Fuera ropa

La mudanza de textileros a Centroamérica ya empezó, la industria de la confección teme quedar d
Los industriales textiles demandaron también mayor financiam
Roberto Morales

La fibra de algodón de El Salvador se convierte en hilo en Honduras, se transforma en tela en Guatemala, en pantalón en Costa Rica y, finalmente, éste es vendido en Estados Unidos sin pagar un céntimo. Este nuevo modelo de producción funcionará a bajos costos y cero arancel para toda Centroamérica y República Dominicana desde los primeros meses de este año.

El Tratado de Libre Comercio firmado por esos cuatros países, EU y República Dominicana (CAFTA-DR, en inglés) ya está desplazando inversiones estadounidenses, mexicanas y coreanas hacia el sur del río Suchiate.

Mayer Zaga, dueño de Grupo Industrial Zaga (GIZ), ya se alistó. Este año invertirá 40 MDD en una fábrica de telas en algún lugar del istmo. “No hay duda de que tenemos que estar en Centroamérica”, comenta Zaga cuyo grupo –que lidera desde 2003 la proveeduría de textiles y prendas de vestir en EU– comenzó a vender en China su línea de ropa interior Vicky Form.

Otras mexicanas también seguirán el camino de sus compradores. “Varios de nuestros clientes se están instalando en Centroamérica”, señala Gilberto Figueroa, director de Proyectos de Compañía Industrial Parras. Eso provocó que destinaran 30 MDD en Guatemala para producir un millón de metros lineales de tela de mezclilla este año.

Por décadas subestimada debido a la falta de infraestructura logística, Centroamérica ahora está atrayendo incluso inversionistas de países que no son vecinos. El caso más destacado es la estadounidense International Textil Group (presente en México a través de su filial Cone Mills Corporation) que, desde julio pasado, opera una planta de mezclilla en Nicaragua que le costó 100 MDD y se espera que genere 12,000 empleos en total cuando trabaje a su máxima capacidad. También a mediados de 2007, la coreana CS Central America –con plantas en EU– inauguró una fábrica de texturizado de hilaza de poliéster y nailon en El Salvador, con una inversión de 12 MDD.

La ‘fuga’ de inversiones mexicanas hacia el istmo sucede luego de negociaciones, sin éxito, entre el sector textil y de la confección sobre política arancelaria. “Hay intereses totalmente opuestos”, comenta Xavier Antoni, director general de Edoardos Martin, que opera dos fábricas de telas y dos de prendas en México. El sector del vestido ha pedido insistentemente que se eliminen los aranceles a la importación de telas de cualquier parte del mundo, incluida China, enfrentando con ello la resistencia obvia de los textileros.

“No hay un suficiente esfuerzo de ambos sectores para fortalecer la cadena”, agrega Juan Manuel Martínez, asesor de la Cámara Nacional de la Industria del Vestido (CNIV).

El nuevo TLCAN
Hace 15 años, sucedió algo similar. Por el TLC firmado con México muchas compañías estadounidenses se mudaron a este país en busca de los bajos costos laborales y la eliminación de barreras al comercio.

Una de ellas fue Cone Mills Corporation, que cerró sus operaciones en EU y creó una empresa con Compañía Industrial Parras. Con el paso del tiempo, la dura competencia china dejó en quiebra a la estadounidense (que fue adquirida por International Textil Group) y su socia mexicana (que casi entra en liquidación) fue capitalizada en 2006 por Grupo Ferrominero (controlador de Minera Autlán).

 “Los países centroamericanos están dando fuertes incentivos a la atracción de inversión extranjera”, comenta Simón Feldman, presidente de la CNIV. Nicaragua, por ejemplo, no les cobra impuesto sobre la renta en sus zonas de libre comercio, impuestos municipales, predial, ni impuesto a la importación de maquinaria y equipo utilizados para la exportación. En general, Centroamérica y República Dominicana exigen menos regulaciones ambientales y un menor costo de mano de obra que México.

“El CAFTA es la mayor ventaja competitiva de Centroamérica”, admite Luisa Fernández, directora ejecutiva del Consejo de Zonas Francas de Exportación de República Dominicana. Ella misma ha contactado a firmas mexicanas –entre ellas, a Grupo Industrial Zaga– en México y en la capital dominicana, para atraer inversiones.

Para la industria textil y de la confección, el CAFTA tiene mayores ventajas que el TLCAN. Una de ellas es la acumulación de origen que permite a las centroamericanas importar telas de México y Canadá y fabricar prendas de vestir que estarían exentas de aranceles en EU.

Rafael Zaga, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Textil (Canaintex) y director general de GIZ, cree que esa ventaja permitiría a México exportar 250 MDD en telas diversas –como la mezclilla– a Centroamérica durante este año y duplicar ese monto en 2009. “El mecanismo (acumulación de origen) se negoció a iniciativa del gobierno mexicano”, advierte Regina Gardara, directora de Relaciones Gubernamentales de Kaltex, una de las líderes del sector textil nacional.

Sálvese quien pueda
Los empresarios mexicanos de la confección, ya de por sí agobiados por la competencia china, viven otra realidad. Las nuevas ventajas obtenidas por sus vecinos del sur podrían achicar aún más su planta productiva.

“Enfrentamos una grave situación”, admite Feldman, de la CNIV. El organismo calcula que de los 380,000 empleados en el sector de la confección, se perderán 25,000 plazas este año y otras 75,000 para 2010.

De acuerdo con la CNIV, varias plantas que producen pantalones y camisas cerraron en los últimos meses o estarían por hacerlo. Se cancelarían 2,000 empleos en las fábricas de Vanity Fair, Alf Manufactury, GAP, Pacsun, Argus y Tramex. Esta sangría no es nueva. En los últimos siete años, las firmas de la confección registradas en el IMSS pasaron de 14,049 a 10,000.

Por eso no sorprende la caída anual de 18.9% en las exportaciones de enero a septiembre pasado respecto de 2006, ni la baja en la Inversión Extranjera Directa, que pasó de una media anual de 150 MDD en 2002 a 76.9 MDD en los primeros tres trimestres de 2007, con fuerte presencia estadounidense y una notoria ausencia europea.

Para seguir en pie, a la industria mexicana del vestido no le quedan más que estrategias defensivas. Ya negociaron la reducción de 40% promedio las tarifas eléctricas en horas pico y empujaron la creación de una base de precios mínimos de importación de textiles que dispondrán las aduanas para combatir la subvaluación de importaciones. También textileros y confeccionistas se han unido para defender la imposición de cuotas compensatorias a China.

Mientras tanto, el gobierno intenta, sin éxito, promover a México entre las compañías de textiles europeas. Las inversiones españolas, que en 2001 y 2002 llegaron a ser de 23 y 10 MDD, se redujeron a un millón promedio en los últimos cuatro años. El argumento mexicano es que, instaladas aquí, pueden llegar a EU con el mismo modelo que aplican hoy en Europa, además de transferir conocimiento e inversiones.

Y es que, a pesar de todo, México tiene potencial en los segmentos de mercado en donde la proximidad tendrá un valor: producciones más reducidas de artículos de vestir de moda rápida (basada en cambio de colores, estampados o aplicaciones pero no de diseño) y difíciles de planear.

Las fábricas de telas podrían quedar en la historia. La CNIV cree que aún hay suficiente proveeduría, pero si hubiera un auge de inversiones a Centroamérica, algunas telas producidas regionalmente, como la mezclilla, podrían escasear y subir de precio.

“La industria de la confección se morirá si no cambiamos el enfoque; la clave no está en el producto sino en el concepto”, dice Mauricio Olvera, dueño de Gripho, fabricante de jeans en México.

Su estrategia fue reducir y diferenciar la oferta. En 2007, Gripho vendió 40 MDD (40% menos que el año anterior), pero se enfocó en ropa con concepto, como su marca de playeras Contrachina, de la que fabrica 15,000 unidades a la semana y hace cambios de telas y diseños cada mes. “Achicamos la producción, porque bajamos los gastos y revaluamos la marca”, afirma Olvera. “Si toda la industria no entra en esta nueva dinámica, ahora sí no vamos a salir de ésta”.

Otras empresas, como Edoardos Martin, no están tan preocupadas por lo que pase en Centroamérica. A diferencia de Gripho, fabrica desde pantalones y jeans hasta polos y camisas para mujeres, hombres y niños.

“No es atractivo movernos para allá”, asegura su director general, Xavier Antoni. Su cálculo es que si mudara una de sus cuatro plantas al istmo lo que ganaría por mano de obra e incentivos lo perdería por los mayores gastos en controles, transporte y supervisión.

En 2007, sus plantas produjeron 3.5% más de prendas de vestir (2.5 millones) y redujo su producción de telas en 5% (tres millones de metros cuadrados), pero parte de este último renglón –telas para cortinas y cojines– lo exporta a EU.

Otras marcas mexicanas también se han posicionado en EU, como la ropa femenina Maringo, la lencería Ilusión y los uniformes industriales BHP. “Sí hay futuro en México para aquellas que sepan en dónde y cómo competir”, concluye Martínez, asesor del sector. El CAFTA no hizo más que acelerar lo que venía sucediendo desde hace al menos una década. A partir de ahora, la ropa se coserá en otra parte.

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