Ayuda divina

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Gustavo Grimaldi / Buenos Aires

Eran las 5:30 de la madrugada, cuando los ocho hombres de traje entraron al salón de fiestas. El disc jockey paró la música tecno, y los 20 jóvenes bonaerenses que quedaban en el salón, con vasos de champaña en mano, rogaron para que reanudara la marcha. Pero no tenía caso. Los ángeles guardianes habían llegado para conducir al grupo de trasnochados, a bordo de sus autos particulares, de regreso a sus casas.

Esos ocho conductores trabajan para la firma argentina El Ángel Guardián (www.elangelguardian.com.ar), que desde hace casi un año ya hace negocio del conocido dicho popular: “Si tomas, no manejes”.

“La idea nació a fines de 2001, pero, obviamente, por la crisis del país, dejamos todo en stand by hasta mediados de 2004, momento en el cual comenzamos con los estudios de mercado y los tests del producto”, cuenta Víctor Varone. Este abogado cuarentón fundó el negocio con Gabriel Iezze, abogado, ex policía y socio suyo desde 1989 en un despacho de asesoría legal a empresas. La idea original es de un emprendedor de Estados Unidos y tiene réplicas en otros países con reglamentos que sancionan con severidad al que maneja bajo los efectos de medicamentos o alcohol.

Los clientes de El Ángel Guardián son personas, familias, empresas y establecimientos que pueden contratar servicios únicos o planes con un número de recogidas al mes. Y no sólo lo utilizan los fiesteros, sino también personas impedidas para manejar por problemas de salud o uso de medicamentos. Estos emprendedores concretaron, además, un convenio con la empresa Liberty Seguros, para brindar el servicio de manera gratuita a los 4,000 dueños de vehículos que tienen una póliza de la firma.

Sus recursos son una línea telefónica abierta las 24 horas, un grupo de choferes que pueden conducir el coche de los clientes y cuatro automóviles propios. El sistema es sencillo. Los anfitriones de una fiesta pueden llamar a El Ángel Guardián en cuanto observan que alguien no está en condiciones de manejar. Un chofer llegará al sitio y conducirá el auto de la persona indispuesta hasta su domicilio.

Un plan individual, que incluye dos servicios al mes, cuesta 12 dólares; por tres acarreos mensuales cobran 20. El plan para empresas, con dos viajes por mes, tiene un precio de 8 dólares, mientras que el servicio para restaurantes y bares, que garantiza 10 viajes, cuesta 80. “A la fecha hemos tenido un promedio de 10 servicios mensuales y un evento por mes, pero en el caso de las fiestas ese número se incrementa en la época de fin de año”, relata el emprendedor.

Aunque por ahora el servicio se ofrece en la capital argentina, sus creadores no descartan llegar a otros países a través de un esquema de franquicias que están preparando. “Ya recibimos llamados de gente que está interesada en España, México, Chile y hasta Rusia. Seguramente, en un futuro también llegaremos a otros mercados”, dice Varone, mentor de El Ángel Guardián. El monto de inversión inicial establecido para el franquiciado que quiere instalarse en el extranjero es de 50,000 dólares, aunque en la empresa explican que, de tratarse de una franquicia maestra, ese monto se ajustará según el país donde se quiera montar.

A nivel local, la firma tampoco detiene su crecimiento. Y para hacerse cada vez más conocida han decidido ir a buscar a sus clientes al lugar de los hechos. Por eso, montan stands en lanzamientos de productos, desfiles y cualquier tipo de reunión social en donde se consume alcohol. Incluso, tienen un convenio con la Asociación de Eventos para que ofrezcan el servicio a los organizadores de fiestas. Ahora además comercializan una tira que mide los niveles de alcohol para que las personas evalúen si están en condiciones o no de conducir. Este emprendedor promete no desampararlos ni de noche ni de día.

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