Innovar como proceso de negocio

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Jaime Parada*

Estimado lector: si usted presume con orgullo que su empresa alcanzó la certificación ISO 9000 o que estableció Modelos de Calidad y de Mejora Continua como filosofía de trabajo (buenos para ganar algún premio y mantener el margen, contrarrestar los efectos de la inflación y atender los descuentos que le piden sus compradores), tiene que saber que, lamentablemente, su esfuerzo no será suficiente para triunfar en este mundo globalizado y de feroz competencia.

El aumento de competidores, el corto ciclo de vida de los productos y servicios, el incremento de las regulaciones, los avances del conocimiento científico y tecnológico y atender las necesidades de clientes y consumidores cada día más demandantes, son sólo algunas razones que nos obligan a incorporar innovaciones para competir.

La innovación es la fascinante aventura de generar ventajas difíciles de imitar a partir de la creatividad y el ingenio de nuestro personal. Sí, se trata ahora de competir con el cerebro y el conocimiento y de administrar esto como un proceso de negocio, tal y como lo hacen muchas compañías exitosas en el mundo.

¿Entrar a esta aventura es un problema de tamaño de la empresa? No. ¿Es un asunto de recursos? No. ¿Es un asunto de capacidades porque los mexicanos somos menos listos para innovar que los estadounidenses, europeos o asiáticos? No. Se trata de un problema de cultura y actitud de la clase empresarial. Pensar en ello evidencia la ausencia de un modelo para administrar de manera efectiva, como cualquier otro proceso, la innovación dentro de nuestras empresas.

El empresario tradicional ha enfocado mayoritariamente su esfuerzo de dirección hacia una buena administración de los activos tangibles del negocio (físicos y financieros); pero ha prodigado muy poca atención hacia los intangibles (marcas y conocimientos). Estas categorías son las que generan el mayor valor de las compañías. Respecto de los activos tangibles, algunas empresas mexicanas han logrado éxitos por su acertado manejo de las marcas para diferenciar productos en el mercado y aumentar el margen, como en el caso del tequila y otros productos de consumo. Sin embargo, queda pendiente una asignatura: aprovechar el conocimiento y la innovación como elemento clave para competir.

El conocimiento
En la vida de la empresa, el conocimiento (comercial, financiero, administrativo, tecnológico y de operación) juega un papel crítico en tres etapas:
1. La operación (la empresa confiable): Su objetivo es asegurar la marcha normal del negocio y mantener productos y procesos bajo especificaciones. Las empresas con ISO 9000 han cubierto esta etapa. Éste es el mundo de lo cotidiano y las decisiones impactan en un horizonte de días. En México hay poco más de 3,500 empresas en esta categoría.

2. La mejora continua (la empresa competente): Su objetivo es el uso del conocimiento y las mejores prácticas para una reducción sostenida de costos y la mejora continua de la calidad de productos y procesos. Aquí la compañía comienza a ejecutar proyectos con impactos en un horizonte de semanas. Se pretende ser el productor de más bajo costo y generar una cultura en la organización hacia la mejora continua como una forma de vida en el trabajo. En México no hay más de 350 empresas en esta categoría.

3. La innovación (la empresa de excelencia): Su objetivo es involucrar a toda la compañía en crear soluciones (comerciales, tecnológicas y de operación) a partir de la creatividad y el desarrollo de su personal, para generar ventajas difíciles de imitar por competidores. Aquí la empresa emprende la ejecución de proyectos con resultados visibles y efectivos en un horizonte de meses. Se implanta una cultura generalizada de la innovación, impulsando la experimentación y el logro de metas audaces a través de soluciones originales y novedosas ya sean incrementales o disruptivas. En México tenemos un selecto número de empresas en esta categoría y que no sobrepasan las 35.

Disección
Existe la creencia generalizada que cuando hablamos de innovación, ésta es de naturaleza tecnológica solamente y entonces la dirección de la empresa se desconecta, pensando que esto es un tema de ingenieros. La innovación se presenta en seis categorías:

1. De producto.
2. De servicios.
3. De procesos de manufactura y equipos.
4. De procesos críticos del negocio.
5. De modelo de negocio.
6. De nuevos negocios.

En México, más de 70% del PIB de manufacturas es de bienes de medio y bajo valor agregado. Esto explica los bajos ingresos per cápita y productividad que tenemos. En estos productos sólo nos queda el precio para competir. Pero si fuéramos capaces de desarrollar productos, servicios y negocios de alto valor agregado basados en la innovación en nuestras empresas, estaríamos apoyando la competitividad del país. No hay que tenerle miedo al tema. Sólo reconocer que es un nuevo proceso de negocio que tenemos que aprender y administrar.

*El autor es director general de Innovación y Competitividad y es ex director del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

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