Negocios de fondo

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Luis Granovsky

En el mundo empresarial hay negocios buenos, malos y librerías. Resulta complicado medir los resultados de un vendedor de libros sin considerar el valor social de la actividad. Y cuando hay fondos públicos en su operación, todo se enreda aún más. El Fondo de Cultura Económica (FCE) reúne todas las condiciones anteriores.

Por un lado esta librería, creada hace 72 años, recibió 145 millones de pesos (MDP) de recursos públicos durante el año pasado. Por el otro, en ese mismo año crecieron sus ventas 22% y ahora espera que suban otro 25% en 2007, con lo que llegarían a 250 MDP.

Desde 2000, la librería está inmersa en un plan de expansión y amplía algunas sucursales. Desde 2003, el FCE ha abierto nueve locales, tres de los cuales iniciaron operaciones apenas el año pasado. Con ambas estrategias extendió su piso de ventas de 2,105 a 6,588 m2.

Además, tiene planes para abrir tiendas en Morelia y dentro de las universidades de Veracruz, Chihuahua, Zacatecas y Morelos. Estas últimas operarían bajo un acuerdo o asociación académica con los centros de estudio. "Si los acuerdos fructifican serían cinco nuevas en 2007", señala Héctor Chávez, gerente comercial del Fondo.

Espacio es lo que necesita el FCE, pues su producción crece sin cesar. Hasta el año 2000, anualmente producía en promedio 1.23 millones de libros. Sin embargo, en los últimos cuatro años y medio, su promedio subió a casi cinco millones de ejemplares.

Éstas no son buenas noticias para todos. En un sector que apenas sobrevive, estos planes de crecimiento provocan envidia y la crítica de que hay una competencia desleal. "El Estado no debería editar más, ni siquiera los libros de texto, y menos subsidiar", comenta José Ángel Quintanilla, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem).

El Fondo dice que este subsidio lo usa para hacer ediciones sin pertinencia comercial, pero que son fundamentales para apoyar el proceso de aprendizaje y para poder seguir abriendo librerías. "Hay libros que si no los publicamos nosotros, no los publica nadie", dice Chávez.

Pero es difícil criticar la expansión del Fondo, aun cuando haya subsidios de por medio, siendo que México tiene muy pocas librerías si se compara con países de la región.

De acuerdo con el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), en el país hay 545 librerías que suman 1,261 puntos de venta. Esto equivale a una librería por cada 81,900 habitantes. En la región, sólo Brasil tiene una peor proporción, pero se está lejos de países como Argentina, Venezuela y Costa Rica (véase gráfico en esta página).

Chávez dice que la expansión de la librería le conviene a otros editores mexicanos. La mitad de los libros que ofrecen sus tiendas, por ejemplo, pertenecen a diversas editoriales.Además, el año pasado exportó libros de otras editoriales, como la UNAM, El Colegio de México y Conaculta, por un valor de 6.6 MDP.

Reconoce, sin embargo, las dificultades de la actividad. "El negocio de la librería es muy limitado", cuenta Chávez. Según sus cálculos, una librería que opera con mucho éxito ("¡con mucho éxito!", reitera), lo hace con márgenes de 10%. "Tenemos que verlo como un negocio cultural, en el que tiene que haber un equilibrio entre el aporte, la promoción del libro y la lectura", explica.

Tapa y contratapa

El Fondo está convencido de que los mexicanos sí leen, y que por ello hay que acercarle los libros y producirlos al menor precio posible. Los datos duros son menos optimistas. La Encuesta Nacional de Lectura más reciente, dada a conocer en los últimos meses del año pasado, reveló que cada mexicano lee en promedio 2.9 libros al año. Quintanilla cree que uno de los factores que influye en este bajo nivel es que el precio de los libros en la provincia aumenta un promedio de 40% en relación con el precio de la capital. Y eso que el costo del flete no supera 3% de su valor.

A pesar de ello, nueve de cada 10 municipios no tienen ni una sola librería. El extremo está en los estados de Tlaxcala e Hidalgo, en donde sólo hay una por cada 451,500 y 480,900 habitantes, respectivamente. El DF, por su parte, es el único que se acerca a los países desarrollados, pues hay una tienda de libros por cada 17,400 habitantes.

Gracias a eso, en esta zona, las inversiones en librerías se pueden recuperar más rápidamente. El FCE, por ejemplo, calculaba que tardaría 11 años en recuperar lo invertido en la librería Rosario Castellanos, ubicada en la colonia Condesa de la capital y considerada la más grande de América Latina. Sin embargo, luego de ver que en lugar de vender 2 MDP al mes lograba ventas de 3.5 MDP, este periodo bajó a 8.5 años.

A pesar de los buenos resultados de la expansión, el Fondo también debe lidiar con la piratería, que representa el equivalente a 20% de las ventas de este negocio, y las fotocopias de libros, que representan 60% del valor del sector.

Mientras no haya otra forma para promover el libro y la cultura, no se podrá ver a las librerías como negocio.

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