La era del hambre

En tiempos de volatilidad, las inversiones apuestan por los commodities, cuyos precios se dispa ¿los más afectados? los países pobres que carecen de materias primas, pero la crisis es global.
Los países disminuirán paulatinamente sus reservas alimentar
Gustavo Stok

El oro, el petróleo y el acero tocan techo histórico. Los inversionistas huyen de un dólar débil y se resguardan en las materias primas. Los precios de los granos, como el arroz y el trigo, casi duplicaron sus niveles en los últimos 12 meses, y los del maíz se triplicaron en el mismo periodo.

Esos datos, que aislados podrían no ser más que alzas históricas, simultáneos están provocando lo que hoy alarma al mundo: una crisis global de perecederos, que pone en la superficie las fallas de cada país para administrar su propio alimento.

Y es lógico que así sea. Los efectos del alza de precios de los alimentos son devastadores para los países más pobres del mundo, que pagarán 56% más por la importación de cereales entre julio de 2007 y junio de 2008 con relación al periodo 2006-2007, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés).

Este creciente desequilibrio provoca tensiones sociales, que van desde saqueos a los sembradíos y comercios en busca de alimentos, en Tailandia y Pakistán, hasta los intentos de manifestantes de ingresar por la fuerza al Palacio Presidencial, en Haití, en protesta por el aumento de los precios del arroz.

Esas tensiones suben al mismo ritmo que la pobreza. Según Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, los pobres gastan hasta 75% de sus ingresos en alimentos.

Pero ¿por qué suben con tanta velocidad los precios de los alimentos? No es un motivo único, y no es nuevo. La FAO da cinco:
• El rápido incremento de los precios del petróleo y la energía, que han elevado los costos de los fertilizantes, la operación de la maquinaria, de las cosechas, el almacenamiento y la distribución de los alimentos.

• La creciente demanda a raíz del gran salto económico de China e India, que también provocó un cambio en la dieta y eso se tradujo en mayor consumo de carne.

• Eventos climáticos adversos, como la sequía en Australia o deslaves e inundaciones en Perú, que dieron lugar a malas cosechas.

• La demanda de materia prima para producir biocombustibles, con cultivos que antes eran sólo alimentos, lo que reduce la oferta y genera especulación comercial y aumento de precios.

• Menor inversión en la agricultura en los últimos años en todo el mundo, lo que provoca que la producción sea superada por la creciente demanda.

Esto último está dando como resultado una alarmante caída de las reservas que tiene cada país. Para 2007 y 2008, la previsión es que los inventarios mundiales de cereales caigan a su nivel más bajo de los últimos 25 años (405 millones de toneladas). El efecto arrastre es tal que eso, que apenas es 5% menos que el periodo previo, seguirá alimentando el tsunami silencioso.

El problema, como se ve, es estructural. Y sus efectos amenazan con profundizarse en los próximos años.

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