Maximilian Riedel, el heredero rebelde

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Pilar Pedroza

El presidente de Riedel América tiene 29 años. En su primera visita a México viste riguroso traje oscuro y corbata rosa pálido, lo que recuerda sus recientes creaciones destinadas a recaudar fondos para apoyar a la organización Living Beyond Breast Cancer, que ofrece atención a las víctimas del cáncer de mama. Maximilian es célebre por su diseño de la línea “O”.

¿Cuál es la historia detrás de la copa “O”?
La diseñé en 2002. Vivía en un departamento pequeño, por lo que necesitaba algo práctico, no sólo para tomar vino todos los días, sino que no ocupara mucho espacio y que pudiera meter en la lavaplatos. Mi abuelo creó el concepto de las copas Riedel. Él decía: “¿Qué tan largo tengo que hacer el tallo para que la gente entienda que por ahí es por donde hay que sostener la copa?”. Y yo me frustraba en Estados Unidos, donde todos toman la copa por el cáliz. Así que dije: “Olvidémonos del tallo”. Otra razón me la dio uno de mis mejores amigos, quien es barman en Nueva York. Me dijo: “Ustedes hacen mucho por el vino, pero no hacen nada por los bares”. Ellos no pueden trabajar con copas demasiado frágiles y caras.

¿Qué me puedes decir de la nueva copa de champagne, la Riedel “O” Pink?
Fue un reto. Mi padre dijo: “Tú diseñas y yo también, y la mejor sale al mercado”. Obviamente, su diseño fue más bonito. Salió en octubre en edición limitada de 100,000 piezas, en color rosa. Para el lanzamiento se organizó una cata con donaciones de las casas más importantes de la región de Champagne. Este año donaremos más de 100,000 dólares. Mi abuelo revolucionó la manera de tomar vino y ahora hacemos estos diseños casuales y divertidos, pero en los que aún lo más importante es que el champagne huela y sepa como debe.

El toque rosa también va contra las reglas…
Necesitábamos el rosa en alguna parte, así que coloreamos el fondo. Es una copa divertida y la idea principal era recabar fondos. Obviamente va en contra de la filosofía de Riedel, pero es por una buena causa.

¿Siempre quisiste ser parte del negocio familiar?
Crecí en Austria y estudié Administración de Empresas. A los 16 años fui a Murano a aprender la fabricación del cristal, y también trabajé en nuestras fábricas. A los 17 mi padre me envió a Pomerol a aprender sobre la industria del vino, y luego fui a vendimiar a Château Petrus. Más tarde trabajé para Taittinger y poco después estuve en París, trabajando para Riedel. En el año 2000 llegué a Estados Unidos, donde ya teníamos 25 años en el mercado. En ese entonces se vendían unos 16 millones de dólares. Cinco años después la cifra alcanza los 60 millones y mi plan es incrementar las ventas a 100 millones durante los próximos tres años. Con las otras dos marcas adquiridas el año pasado, Nachtmann y Spiegelau, estaremos vendiendo en total alrededor de 400 millones de euros al año.

¿Son el mayor fabricante de cristal del mundo?
Tal vez el mayor fabricante de copas. En cristal probablemente seamos el tercero. Tenemos dos fábricas en Austria, donde todo se hace a mano, y cinco en Alemania, donde se trabaja con máquinas. No hacemos nada en Asia, de lo cual estamos orgullosos.

¿Tienes una relación cercana con los vitivinicultores, igual que tu padre?
Sí, por todo el mundo, especialmente con la siguiente generación, que es la mía. Siempre hacemos las copas con la ayuda de sommeliers y vitivinicultores, también por eso son un poco más caras. La competencia sólo las copia. La industria del vino está floreciendo, al contrario de la de los artículos para mesa, que está a la baja. Mi padre es un genio. En los 80 dijo que debíamos estar más relacionados con la industria del vino que con la de la mesa, porque aquella tenía un futuro más brillante. Y tenía toda la razón.

¿Cual es el motivo de tu visita a México?
Vine a conocer el mercado y su potencial. Dirigí siete catas, y es la primera vez que pruebo el vino mexicano. Me gustó mucho, pero estoy impresionado: ¡sólo hay 30 bodegas en Baja California!

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