unidos y un consorcio que incluye a Gran Bretaña, Holanda y Alemania.

“Esto es seguridad energética”, afirma Jacek Bylica, embajador de Polonia en las Naciones Unidas, al hablar sobre las opciones que se debatían con ElBaradei. “Nos parece que para nosotros es mucho más seguro tener fuentes de energía independientes, sin confiar solamente en los abastecimientos externos de gas y petróleo”.

El interés en la energía nuclear civil floreció en los últimos dos años cuando los países evaluaron sus propias proyecciones de demanda de energía a largo plazo y comenzaron a explorar esa opción con un entusiasmo que no se veía desde los años 70.

Hoy, 17 de las 28 plantas nucleares que se están construyendo en el mundo están en Asia, una de las regiones más preocupadas por el tema energético.

Memoria frágil
El paso del tiempo ha sido un factor clave que alejó los fantasmas de los accidentes en plantas nucleares como el de 1979 en la Isla Three Mile (Estados Unidos) y de 1986 en Chernobyl. Los analistas están convencidos de que las reformas emprendidas tras estos hechos fatídicos, aumentaron los márgenes de seguridad.

El gobierno polaco se atemorizó tanto con el suceso en Chernobyl, que desechó un reactor nuclear listo para ser instalado y lo vendió a Finlandia a mitad de precio. Veinte años después, ya como miembro de la Unión Europea y la OTAN, Polonia está reconsiderando seriamente la idea de instalar sus propios reactores.

Egipto, que apoyaba la investigación nuclear en la década de los 70, también dejó su trabajo sin efecto después de Chernobyl. Pero a medida que bajan las reservas de gas y petróleo (y la demanda de electricidad aumenta a un promedio de 7% anual), el país africano también estudia la construcción de plantas nucleares, aunque no tiene planes de enriquecer uranio. Para los egipcios, la disputa entre Irán y el Consejo de Seguridad es un ejemplo aleccionador.

“Japón y Brasil están a punto de lograrlo”, dijo el embajador egipcio ante la ONU, Ramzy Ezzeldin, al refrerirse a los esfuerzos de ambas naciones por producir uranio enriquecido.

La gran pregunta es cómo van a conseguir insumos estos reactores si por cuestiones políticas se desestabilizan los abastecimientos. En septiembre, durante la conferencia general de la Agencia Internacional de Energía Atómica, la Nuclear Threat Initiative, una fundación con base en EU que busca la reducción del riesgo nuclear, se comprometió a destinar 50 MDD para crear reservas de uranio como resguardo para los países que optan por no producir su propio combustible nuclear. La intención oculta tras esta acción altruista es simple: mientras menos sean los países que producen combustible, menores serán los riesgos.

El compromiso, respaldado por Ted Turner, de CNN, el ex senador Sam Nunn y el empresario Warren Buffett, permitiría a la Agencia Internacional determinar las condiciones de acceso al uranio. El banco de combustible es una de las aproximadamente seis propuestas que surgieron este año mientras las naciones intentan reforzar los perímetros de seguridad. “Estamos buscando un nuevo paradigma para que aquellos que recién ingresan a este mercado no se sientan obligados a seguir sus propios programas de enriquecimiento nuclear”, dijo Charles Curtis, ex subsecretario de Energía de EU y presidente de la fundación.

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