El costo de crecer

A pesar de su popularidad, los seguros para estudios son más caros que otras opciones.
Lourdes González

Convencido de que el mejor legado es una educación de calidad, que les permita competir en un mercado global, en 2000 Agustín Díaz contrató tres seguros que le ayudaran a pagar los gastos escolares cuando sus hijos llegaran al nivel profesional.

Desde entonces, Agustín y su familia han limitado los gastos en vestido, esparcimiento, ni pensar en mejoras en la casa y mucho menos en cambiar el automóvil. El objetivo: tener el dinero que les permitiera pagar una carrera profesional en alguna de las mejores escuelas privadas del país.

Hoy Agustín está a punto de cobrar su primera póliza: 20,000 dólares de una SeguBeca, de Seguros Monterrey. Ese dinero, si bien no le alcanzará para cubrir el total de los gastos de la educación superior de su hijo mayor (también llamado Agustín), aligerará el pago de colegiaturas de la Licenciatura en Hospitalidad, en la Universidad Iberoamericana. A Agustín le alcanzará para solventar el costo de las colegiaturas entre cuatro o cinco semestres, pero falta por cubrir gastos accesorios, prácticas, materiales, en fin. Las proyecciones se quedaron cortas, admite, pero no pudo comprar una póliza más alta porque su nivel de ingresos no lo permitía.

A Fernando Perches, diseñador de 41 años y con una hija de cuatro, sí le alcanzó para una póliza más alta, cercana a los 30,000 dólares. Durante 16 años (hace dos que la contrató) pagará una prima de casi 30,000 pesos anuales. Esto es demasiado caro, según representantes de fondos de inversión, porque con ese dinero podría obtener rendimientos mucho mayores en ese plazo, y también habría alcanzado para pagar un seguro de vida.

En México existen varios seguros para la educación de los hijos, programas de inversión educativa a futuro y esquemas de inversión a mediano y largo plazo; en dólares, udis o pesos. Algunas escuelas ofrecen la compra de certificados de pago anticipado.

Sólo en 2006 se habrían entregado más de 30 millones de dólares a 1,900 jóvenes beneficiarios del primer seguro educativo creado en México: SeguBeca, de Seguros Monterrey New York Life, compañía que contabilizó más de 90,000 pólizas de este producto en dicho año.

En el caso de Agustín Díaz, el pago de los seguros de educación llegó a representar 45% de los ingresos familiares (de él y su esposa) durante los últimos siete años.

Leticia Rosales, agente de Seguros Monterrey, con cerca de 19 años de experiencia en el mercado, afirma que en los últimos años se ha desarrollado una cultura de ahorro y refuta los argumentos de que SeguBeca no alcanza para cubrir 100% del costo de la preparatoria o la licenciatura: es el cliente el que, de acuerdo con sus ingresos y su planeación, debe definir si quiere un apoyo para la educación de sus hijos o un esquema que le garantice el pago total del esquema educativo elegido.

Alternativas
Jorge Pérez Sámano, director de Asset Management de BBVA-Bancomer, plantea que algunos seguros de educación se convierten en camisas de fuerza, porque fijan montos y plazos de pagos de primas y no regresan el total del ahorro en caso de que se cancelen anticipadamente. En cambio, dice, los fondos de inversión son una mejor opción para el ahorro a corto, mediano y largo plazo.

"En un seguro para educación te limitas a un fondo rígido que no conoces (instrumento de deuda donde no se pone en riesgo la inversión y da una comisión X), mientras que en los segundos tú mismo puedes crear tu portafolio de inversión", dice el funcionario de BBVA-Bancomer.

Asegura que hay fondos básicos que pueden dar 10% de rendimiento neto real al año, "no creo que ningún seguro de educación al término del plazo contratado dé estos resultados".

A Fernando Perches no le convence la ventaja en rendimientos. "A lo mejor estaría ahorrando más si fuera por mi parte, pero como buen mexicano no lo voy a hacer. Con el seguro te estás forzando a ahorrar". Reconoce que si cancelara el seguro en los dos primeros años no tendría derecho a que le regresaran las primas que ya pagó.

Sámano advierte que con un fondo de inversión se puede retirar el dinero con mayor facilidad, sin los castigos que imponen los seguros.

Alejandra Hernández, profesora de primaria que contrató tres seguros, dejó de pagar dos y ya no recuperó gran parte de lo que había ahorrado. Ahora dice que si hubiera hecho algunos sacrificios extras podría haber terminado el compromiso y conservado el dinero.

Susana Jiménez, directora de Producto de Educalife de MetLife, defiende: "Los seguros no son para hacer millonarios a nadie, sino para prevenir, con la conciencia de que sea algo que puedan afrontar, porque es indispensable, pero no tiene que significar un sacrificio para la familia". Recomienda que se destine no más de 15% del presupuesto familiar a su pago, para no caer en incumplimientos.

Enumera las ventajas de EducaLife sobre otros seguros educativos en el mercado: es un producto más flexible, permite crear pequeñas metas y ahorros diferenciados para cubrir eventos en el camino.

La lección de los seguros puede ser ésa: tienen que contratarse de acuerdo con las metas de la familia. Y si se trata de invertir para el futuro, hay que ver otras opciones.

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