Gabinete de claroscuros

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La definición de con quiénes gobernará, expresa el estilo per- sonal del presidente: su diagnóstico de los retos mayores que identifica, las tareas que asigna y la seriedad de su compromiso con la sociedad. Además, el armado del rompecabezas enfrenta duramente al presidente con sus límites: aunque la Constitución lo faculta para designar libremente a los secretarios de Estado, ni siquiera en los tiempos del presidencialismo exacerbado, el titular del Ejecutivo designaba libremente a sus colaboradores. Las cuotas a grupos políticos de ex presidentes, fuerzas armadas o centrales obreras y campesinas, por ejemplo; los vetos de los poderes fácticos y el pago de facturas, entre otros, condicionaban las designaciones.

A partir de 2000, con la alternancia, se multiplicaron los límites. El presidente no integra su gabinete como quiere, sino como puede, así lo expresa el equipo que acompañará a Felipe Calderón en el primer tramo.

Siendo todos los cargos del gabinete relevantes, hay posiciones que perfilan su orientación: SHCP, Gobernación, PGR, SEP y SSA, significativamente. Si designar a Agustín Carstens para la SHCP mostró prudencia (con las finanzas públicas no se juega), mover a Javier Lozano de su destino natural, SCT, para llevarlo a la STPS, mostró la dificultad para encarar a los poderes fácticos y dejó un mensaje de anemia política.

En el caso de la SSA, la oposición de los sectores más conservadores del PAN a la permanencia de Julio Frenk, un profesional de clase mundial, fue más allá: logró ubicar en su relevo a un médico cuyos valores confesionales entran en contradicción con políticas públicas relacionadas con avances científicos y la salud de amplios sectores de la sociedad.

En otro frente, la designación de un hombre cercano a Calderón, Francisco Javier Ramírez Acuña, en Gobernación, envía otro mensaje desconcertante: ¿mano firme o mano dura en la conducción de la política interior? El que se precia de ‘duro’ no fue nombrado procurador en la PGR, donde el desbordamiento del crimen organizado reclama decisión y valor personal, sino en la secretaría responsable de la relación del Ejecutivo con otros poderes, la que debe construir puentes, no volarlos, sobre todo en el ambiente de polarización y encono que dejó la contienda electoral.

Las distintas lógicas
La integración de los gabinetes responde a distintas racionalidades. En el equipo económico, con las designaciones de Carstens (SHCP), Georgina Kessel (SENER) y Luis Téllez (SCT) —tres profesionales con experiencia administrativa, conocimiento de sus ramos y sólida formación académica— el Presidente envió a los inversionistas de México y el exterior la señal de que mantendrá la ortodoxia en la economía.

El gabinete social es claramente del partido: todos militan en Acción Nacional: Beatriz Zavala (SEDESO), Juan Rafael Elvira (SEMARNAT), Alberto Cárdenas (SAGARPA), Josefina Vázquez Mota (SEP), José Ángel Córdoba (SSA) y Abelardo Escobar (SRA).  Vázquez Mota es la más experimentada del grupo, tiene ante sí un reto formidable: sacudir al sistema educativo para ser el sustento más sólido y meter al país en el siglo XXI.

En Política Exterior y gobierno, el factor común es la cercanía política y personal con el Presidente: José Francisco Ramírez Acuña (SEGOB), Germán Martínez (SFP), Juan Camilo Mouriño, “ojos y oídos del Presidente”, (Oficina de la Presidencia) y Arturo Sarukhán (representante ante EU).

En seguridad nacional y justicia, hay que subrayar la designación de Eduardo Medina Mora como procurador general de la República. En seis años en el gobierno de Fox (CISEN y SSP) no mostró que pudiera con la consigna de ‘rescatar los espacios públicos’ y encarar el ascenso y brutalidad del crimen organizado. ¿Otra concesión a los poderes fácticos?

En la integración de su equipo, la primera decisión crucial en el arranque de su gobierno, el balance es de claroscuros. Calderón no puede equivocarse en lo que sigue.

El autor es director de Grupo Consultor Interdisciplinario
alfonso.zarate@expansion.com.mx

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