Hacer que las cosas sucedan

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Christian Seelos y Johanna Mair

El desarrollo sustentable es hoy uno de los grandes temas de la economía global: cómo equilibrar el crecimiento económico y el desarrollo social en el mundo con el don de la naturaleza para sustentar la vida humana en el planeta.

Las organizaciones internacionales se esfuerzan por definir marcos que permitan que las acciones locales se conviertan en una forma de desarrollo sostenible global. Las grandes empresas están tratando (en cierta manera, movidas por el mercado) de identificar y desarrollar futuros mercados de crecimiento que creen nuevos modelos de negocio que atiendan las necesidades de miles de millones de personas de bajos recursos.

Se pide a los ciudadanos que apoyen las políticas nacionales y aumenten el gasto de dinero de impuestos para los esfuerzos de desarrollo y, al mismo tiempo, reduzcan la deuda pública para disminuir las limitaciones para generaciones futuras.

Por desgracia, ninguno de estos actores (instituciones públicas, compañías e individuos) ha demostrado tener la capacidad suficiente para resolver problemas como el calentamiento global, la erradicación de la pobreza o la asignación de fondos a educación, desarrollo económico e innovación tecnológica.

Los únicos que están teniendo éxito en esta tarea son los emprendedores sociales, este grupo de empresarios que está transformando los dilemas sociales de países en desarrollo en problemas manejables, resueltos de manera innovadora y emprendedora.

Se trata de los ejemplos más palpables de compañías que construyen esperanza y optimismo desde el principio enfocándose en lo que se puede lograr a nivel local, en lugar de tratar de implementar las ‘mejores prácticas’ globales, como han intentado armar organizaciones de desarrollo desde hace décadas.

Los emprendedores sociales a menudo aumentan sus iniciativas a una escala y un alcance inesperados, y cambian el concepto de lo que es posible en el trayecto.

Nuestro análisis está basado en la cantidad de iniciativas cuyos fundadores fueron reconocidos como emprendedores sociales destacados por la Fundación Schwab, establecida por Klaus Schwab, director ejecutivo del Foro Económico Mundial que se celebra cada año en Davos.

El fenómeno del emprendimiento social
Si uno busca en internet el término ‘emprendimiento social’ puede obtener unos 158,000 resultados. Aunque este tipo de iniciativa parece empezar a tener éxito, las investigaciones académicas sobre el fenómeno aún son escasas. Sólo en los últimos cinco años, algunas escuelas de negocios han establecido centros de investigación para este tipo de empresas.

Si bien el concepto del emprendimiento social está ganando popularidad, no todos saben exactamente de qué se trata. Muchos asocian a los emprendedores sociales con las organizaciones sin fines de lucro. Otros lo usan para describir a los empresarios que integran la responsabilidad social en sus operaciones. ¿Qué significa realmente? ¿Qué se necesita para ser un emprendedor social?

Ni el término ‘emprendimiento’ ni ‘social’ se prestan a una definición clara.

Quien mejor conoce a este tipo de empresarios es Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial de Davos. En 1998 creó la Fundación Schwab, que busca destacar la acción de los emprendimientos sociales.

Un emprendimiento social exitoso debe demostrar innovación, alcance y oportunidad, capacidad de reproducirse, sustentabilidad e impacto social positivo directo. Y tiene que ser un negocio real, con ganancias palpables.

Con estos criterios, desde su inicio, la Fundación Schwab ha seleccionado cada año a sus ‘10 emprendedores sociales destacados’ (véase recuadro sobre el capítulo México de dicho concurso).

Actualmente la red de Schwab cuenta con 84 emprendedores sociales que dirigen unas 74 firmas. Por lo general, la Fundación elige a los miembros de su red cuando su empresa está en etapa de crecimiento y expansión, dándoles la oportunidad de conectarse con miembros del Foro Económico Mundial y entre ellos, en lugar de ofrecer subvenciones en efectivo.

En los últimos años, muchos empresarios han destinado fuertes sumas de dinero para el apoyo de iniciativas sociales. Por ejemplo, Jeff Skoll, cofundador de eBay, quien creó una fundación y donó 4.4 millones de libras (8.5 MDD aproximadamente) para establecer un centro de investigación para emprendedores sociales; Jeff Bezos, fundador de Amazon, ofrece un premio de 1 millón de dólares para quien aporte enfoques y soluciones innovadores para mejorar eficazmente a las comunidades.

LOS BUENOS EJEMPLOS
Un buen enfoque para entender el fenómeno del emprendimiento social es analizar su importancia para el logro de resultados tanto sociales como económicos. Especialmente en los países más pobres, donde hay vacíos de estructuras gubernamentales y de mercado, los emprendedores sociales descubren y crean oportunidades locales y contribuyen al desarrollo social, humano y económico. La dramática necesidad de desarrollo en estas naciones puede explicar cómo algunas iniciativas empresariales pequeñas pudieron crecer a una escala impresionante y expandir su alcance para cubrir una variedad de actividades humanas, sociales, culturales y económicas.

Los ‘emprendedores sociales’ están transformando los dilemas sociales de los países en vías de desarrollo en problemas manejables, que solucionan de manera innovadora. Ellos generan ilusión y optimismo donde no los había, centrándose en lo que se puede alcanzar a nivel local –a menudo dotando a sus iniciativas de una dimensión y alcance inesperados– y, de paso, cambiando nuestro concepto de lo que es posible.

BRAC, en Bangladesh, una organización que ha crecido a lo largo de 20 años y ahora es considerada la empresa social más grande del mundo, es un ejemplo de esta dinámica.

Después de una sangrienta guerra de liberación con Pakistán, el país se independizó en 1971. Millones de refugiados regresaron, la mayoría de India, sólo para encontrar destrucción, violencia y miseria humana.

Fazle Hasan Abed, un ejecutivo de cuentas bangladesí, que trabajaba para Shell en Londres, decidió hacer algo acerca de la situación. En 1972 fundó el Comité de Ayuda para la Rehabilitación de Bangladesh (BRAC) con una pequeña subvención de Oxfam, una ONG internacional, como un proyecto de ayuda temporal con enfoque regional.

Las experiencias de principio de los 70 demostraron que las medidas de ayuda no impactaron a los pobres y que se necesitaba encontrar diferentes soluciones a través de la experimentación y el aprendizaje. BRAC estableció una división de investigación y monitoreo para apoyar los prototipos sistemáticos, la evaluación y el aprendizaje, para sacar programas que funcionaran y limitaran el riesgo de fracasos.

La innovación y el aprendizaje fueron, por lo tanto, una parte integral de la cultura y el sistema de organización de BRAC desde el principio. La operación cambió de proyectos de ayuda a la construcción de una organización para el desarrollo integral de los pobres. Combinaba el cambio de aptitudes, el mejoramiento de situaciones de salud y educación, el suministro de capital y la creación oportunista de actividades para generar ingresos.

Al cobrar pequeñas cuotas (a veces simbólicas), la idea era hacerse tan autosuficiente económicamente como fuera posible e inculcar un sentimiento de propiedad que generara incentivos positivos en los participantes. A través de los años, BRAC se hizo más sofisticada al segmentar a los pobres en varios niveles, cada uno con necesidades únicas. Ha establecido programas a la medida para todos los niveles de pobreza y capacidades, que han permitido que incluso los más pobres tomen un camino de desarrollo que los integre a la vida social y económica.

Gran parte de los emprendedores sociales como BRAC se enfocan en cambiar el contexto que influye en cómo la gente percibe el mundo. Como lo dijo un gerente de esta organización: “Tan pronto como los pobres empiezan a entender que la pobreza no es un estado normal sino un síntoma de las cosas que faltan, su percepción de la vida cambia. De pronto hay esperanza de un futuro diferente”.

Otro excelente ejemplo de cómo erradicar la pobreza con ideas muy enfocadas es Sekem. Esta empresa fue fundada por Ibrahim Abouleish y tiene su sede en Egipto. Abouleish había visitado el país en 1975, después de muchos años en el extranjero, para mostrar a su esposa austriaca y sus dos hijos la belleza de este lugar. Pero la imagen fue sombría. Los problemas sociales, la pobreza generalizada y la falta de esperanza lo dejaron impactado. En 1977, Abouleish dijo adiós a una vida segura y cómoda, así como al alto puesto (y sueldo abultado) que tenía en una empresa farmacéutica en Austria.

Para dar estructura a su visión, empezó una iniciativa y la llamó Sekem, que significa ‘vitalidad del sol’. Quería probar que el desarrollo no era necesariamente dependiente de donativos, recursos abundantes, planes estratégicos o la aplicación de modelos económicos sofisticados. Su decisión y su buena dosis de terquedad lo llevaron a probar su idea de una forma drástica.

Compró un terreno desértico en los alrededores más pobres como punto de arranque para su iniciativa. Usando imaginación y creatividad construyó y consiguió los recursos que necesitaba (fuente de agua, edificios, caminos, electricidad) y transformó el desierto en una porción de tierra fértil con ayuda de estiércol orgánico que había recibido como donativo de Alemania. En los 80 y 90, Sekem se convirtió en un moderno conglomerado de empresas, basado en la agricultura orgánica y la biofarmacéutica. Actualmente cuenta con un centro médico moderno, un jardín de niños, escuelas primarias y secundarias, una academia y una orquesta. Además, Sekem estableció muchas organizaciones de socios y una red de muchos miles de agricultores para permitir una amplia variedad de actividades comerciales, sociales y culturales que abarquen los sectores más pobres de la sociedad egipcia.

En 2003, Ibrahim Abouleish fue el primer emprendedor social en recibir el premio Right Livelihood, que ha honrado a mucha gente y organizaciones importantes desde su comienzo en 1980. Ampliamente conocido como el ‘Premio Nobel Alternativo’, y que por tradición es otorgado en Estocolmo el día antes de la ceremonia del Premio Nobel.

LO ESENCIAL QUE NO ES INVISIBLE
Tras décadas de experimentación, los esfuerzos de las organizaciones multilaterales de desarrollo no han ideado ningún diseño con posibilidades de ser imitado y que permita un desarrollo económico sostenible a escala verdaderamente global. Gro Harlem Brundtland, autor del informe sobre desarrollo sostenible de Naciones Unidas de 1987, constató que no existía ni un solo “proyecto de sostenibilidad” en el mundo.

Hoy en día, muchos países pobres se sienten abrumados por la necesidad de administrar un número cada vez mayor de iniciativas de desarrollo, que, además, son más sofisticadas y complejas. De ahí que la principal crítica de muchos observadores a los esfuerzos de desarrollo tradicionales sea que el desarrollo sustentable no se puede diseñar o alcanzar únicamente a través del suministro y la administración central de recursos. Es necesario un nuevo enfoque, que busque soluciones y cambie los sistemas causantes de los problemas originales; un enfoque que no persiga unos resultados positivos en conjunto o de media, sino que sean los individuos los propietarios de esos resultados positivos.

Esta premisa es la clave del fenómeno de la iniciativa emprendedora social: la capacidad de cambiar las vidas de personas y los sistemas que crean y perpetúan la pobreza.

1. El fracaso de los modelos tradicionales
El desarrollo es un proceso complejo y no puede ser ‘programado’.

La comprensión de que décadas de experimentación y esfuerzos a gran escala de organizaciones multilaterales de desarrollo, no ha revelado ningún diseño reproducible que pudiera permitir el desarrollo económico sustentable a una escala verdaderamente global. Además, claramente no hemos logrado el objetivo original de la ‘equidad social’, ni para la sociedad de hoy ni para la de mañana.

Aunque los niveles de consumo para los más pobres son insuficientes para producir estándares de vida decentes, los de los ricos pueden aumentar el riesgo general de cambios repentinos en los sistemas de soporte vital del planeta.

Esto se refleja en las preocupaciones sobre nuestro nivel de uso de los recursos naturales y la producción de desechos como resultado de éste. Ya que no tenemos fórmulas acordadas o puntos de referencia que pudieran guiar decisiones para equilibrar los gastos de hoy con los ahorros de mañana.

2. Es improbable que lo que se necesite sea más ayuda
En el Foro Económico Mundial de Davos, la petición de líderes como Tony Blair de más ayuda destaca el hecho de que la prioridad sigue siendo dada a los intentos continuos de ‘financiar’ los logros de los Objetivos del Milenio (los objetivos de la ONU hasta 2015: erradicar la pobreza y el hambre, educación primaria universal, igualdad de géneros, reducción de la mortalidad infantil, mejoras a la salud materna, combate del sida y otras enfermedades, sustentabilidad del medio ambiente y fomento para crear una organización para el desarrollo mundial).

Haciendo un mapa de todas las empresas de la red de la Fundación Schwab, se detectó que ellas aportan mucho más a la concreción de esos objetivos que cualquier política pública.

Curiosamente, no hay indicadores de que alguno de esos emprendedores sociales haya hecho un intento consciente de contribuir directamente a cumplir con estos objetivos de la ONU, ya que la mayoría fueron fundados mucho antes de que se definieran oficialmente. Aun así, muchos de los modelos que construyen los emprendedores sociales a través de la experimentación y el ensayo y error, están al nivel de los objetivos establecidos por la comunidad de desarrollo.

No está claro cómo más ayuda daría resultados positivos para los pobres. En la última década, a medida que los proyectos de desarrollo se hacían más sofisticados y complejos, muchos países pobres ya estaban abrumados por la necesidad de administrar un mayor número de proyectos de desarrollo.

Lo que puede ser necesario es un enfoque nuevo para encontrar soluciones y cambiar los sistemas que ocasionaron los problemas, en primer lugar, y que esté guiado por la posesión de resultados positivos de individuos.

Esto está en el centro del fenómeno del emprendimiento social: cambiar las vidas de la gente real y cambiar los sistemas que crean y sostienen la pobreza.

Los emprendedores sociales deben servir de inspiración a la hora de concebir modelos organizativos innovadores, capaces de satisfacer las carencias de los más necesitados, tanto a nivel público (de gobierno) como en el ámbito privado. Además, otras de las características de este tipo de empresas es que siempre los mejores modelos son rentables y replicables, expandiéndose en tamaño y alcance.

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