Por amor al arte

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Michelle Sierra Laffitte / Nueva York

En una escuela pública en Yaqcondoy, del municipio de Santiago Amoltepec, Oaxaca, la niña Saraí Hernández observa extrañada en la televisión escenas de la vida de los dinosaurios en la prehistoria. Más tarde sigue con la mirada a una pareja que baila una música llamada tango, en un país que lleva por nombre Argentina. La señal que llega hasta su pueblo, predominantemente indígena, que la lleva de viaje y la familiariza más con el castellano, que no habla en casa, pertenece a Organización Cisneros (OC), el más grande grupo empresarial de Venezuela que opera las cadenas Venevisión y Univisión, servicios de televisión de paga como DirecTV y AOL Latin America, así como cadenas de supermercados y bebidas.

El programa se llama Cl@se y llega a ese municipio, localizado a 10 horas en auto de la ciudad de Oaxaca, por vía satelital. Recién fue añadido a la red mexicana de televisión educativa Edusat, y pronto llegará a 35,000 escuelas, muchas de ellas en poblados con poco o ningún acceso a los medios de comunicación.

Al frente de OC está Gustavo Cisneros, el magnate venezolano de medios. El empresario y su esposa Patricia Phelps llevan tres décadas impulsando proyectos educativos en el continente, y desde 2000 lo hacen a través de la Fundación Cisneros, el brazo filantrópico que ella dirige.

Cl@se es el único canal panregional en el mundo, gratis las 24 horas al día, que transmite clases vía satélite de lectura, matemáticas, geografía e incluso medicina con un enfoque entretenido. Desde su creación, en 1996, el canal ha llegado a un millón de hogares en América Latina, según datos de la Fundación. Y a partir del 27 de noviembre de 2006, fecha en que Fundación Cisneros firmó un convenio de cooperación con el Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa (ILCE), llega a escuelas públicas en México. Con esto se espera un impacto en seis millones de estudiantes mexicanos, apunta María Ignacia Arcaya, gerente general del canal en OC.

“Contar con Cl@se dentro de la programación de Red Edusat hace posible tener una herramienta invaluable para el aula”, aprecia David de la Garza, director del ILCE. “Permite que los niños de las diversas escuelas que forman parte de esta red, que en muchos casos son de bajos recursos, disfruten de un canal educativo, divertido y que presenta temáticas de interés para ellos”.

Un interés añejo
Todas las iniciativas educativas de OC se apoyan en la gigante red de telecomunicaciones de la empresa y los contenidos de los programas se nutren del agudo interés de Patricia Phelps por la educación y el arte.

Esta inquietud tiene muchos años de historia. Los Cisneros arrancaron su primer proyecto educativo en los años 70, en Mata de Bárbara, una pequeña hacienda ganadera al sur de Venezuela, con un programa piloto de alfabetización que utilizaba discos fonográficos y materiales impresos, que luego extendieron a todo el país. Entre 300,000 y 400,000 personas fueron alfabetizadas gracias a esta iniciativa que llamaron Acude (Asociación Cultural para el Desarrollo).

“Veíamos que la educación era la manera de contribuir al progreso de nuestros países”, dice Phelps, “entendiendo que como dueños de medios de comunicación había que usarlos como un instrumento educativo”.

Este compromiso evolucionó con las nuevas tecnologías y hacia mediados de los años 90, cuando se fundó DirecTV Latin America, OC lanzó el canal de televisión Cl@se. “Fuimos del tocadiscos al internet, del tocadiscos al satélite, al DirecTV”, cuenta Phelps en una entrevista en sus oficinas de la calle 78 de Manhattan, desde donde coordina las actividades internacionales de Fundación Cisneros.

Sus programas no sólo se enfocan en los niños. En el año 2000, crearon el programa Actualización de Maestros en Educación (AME) para mejorar las técnicas pedagógicas de los profesores. El programa se ofrece gratuitamente en Guatemala, Costa Rica, Panamá, Colombia, República Dominicana, Venezuela, Ecuador, Perú y Argentina y ya capacitó a 7,200 docentes, lo que impactaría a unos 300,000 alumnos, de acuerdo con la Fundación.

“Entre las principales virtudes de AME es que se puede contar con el uso de la tecnología más moderna para capacitar en forma virtual a maestros, principalmente de educación primaria, en competencias básicas, así como en el uso de las Tecnologías de Información y Comunicación. Otra fortaleza del programa es que los cursos son diseñados, evaluados y certificados por universidades iberoamericanas”, comenta Fernando Hilbck Ruiz, director de Asuntos Corporativos de la cervecera Backus en Perú, quien firmó un acuerdo de corte educativo el año pasado con AME y la Fundación.

Pero probablemente la iniciativa que mejor ilustra las inquietudes de los Cisneros es el curso Piensa en Arte, que crearon en 2006.

Proyectos diversos
El interés de Phelps por el arte comenzó desde pequeña, a través de lo que ella describe como una búsqueda propia de armonía y por su apreciación de la creatividad. Ella creció bajo la influencia del movimiento artístico modernista en la pujante Caracas de los años 50.

Phelps contrajo matrimonio con Gustavo Cisneros en Nueva York en junio de 1970, cuando él ya se perfilaba como uno de los empresarios latinoamericanos más exitosos, y casi de inmediato empezó a coleccionar piezas de arte moderno y contemporáneo, con un acento en la obra de latinoamericanos. Las piezas se convirtieron en la Colección Patricia Phelps de Cisneros, que ahora son el centro de las actividades de educación y promoción de las artes visuales de la Fundación.

“Nuestra misión central es educar, y el arte es uno de los medios o instrumentos que contribuyen con ese propósito básico”, dice Phelps. El programa parte de la premisa de que la observación, interpretación y discusión en clase de carteles con piezas de arte, puede desarrollar la capacidad de análisis, reflexión y pensamiento crítico de los alumnos. Así, la Fundación echó mano de obras de la Colección para crear una guía con pósteres dirigida a maestros.

En conjunto con el Palacio de Bellas Artes en México, Fundación Cisneros impartió un curso al año pasado a 540 maestros de escuelas privadas y públicas, jefes de departamento de instituciones educativas gubernamentales y educadores de museos para que adopten el programa. Con ello se espera impactar a 21,600 alumnos, de acuerdo a cifras de la institución. La metodología del curso fue desarrollada por María del Carmen González, coordinadora de Programas Educativos Internacionales de la colección.

Esta fundación no trabaja bajo el esquema de donaciones. Sus fondos provienen de empresas privadas pertenecientes a la Organización y de los aportes de miembros de la familia. “Justamente dependemos de una empresa, tenemos que rendirle cuentas y en mi marido siempre ha existido la idea que una fundación debe manejarse como una empresa”. Patricia Phelps declina proporcionar el monto anual que OC canaliza a estos programas.

Fundación Cisneros no trabaja sola sino en alianza estratégica con otras organizaciones, gobiernos e instituciones educativas. Destacan entre sus aliadas la Fundación Globo en Brasil y la Fundación Backus en Perú. La Universidad de Barcelona, la Javeriana de Bogotá y la Universidad de Costa Rica también evalúan sus programas y otorgan certificaciones a los maestros que los completan, como ocurre con AME.

“Un logro muy importante de la Fundación Cisneros fue establecer una red de centros de estudios superiores capaces de diseñar e implementar cursos ajustados a las necesidades de los docentes latinoamericanos, así como lograr establecer alianzas con organizaciones comprometidas con la educación de los diferentes países, para el seguimiento y monitoreo de los cursos y las respuestas de los profesores”, comenta Hilbck Ruiz.

A pesar de ser parte de Organización Cisneros, los contenidos de los programas de la Fundación no se extienden a la oferta que la compañía tiene en la televisión comercial. “Está clarísimo, Venevisión es para entretenimiento de la población. Y es así. Pero no así DirecTV o las estaciones de radio”, dice Phelps. “Hay una cosa que se llama ‘rating,’ una cosa que hay que devengar, la empresa debe ser económicamente viable y gracias a eso se apoyan programas fundacionales”, subraya.

Fundación Cisneros, como otras instituciones filantrópicas en América Latina, busca transformar, y no sólo aliviar los problemas de los más necesitados. “Yo creo que hay programas que hacen las dos cosas y ambas son válidas”, dice Phelps. Pero dados los recursos con los que cuenta, la Organización Cisneros no puede limitarse a aliviar, continúa. “Gustavo y yo siempre hemos querido usar nuestro tiempo y recursos en proyectos que pueden ser transformadores a gran escala. No podemos desperdiciar un medio tan valioso para no enseñar a la gente”.

Incluso, en su opinión, es viable que multimillonarios como Warren Buffett, que decidió dar más de tres cuartos de su fortuna a la fundación que dirige Bill Gates, opten por donar partes significativas de su riqueza a proyectos filantrópicos.

“En nuestros países hay menos tradición de hacer lo que hace Warren Buffett”, comenta. “Él siempre ha sido muy claro. Yo considero que lo ideal es que las futuras generaciones continúen el trabajo de sus padres, que las corporaciones continúen. En lo que respecta a la herencia, yo creo que hay que asegurar que la segunda o tercera generación tenga sus necesidades bien cubiertas y después yo no tengo ningún problema en que esos fondos se utilicen para instituciones de índole de superación humana”.

Esta mujer, inquieta y motivada, pretende concentrar sus esfuerzos en la educación. Y es desde ahí que Phelps busca trascender incluso buscando que los gobiernos sean más receptivos e incentiven la filantropía y el mecenazgo. “Ojalá que al igual que hemos sido inspirados por personas de otras instituciones, que nosotros podamos servir de inspiración a otras personas, a otras instituciones”.

“El gran legado que me gustaría dejar –apunta– es que hubiera y se entendiera bien la ley del mecenazgo. Son sueños que uno tiene pero creo que eso sería un gran aporte a la educación y a la sociedad de Sudamérica. Que se entienda mejor qué es la filantropía y que los gobiernos incentiven desde la parte fiscal”.

Concluye que si hubiera más incentivos para hacer donaciones más importantes, la gente las haría.

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