Como en casa

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Tatiana Maillard

Bretaña, una provincia del noroeste francés, es famosa por ser tierra de marineros, sus costas salvajes y por ser el origen del mago Merlín. Pero ahora también se le conoce por sus cuartos de huéspedes, una tendencia que crece como la espuma.

Hace una década había 12,000 cuartos de huéspedes en toda la campiña francesa, actualmente hay 34,600 registrados oficialmente y se estima extraoficialmente que podrían llegar a 120,000.

Del total, unos 10,000 se ubican en Bretaña, y están dominados por cinco cadenas: Gîtes de France, Clévacances, Accueil Paysan, Fleurs de Soleil y Bienvenue au Château.

La ventaja competitiva de las casa de huéspedes, explica el dueño de una de estas cadenas, es que “a diferencia de la hotelería, uno se siente como en su casa”, pues cada vez más turistas buscan “autenticidad y calor humano”.

En temporada alta, cada cuarto cuesta hasta 100 euros (129 dólares), pero el promedio es de sólo 49 euros (63 dólares), un precio 35% superior al de hace cinco años, pero que está por debajo de un hotel clásico.

El éxito de este fenómeno generó en 2004 una cifra de negocios de 173 millones de euros (223 MDD). Cada año se habilitan entre 1,000 y 1,200 nuevas ‘recámaras’ y sólo 2% de quienes se aventuran, fracasan.

También hay competencia desleal: familias que rentan su casa en vacaciones, mientras se instalan en un camping car. Claro, la higiene y el servicio dejan mucho que desear.

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