Etanol, respuesta clave

La producción de etanol, como combustible, es ya una necesidad para México.
Julio Faesler

Durante décadas, un conjunto de políticas desacertadas contribuyó a que no hayamos dado importancia a tiempo, como en otros países, a la producción de biocombustibles. Pero cada vez más, esto se vuelve una directriz inevitable. A los imperativos ecológicos ahora se suma el espectro de reservas petroleras en disminución junto con el elevado gasto que hacemos para importar gasolinas.

La Dirección Corporativa de Finanzas de Pemex dijo, en octubre de 2006, que la paraestatal pagaría al cierre de ese año 8,670 MDD por importación de productos petroleros de los que 70% es gasolina, cuya demanda crece 4% anualmente.

Aun cuando Pemex es copropietaria junto con Shell de la refinería Deer Park, ubicada en Houston, ello no quita la sangría de divisas que la importación del combustible representa al país y que agrava la crítica situación financiera de la empresa petrolera.

Si como en EU usáramos una mezcla de 10% de etanol con 90% gasolina, tolerable para los motores normales, bajaríamos nuestra factura de importación de gasolina.

Durante su visita a Brasil, George W. Bush estableció una alianza con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva para que el país sudamericano provea de etanol a EU para complementar sus gasolinas. Pero no eliminó el arancel a su importación, que hoy cobra 54 centavos por galón.

El mandatario estadounidense señaló en Brasil la “necesidad de reducir en 20%, en 10 años, el consumo de combustibles fósiles” con el fin de elevar la utilización de combustibles alternativos “a 30% para 2017”. Eso implica casi septuplicar el uso del biocombustible, e incrementa la demanda de etanol de 20 millones de litros anuales, a 132 millones.

En EU, el etanol usualmente se obtiene del maíz como materia prima. Esto ha venido a encarecer el grano dando muy atractivas perspectivas para los agricultores estadounidenses que reciben fuertes subsidios para cultivarlo.

Pero una de las razones por las que el gobierno de Bush impulsa la sustitución de combustibles fósiles por el biocombustible procedente del maíz, se debe al ahorro que el fisco obtendrá al no tener que destinar más apoyos a los agricultores cuyos mayores ingresos les llegarán vía el mercado.

Nuestro caso es distinto. La caña de azúcar es un cultivo en el que tenemos ventajas de clima y tierras. Abrir a los cañeros un nuevo horizonte de precios atractivos, podrá resolver las recurrentes crisis. Produciendo etanol de caña se absorberá el excedente de producción, de alrededor de un millón de toneladas, que anualmente no se consumen en nuestro mercado interno.

Confusiones en la industria azucarera, problemas laborales y el poco entusiasmo de Pemex, contribuyeron a que el país no avanzara como era debido. No hemos mejorado los rendimientos por hectárea ni de maíz ni de caña a niveles internacionales. Otros países, como Brasil que celebra 30 años de su Programa Proalcohol, sí han dado pasos firmes.

Desde hace varios años existen plantas de etanol partiendo de la caña de azúcar. En 2002-2003 destilamos 40 millones de litros. Producir etanol nos liberaría de la necesidad de salir a los mercados internacionales, altamente competidos, en busca de compradores, y a la vez reduciría o eliminaría la importación de gasolinas.

Cubrir nuestra demanda de gasolinas y biodiesel con etanol servirá también para mantener nuestro ritmo de exportación petrolera, en el caso de que enfrentemos la anunciada disminución de reservas.

Es preferible destinar a los cañeros los aumentos de precios que ya se registran en las materias primas agrícolas, susceptibles a producir etanol, que a continuar dirigiendo fondos fiscales en programas sociales.

La ironía es que Destilmex y Zucarmex-Cargill y la mayoría de las refinerías que se proyectan en México para producir etanol, procesarán maíz del que somos deficitarios.

El autor fue embajador de México en India
Comentarios: julio.faesler@expansion.com.mx

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