Dormir con el enemigo

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Feike de Jong

Muchos creerán que la vida de un contador puede ser aburrida. Pero no la de Manuel López Martínez, asesor financiero de la empresa oaxaqueña Sertexa. Durante cuatro meses de revuelta social en Oaxaca, ha tenido que acudir a asambleas de un movimiento rebelde y contabilizar camiones incendiados. Nada que se parezca a la rutina de otros colegas de profesión.

Sertexa es una de las empresas más afectadas por el conflicto. Se trata de una firma de transporte público urbano, propiedad de Moisés Villanueva. Desde que inició el conflicto, miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) han secuestrado 55 de sus 95 camiones, muchos de ellos nuevos y con valor de 1 millón de pesos; prendieron fuego a 12 de las unidades, le devolvieron 22 y mantienen 25 en su poder. Buena parte de sus autobuses sirvieron para alzar las barricadas que cierran el paso a las calles de la ciudad. Grupos de ocho a 10 personas armadas con palos vigilan estas barreras por las noches. Hace tres meses que no hay policía aquí.

Un viento de inestabilidad sopla por Oaxaca desde que estalló el conflicto, el 22 de mayo pasado. El zócalo colonial está invadido por casas de campaña, sujetas con cables como hilos de telaraña. Graffitis furiosos que piden la renuncia del gobernador tapizan fachadas y camiones. La falta de turistas tiene un efecto devastador en la economía y los precios varían misteriosamente en productos básicos como el azúcar.

El conflicto es una lucha a muerte por el poder entre la APPO y el gobierno del estado. Ahí donde se encuentran, detona la violencia. ¿Qué estrategias despliegan los empresarios para sobrevivir a una situación como ésta, que escapa a los libros de texto en negocios?

De acuerdo con los asesores en riesgo entrevistados, los más grandes estaban preparados con un plan de contingencia. “Estas empresas están en una zona altamente politizada y si eres una embotelladora o una cementera, y estás en el Istmo, te puedo decir que desde hace dos años tenían información de la inconformidad social en la zona. Y sí se prepararon”, dice Joaquín Ortiz, director de Grupo de Consultoría Estratégica, de la Ciudad de México. Alistaron rutas de distribución, de abastecimiento de producto, y tuvieron cuidado extraordinario de sus combustibles explosivos, comenta.

“Guardar neutralidad es fundamental”, opina Héctor Castillo Berthier, sociólogo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), especializado en movimientos populares urbanos. “En Oaxaca tienes graffitis por las paredes diciendo: ‘Somos un movimiento anticapitalista’. Es muy importante que los empresarios, que son vistos como capitalistas, no los provoquen”.

Hasta el cierre de esta edición, el empresariado oaxaqueño había sido neutral, pero su paciencia se estaba agotando. Las pérdidas ya rozaban los 4,000 millones de pesos, según Andrea Perelló, consultora del despacho Alterpraxis. Su desesperación fue evidente cuando la iniciativa privada convocó a un paro de 24 horas, a finales de septiembre, para exigir una solución al gobierno federal. “Los empresarios están uniendo fuerzas en un movimiento civil para pedir que el gobierno resuelva esto de una manera pacífica, por medio de mesas de diálogo”, explica Perelló.

Esta toma de partido de los empresarios preocupó a algunos observadores. “Es un grave error hacer un paro”, comentó Castillo Berthier a finales de septiembre. “La situación está en el filo de la violencia. Hacerlo sería literalmente provocar un conflicto”. Y es que mantenerse neutral como estrategia, parece ser una lección del caso Oaxaca en el manejo de crisis. Ahí está como ejemplo el caso de Sertexa. Un rumor fue la mecha para tanta violencia. En Oaxaca corrió la versión de que el gobernador Ulises Ruiz era el verdadero dueño de la empresa (algo que Sertexa cree, difundieron sus competidores). Villanueva publicó un desplegado en los periódicos locales que mostraba el acta constitutiva de la empresa, en un intento por demostrar que la compañía no era del gobernador. Pero el rumor ya había prendido.

Negociar fuera de la ley
Durante todos estos meses, Sertexa encontró muy difícil comunicarse con la APPO, que no tiene una estructura jerárquica definida. “Hemos acudido a la mayoría de las asambleas populares; no nos dejan entrar pero esperamos en la entrada intentando asomarnos para ver cómo podemos negociar el regreso de nuestros camiones”, dice Manuel López Martínez, asesor financiero de la transportista. “Es difícil encontrar a alguien con quien negociar. Es un movimiento sin líderes”.

Una caminata por el zócalo de Oaxaca confirma esta observación. Es una selva de acrónimos, caricaturas y proclamas de muchos grupos, pero no hay un cuartel de comunicación o información. Ir de lona en lona en busca de interlocutor, puede resultar frustrante e infértil. Acaso los únicos enlaces a la vista pueden ser las organizaciones de derechos humanos que están en los campamentos. Al menos tienen una vocación para escuchar quejas. “Como empresariado es muy importante encontrar interlocutores”, comenta Castillo Berthier, “y como en cualquier negociación tienes que tener alguna oferta”.

La APPO centraliza toda la información en las radiodifusoras que tiene tomadas y en el kiosco del zócalo. Como en muchos pueblos mexicanos, la información se transmite por medio de un sistema de sonido instalado en el centro. Las personas que necesitan entrar en contacto con alguien, acuden al sistema de sonido o a la radio, desde donde convocarán a la persona que pueda atenderlos. Una vez que encuentran con quién hablar, llega el punto de la negociación. “No ofrezcas dinero a nuestra gente, no intentes corromper el movimiento”, aconseja un integrante de la APPO, quien no quiere dar su nombre por temor a represalias del gobierno. “Se debe negociar desde una posición de respeto mutuo”.

Suena fácil, pero es complicado negociar cuando no se puede apelar a leyes o derechos. Después de todo, las acciones en contra de empresas como Sertexa son claramente ilegales, pero la APPO no lo ve así. Los integrantes del movimiento afirman que sus acciones tienen el único fin de sostener al movimiento (es decir, no secuestran camiones para lucrar con ellos). Las empresas que entren a negociar viéndolos como criminales, enfrentarán más conflictos de los que ya tienen, aseguran los entrevistados. “Uno de los problemas que tuvo Sertexa es que entraron a las negociaciones muy soberbios”, dice el vocero de la Asamblea.

Es clave en una negociación que el empresario entienda por qué ha sufrido el agravio. Los camiones sólo les sirven para hacer barricadas. Las compañías que lo notaron pudieron llegar a una sutil solución: negociaron con la APPO intercambiar los vehículos secuestrados por camiones chatarra. Según la Asamblea, a ese acuerdo recurrieron Sertexa, Grupo de Embotelladoras Unidas (GEUSA), que es la embotelladora de Pepsi en Oaxaca, y Marinela, de Bimbo. Expansión buscó a las compañías para confirmar esta versión, pero no obtuvo respuesta.

Otro ejemplo es el graffiti que cubre gran parte del centro de Oaxaca. Algunos negocios se han metido en guerras de pintura con la APPO. Los dueños de los establecimientos se sienten en el legítimo derecho de restaurar sus fachadas, y el movimiento lo considera una provocación, lo que resulta en todavía más rayones. Para la organización, las paredes son un medio de comunicación. “Los graffitis son una forma tradicional de protesta, pero ya estamos viendo otras formas de hacerla, quizá pintar lonas en lugar de paredes”, menciona el vocero de la APPO, “pero exigimos que sean respetados”.

Cuando la ley desaparece, hay que buscar la negociación con el nuevo orden, dijeron los entrevistados. La resistencia civil en contra de la resistencia civil puede ser mal negocio si, como aquí, los poderes gubernamentales han abandonado la ciudad. “Hay que sumarse al diálogo”, opina Castillo Berthier. “El empresariado necesita formular propuestas de largo plazo para el bien de la población. Si no, fácilmente se convertirán en blancos para los movimientos urbanos”.

Perelló, de Alterpraxis, señala que para manejar una crisis se debe identificar los riesgos, evaluar los procesos y puntos vulnerables de una empresa y protegerlos. Sierra Viva actuó de esa manera. Viendo que muchos secuestros de vehículos ocurrían al atardecer, la envasadora de agua cambió sus horarios de entrega. “Ahora nuestros camiones salen más temprano; intentamos que todos hayan regresado antes de las 17:30”, comenta Isabel López, gerente de Administración. Sierra Viva perdió su cliente principal, cuando el ayuntamiento cerró sus oficinas por la ingobernabilidad.

Paradójicamente, la toma de Oaxaca por la APPO afecta sobre todo a las empresas locales. Una de las estrategias de supervivencia ha sido la diversificación de mercados. Las compañías más robustas venden a nivel regional e internacional. La producción de mezcal es una de las industrias que más sufre: sus ventas bajaron en alrededor de 70%. La mayor parte de esta bebida se consume en Oaxaca, dice Víctor Chagoya, presidente de la Cámara de mezcaleros. Estima que hasta en el mercado informal de mezcal las ventas bajaron 40%. “Para muchas de las envasadoras de mezcal, Oaxaca es su principal mercado”, comenta Chagoya. “Ahora tienen que vender fuera de Oaxaca o en el extranjero”. La Cámara ya tiene eventos de promoción programados en el mercado hispano de Estados Unidos y en el Lejano Oriente.

A nivel más general, la respuesta de las empresas ha sido la clásica: hacer fondos de contingencia, reducir inventarios, bajar precios. Esperar lo mejor y prepararse para lo peor, dice un viejo eslogan de negocios. Ése podría ser el aprendizaje que esparcen los vientos de Oaxaca.

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