La gripe, mal negocio

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Georgina Navarrete

La expresión de cortesía “¡Salud!” no es sólo para animar a un compañero de trabajo que estornuda junto a nosotros. Es también un deseo ferviente, un escudo de ilusión para alejar al malhumorado virus de la gripe que se anuncia implacable y que, sabemos, puede colapsar toda la oficina en un par de semanas.

Tan pegajoso como un chicle bomba, el virus de la gripe o influenza es la séptima razón de hospitalización en México. Fortalecido por las bajas temperaturas invernales, el monstruo aprovecha los espacios cerrados, reducidos y concurridos –sí, justo como tu oficina–, para hacer de las suyas.

Pero más que una preocupación individual, el contagio es también un mal negocio. La gripe causa ausentismo y una baja en la productividad de los empleados, confirman los estudios hechos en diversos países. En Estados Unidos esto le cuesta a las empresas unos 25,000 millones de dólares al año, según la publicación especializada Journal of Occupational and Environmental Medicine; 8,000 millones corresponden solamente a las faltas del personal.

Pero la cultura de la prevención no alcanza para mantener a salvo a los 10 millones de mexicanos que ‘pescan’ el virus cada año, muchos de ellos trabajadores resignados a estar en la oficina con el molesto goteo nasal, el dolor de cabeza, la fiebre y los estornudos.

“Es horrible estornudar en juntas. Primero te hacen burla, pero después del cuarto estornudo ya todos están molestos. Me moría de la pena por tener que salirme cada cinco minutos”, cuenta Cristina de la Torre, quien el invierno pasado tuvo una gripe que le duró cuatro meses.

Abogada en un bufete jurídico y dueña de la agencia aduanal Cocex, De la Torre aprendió a extremar sus precauciones para no repetir la alucinante experiencia: “Ya no saludo de beso, a veces ni de mano y trato de evitar el contacto directo con los griposos. Desde luego que cuando estuve enferma tampoco saludaba para no contagiar. Avisaba que tenía gripe, y aun así mientras unos lo agradecían otros se daban por ofendidos”, explica la abogada. Sin embargo, la gripe no es cosa de juego y bien vale un orgullo herido.

Banamex es una de las pocas compañías mexicanas que ha indagado el impacto que tiene la gripe en la empresa y en el rendimiento de su personal. Como han hecho muchas empresas trasnacionales, este banco decidió en el año 2003 evaluar la relación costo-beneficio de vacunar a sus empleados contra el virus de la influenza. De acuerdo con su investigación, cada dosis significó “un ahorro de 300 pesos por cada empleado, incluido el costo de la vacuna”, dijo en ese entonces César Mascareñas, líder del equipo médico que llevó a cabo el estudio.

De acuerdo con el especialista, la vacunación también redujo 44% el número de consultas a causa de infecciones respiratorias y 43% los días de permiso solicitados por esta causa. En total, el índice de ausentismo en la institución bancaria bajó 36%.

¿Qué hace a las grandes empresas invertir en medidas para prevenir que sus empleados enfermen? Matemática simple. Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada dólar invertido en prevenir el contagio de este virus genera un ahorro de 60 dólares, que se gastarían en tratamientos terapéuticos para combatirlo, incluidos los casos que requieren hospitalización.

Un monstruo que gotea
Mucha gente habla de la gripe y el catarro como si se tratara del mismo padecimiento. Un cuadro clínico de ojos irritados, cuerpo cortado y flujo nasal, característico del resfriado común, no pasa de ser algo molesto, mientras que la gripe puede incluso mandarnos al hospital o causar la muerte (cuando se complica con una neumonía, por ejemplo).

La influenza es una enfermedad aguda y grave que produce un largo periodo de debilidad y malestar general, con síntomas como fiebre alta, tos intensa, dolor de cabeza, falta de apetito y congestión nasal. Mal cuidada, esta gripe puede derivar en males mayores como sinusitis, bronquitis o neumonía.

Y peor aún, la gripe agudiza el curso de enfermedades crónicas pulmonares y cardiacas, así como la disfunción renal, el asma y la diabetes, explica Felipe Aguilar Ituarte, director médico de la división Vacunas de laboratorios Sanofi-Aventis.

El virus de la influenza puede vivir en promedio 60 minutos expuesto al ambiente o sobre algún objeto, aunque en condiciones propicias puede resistir hasta 24 horas. “No es tan agresivo como el de la gripe aviar, que puede matar a un individuo en un día, pero se reproduce muy rápido dentro del cuerpo, a veces en 12 horas ya estás enfermo”, afirma Jaime Sánchez, investigador del laboratorio de Microbiología del Hospital Juárez, en la capital de México.

Contagiarse de gripe es muy fácil. Las partículas de saliva que expulsa la boca al estornudar o toser o la suave exhalación generada al hablar, son suficientes para lanzar el virus al ambiente o para hacerlo llegar a un objeto o a otra persona; y también las manos, que luego de limpiarnos la nariz o cubrirnos la boca tocan perillas, teclados, escritorios y todo.

Evitar el contagio es difícil. Sobre todo en un espacio como la oficina, que según el microbiólogo de la Universidad de Arizona Charles Gerba (más conocido como Dr. Germen), ya es el lugar más sucio del planeta, con aproximadamente 10 millones de gérmenes repartidos y concentrados en el teclado de la computadora, el mouse y el auricular del teléfono.

Limpiar, limpiar, limpiar
Si alguien estornuda, entre esos millones de gérmenes podría haber unos cuantos cientos de miles de virus de la influenza. Ante tal exposición, podría decirse que “estamos condenados a contagiarnos”, comenta Eduardo Robles, de la coordinación de Salud en el Trabajo, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Para Robles, no hay más que seguir las reglas básicas de higiene: “Mantener el lugar ventilado y aseado; lavarse las manos y dar mantenimiento adecuado al sistema de aire acondicionado; no fumar y alimentarse bien”, sobre todo en los meses de invierno, cuando aumenta 70% la probabilidad de contraer gripe.

Y si hablamos de limpieza, especialistas de Arizona recomiendan lavarse las manos al menos 20 veces al día para evitar infecciones, lo que, descontando las ocho horas de sueño reparador, nos haría correr al lavabo cada 48 minutos.

Si ya nos contagiamos de gripe, considera Robles, “hay que ser considerados con nuestros compañeros y usar un cubrebocas o algo que sirva de barrera y evite que el virus se disemine por el aire”. La idea suena bien y hace unos años se puso de moda salir a la calle con cubreboca. Algunos decían portarlo para protegerse y otros para no contagiar. Pero ¡sorpresa para los quisquillosos!: esos pequeños trozos de tela azul no sirven mucho a ninguno de esos propósitos, pues el virus es más pequeño y los traspasa con holgura.

“La única mascarilla que funcionaría medianamente es la N95, pero ya ni siquiera la hacen” explica Luisa Estela Gil, coordinadora de programas de la división de Medicina Familiar del IMSS. Esa mascarilla era una especie de bozal de plástico duro, con un filtro acolchonado capaz de detener organismos pequeñísimos. “Era feísima y muy incómoda, nadie podía trabajar con ella”, recuerda Gil.

Incapacitar o no, he ahí el dilema
“Más vale prevenir que estornudar”, podría rezar un refrán médico. Y muchos países parecen seguir esta idea con convicción. Los gobiernos de algunos países de Europa incluso recomiendan a los patrones que envíen a casa a los enfermos durante el periodo de más contagio, en los primeros cuatro días de la infección.

Los médicos en México aseguran que un par de días en casa bastarían para mejorar al enfermo y evitar un contagio masivo. Aun así, en pocas empresas de México es bien visto solicitar una incapacidad por gripe. Vaya, ni siquiera en las farmacéuticas. Claro, esto no aplica para todos los tipos de trabajo. Los maestros de escuela pueden gozar de esta prerrogativa. Un cirujano, por ejemplo, no operará a nadie mientras su nariz gotee sin cesar, así que mejor se queda en cama; y en un laboratorio farmacéutico como Sanofi-Aventis “se manda a casa a los empleados que trabajan en líneas de producción de vacunas”, pero no a los administrativos. Eso sí, “aquí somos los primeros en vacunarnos en cuanto llega el primer lote”, comenta Aguilar Ituarte.

En Estados Unidos, el panorama parece bastante similar. Una encuesta hecha por la Fundación Nacional de Enfermedades Infecciosas (NFID, por sus siglas en inglés) encontró este año que 35% de los empleados se sienten obligados a trabajar cuando tienen gripe, y que a 47% le enoja que un colega enfermo se presente a la oficina y los exponga al contagio. La mitad de los encuestados sienten culpa por faltar.

“Es una regla no dicha, pero que todos conocemos (no faltar por una gripe). En mis cuatro meses de suplicio falté algunas veces, pero me sentía culpable. Mi jefe no me decía nada, pero sé que pensaba: ¡Otra vez!”, recuerda Cristina de la Torre.

Si hablamos del empleado común de oficina, el IMSS reporta que el grueso de consultas por gripe y otras infecciones de las vías respiratorias se dan generalmente a las esposas de los asegurados, a sus hijos o a las personas de la tercera edad. “Un trabajador no arriesgará un día de trabajo –y de sueldo–, yendo a consulta a ver si lo incapacitan”, indica Juan Garduño Espinosa, coordinador de Atención Médica del instituto. Comenta que si bien en el IMSS no existe una política general con respecto a brindar incapacidades temporales por gripe, cada médico familiar tiene la facultad de evaluar la situación particular del paciente y, en caso necesario, otorgar el permiso.

En el caso de los adultos, el médico debe tener en cuenta si el paciente padece alguna enfermedad crónica, como diabetes o asma, que producen disminución en su sistema inmunológico. “En este caso requieren entre uno y tres días de incapacidad”, dice Armando Herrera Melgar, jefe de la División de Hospitales del IMSS. Asimismo, si el agripado trabaja con gente vulnerable, como niños, ancianos o enfermos, “es necesario incapacitarlo para evitar contagios”.

El índice de incapacidades que otorga el IMSS por infecciones agudas de las vías respiratorias (nariz, garganta, laringe y faringe) alcanza 1% de los 10 millones de pacientes atendidos cada año por estos motivos. De ellos, sólo entre tres y cuatro millones acuden a la clínica a causa de esta enfermedad.

Con un piquetito basta
Miriam Pedroza se ha considerado siempre una mujer sana; sin embargo, durante muchos años su cita invernal con el virus de la gripe era inevitable. “Sólo era una vez, pero cuando me daba, me mandaba a la cama”, recuerda. A su paso por Televisa, empresa para la que trabajó más de cinco años, la comunicóloga aprendió que una simple vacuna hace la diferencia. Ahora, ya como dueña de Veerich, su propia empresa de monitoreo de contenidos televisivos, Miriam acude puntualmente, cada octubre, con su médico para que la vacune contra la influenza. Es fácil entender su motivación por mantener las gripes fuera de su vida.

“Más vale prevenir que estornudar”, así que ante la imposibilidad de mantener estériles los sitios públicos, las escuelas, hospitales y oficinas, la solución es vacunar, asegura Felipe Aguilar, de Sanofi-Aventis.

“Por más que limpies, el virus andará por ahí si hay alguien enfermo”, explica, “de modo que la mejor opción es inmunizar. Todo mundo se preocupa por los niños y los viejitos, pero la influenza no discrimina”.

Aguilar Ituarte opina que si bien es raro que un adulto joven y sano muera a raíz de una influenza, muchas veces lo obliga a faltar al trabajo o al menos lo hace bajar su rendimiento en sus actividades diarias. “Si vacuno de manera sistemática a todas las personas que trabajan en una empresa, evitaré el contagio”.

De acuerdo con el director médico de Sanofi-Aventis, farmacéutica que produce esa vacuna, en los últimos años los empresarios han tomado cada vez más conciencia de los efectos positivos de vacunar a sus trabajadores.

Aunque no dispuso del dato sobre qué porcentaje de las vacunas que venden está destinado al sector de salud pública y cuál al privado, Aguilar señaló que “la producción se acaba y hemos debido incrementarla entre 10 y 15% al año”.

La efectividad de la vacuna en México se prueba con la disminución general de casos de influenza reportados. Según datos de la Coordinación de Atención Médica del IMSS, mientras en 2001 se consultaron casi 13’396,000 casos de gripe en las 1,200 clínicas familiares del organismo, para 2005 la cifra fue de 7’640,000 casos, y hasta la semana 29 de este año habían atendido solamente a 3’853,483.

Tal vez por esto, el Instituto Mexicano del Seguro Social hizo extensiva la vacunación a los niños de hasta 36 meses y a los adultos mayores de 50 años (hasta 2005, sólo vacunaban a menores de dos años y mayores de 65). “Así hay más gente inmunizada contra ese tipo de infección, lo que disminuye los contagios”, comentó Juan Garduño Espinosa, coordinador de atención médica del Seguro Social.

Esta vacuna se aplica a mediados de octubre, para que se desarrollen anticuerpos en las siguientes seis semanas. Como el virus muta constantemente, la formulación cambia año con año, lo que obliga a aplicarla anualmente. Y entonces sí, ¡salud!

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