Lula y los pobres

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Raúl Ferro

Los brasileños fueron a las urnas el pasado 29 de octubre para elegir, en segunda vuelta, si el presidente Luiz Inácio Lula da Silva permanece en el gobierno o si da paso a Geraldo Alckmin, correligionario del ex presidente Fernando Henrique Cardoso. Esos comicios cerraron un agitado periodo electoral en América Latina. Quedan pendientes elecciones presidenciales en Ecuador, Nicaragua y Venezuela en lo que resta del año, a las que se debe sumar Argentina, cuyos ciudadanos irán a las urnas en octubre de 2007.

Las elecciones de los últimos meses han venido a confirmar el mapa político que se configuró en América Latina a principios de esta década. Incluso si los brasileños finalmente le dan el triunfo a Alckim (algo que no parecía probable a la luz de las encuestas publicadas al cierre de esta edición), la balanza seguiría inclinada a favor de la centroizquierda en el gigante sudamericano. El partido socialdemócrata de Alckim y Cardoso puede ser percibido como el más cercano a los intereses empresariales brasileños, pero sus raíces son claramente socialdemócratas.

Ya durante la campaña electoral, Alckim dijo que él estaba a la izquierda de Lula, en referencia a la conservadora política económica del actual presidente.

Sin duda, las favorables condiciones de la economía mundial de los últimos años han contribuido a la extensión del statu quo, tanto para la izquierda como para la derecha latinoamericana, como demuestran la reelección de Álvaro Uribe en Colombia y el triunfo (apretado, pero triunfo al fin) del candidato oficialista Felipe Calderón en México.

En este consolidado escenario político continental, sin embargo, las elecciones brasileñas dejan una interesante lección para los otros gobernantes de la región: no olvidar el tema de la pobreza en las agendas de desarrollo.

La pobreza fue lo que salvó a Lula y a su partido de una anunciada catástrofe electoral. El Partido de los Trabajadores (PT) del presidente brasileño enfrentó en los últimos años mayúsculos escándalos de corrupción que terminaron descabezando al equipo más cercano de colaboradores de Lula. El presidente, gracias a una muy bien manejada estrategia de comunicación y a la complicidad del establishment brasileño, que no quiso llevarlo a un juicio político, pudo sortear las olas de los escándalos, pero su futuro político no se veía promisorio a fines del año pasado. Sin embargo, pudo recuperar su imagen y obtener la primera mayoría en la primera vuelta electoral.

La fórmula de Lula fue volver a enfocarse en la pobreza, un tema que va más allá de la demagogia en el caso del presidente brasileño. Lula sabe de qué habla cuando habla de pobreza. Nació en la extrema pobreza y su familia fue parte de la ola migratoria que abandonó el empobrecido nordeste de Brasil para buscar un mejor futuro en la sureña Sao Paulo. Lula no se avergüenza de que pasó hambre. Por esta razón, sus mensajes a los pobres tienen un impacto especial.

Si bien el programa social emblemático de Lula, Hambre Cero, fue un fracaso, su gobierno lo reemplazó rápidamente por el plan Bolsa Familia, que unificó los programas de asistencia de su predecesor y los amplió. Se estima que hoy benefician a unos 10 millones de familias. En febrero, las encuestas comenzaron a reflejar la resurrección política de Lula, 41% dijo apoyarlo porque “cuidó de los más pobres”, aunque sólo 21.6% lo prefirió debido al crecimiento económico.

Más allá de su utilidad como estrategia electoral, la sensibilidad de Lula hacia los pobres ha demostrado ser una herramienta de gobernabilidad eficaz. En la complicada lucha por el crecimiento económico en la que estamos enfrascados, está sensibilidad hacia los pobres debe ser vista con atención por los líderes de los otros países latinoamericanos, en especial por aquellos como México, donde la pobreza es una lacerante asignatura pendiente. Como lo sabe muy bien Lula, el hambre es algo brutalmente real y concreto, mucho más que cien optimistas cifras macroeconómicas.

El autor es periodista económico y consultor privado.
Comentarios: raul.ferro@expansion.com.mx

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