Los verdaderos evasores

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Freakonomics

Hace poco David Cay Johnston escribió para The New York Times sobre cómo el Servicio de Rentas Internas (SRI) recurre al outsourcing para cobrar impuestos a los morosos.

“Se espera que el programa de recolección privada de deudas recaude 1,400 MDD en 10 años. De esa suma, las agencias se quedarán con 330 MDD (entre 22 y 24%)”, escribe Johnston.

Sin embargo, aunque el SRI sabe quién evade impuestos y dónde está, no les cobra porque carece de autoridad suficiente. Así que paga un alto precio a alguien más para hacerlo.

El SRI admite que la recaudación externa es más onerosa que si lo hiciera por sí misma. Johnston cita al ex comisionado Charles O. Rossotti, quien informó al Congreso que si el SRI contrataba más agentes “podría recolectar unos 9,000 MDD adicionales al año, y gastar sólo 296 MDD (3%) para lograrlo”.

Aun si Rossotti exagerara, el gobierno podría conseguir un menor costo al contratar más agentes que pactando con una agencia que se lleva 22%. Pero el Congreso, que aprueba el presupuesto del SRI, no quiso darle más recursos.

¿Por qué? El Congreso está satisfecho con establecer las tasas de tributación, pero no quiere ser juzgado por dar demasiado apoyo a los que recolectan ese dinero.

Quizá si los congresistas ponen una etiqueta a los evasores de impuestos, como lo hicieron con los terroristas o narcotraficantes, el SRI tendría más presupuesto como la guerra contra el terrorismo o la DEA para combatir las drogas. ¿Qué tal si demonizaran a los evasores poniendo énfasis en que la diferencia entre la evasión fiscal y el dinero recolectado es del tamaño del déficit federal?

En una de ésas, podrían poner las fotos de los defraudadores en envases de leche, volantes del correo o en la lista de los America’s Most Wanted.

Por ahora, tendremos que conformarnos con que el SRI siga dándole el trabajo a las agencias de recolección, con lo cual, un montón de dinero se sigue despilfarrando. (SD)

Más Caro Por Docena
Este verano viajé con mi familia a Wisconsin Dells. En el parque donde hicimos escala, hay un local de peinadoras que hace trenzas para niños con el siguiente esquema de precios: tres trenzas: 10 dólares; seis trenzas: 22, y cada trenza adicional: 4 dólares. Rara vez cada unidad adicional de un producto es más cara que las primeras. Y hay un montón de buenas razones para ello.

Primero, el costo de proveer una unidad más al cliente es generalmente más bajo. Por ejemplo, buena parte del tiempo para hacerle las trenzas a mi hija Olivia se gastó en decidir el estilo y lograr que se sentara. Lo demás fue rápido.

Segundo, los economistas piensan que los beneficios marginales obtenidos por los consumidores declinan cuanto más tienen de un mismo producto.

Es decir, la primera trenza era más valiosa para mi hija que la número 99. Así que poner el precio con descuentos por la cantidad tiene sentido.

Tercero, si no hay una razón que explique porqué las últimas trenzas son más caras que las primeras, esto provoca que los consumidores se enojen.

Las peinadoras no se inmutaron con estos razonamientos hechos por mi esposa (que no es economista). Dijeron que estaba bien si mi hija quería tener tres trenzas ahora y volver más tarde para hacerle las otras, pero no harían descuentos.

Me perdí la discusión porque llevé a mi otra hija, Sophie, a hacerse un tatuaje temporal. El tatuador cobró por el primer color 5 dólares y cada color adicional costó sólo 1 dólar.

Al final, las seis trenzas de Olivia lucían muy bien, aunque a 22 dólares no fueron precisamente una ganga. (SL)

DISTRIBUIDO POR TRIBUNE
Stephen J. Dubner (SD) y Steven D. Levitt (SL) son autores del libro Freakonomics: A Rogue Economist Explores the Hidden Side of Everything.
Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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