La nueva economía verde

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Alan MacDiarmid

Cuando en el mundo se comiencen a agotar las reservas de crudo, carbón y gas, quizá sea tecnológicamente factible recuperar otros combustibles fósiles, pero no ‘económicamente recuperables’. Un claro síntoma de ello es el precio del petróleo que ha alcanzado hasta 70 dólares por barril.

El incremento en los precios del crudo aumenta la viabilidad financiera de cualquier forma alternativa de energía renovable. En cambio, si el precio cae, la factibilidad económica de las energías alternativas disminuye.

En la edad antigua, la gente pescaba, cazaba o recolectaba frutos. Luego aprendió a cultivar en granjas. Pero hoy todavía ‘cazamos’ la energía fósil: carbón, petróleo y gas natural.

Ahora que el desarrollo es mayor podríamos comenzar a cultivar nuestras necesidades energéticas, ha llegado ahora la hora de crear ‘granjas de combustible’

El tipo de energía que es más proclive a su producción en granja es el alcohol bioetílico, o etanol, como se le conoce comúnmente. Está hecho principalmente de la fermentación del azúcar y ciertas partes del maíz. O bien el biodiesel, que es aceite combustible obtenido de la soya, las semillas de girasol y otras plantas parecidas.

Mientras que un país limitado por su clima o condiciones del suelo para el cultivo de azúcar o maíz, puede crear combustibles a partir de materiales celulósicos que se encuentran en el desperdicio de la madera o en los desechos de cualquier producto de granja.

Si esta celulosa puede descomponerse con enzimas en azúcares que puedan fermentarse fácilmente para convertirse en etanol, entonces habrá pocos límites para el amplio uso de biocombustibles. Ya se han implementado proyectos piloto para esto, y los resultados son promisorios. Cada día se están reduciendo los costos porque los de la enzima para la celulosa se están volviendo más y más baratos con la investigación activa.

Con el tiempo, en lugar de una economía de petróleo, viviremos en la economía del bioalcohol. El combustible del mundo será derivado de los árboles, arbustos y pastos que pueden crecer casi en cualquier clima del planeta.

Lo maravilloso de utilizar combustibles de plantas vivas, es que cualquier dióxido de carbono liberado a la atmósfera por biocombustible será reabsorbido por las hojas de otras plantas. Entonces lograremos un equilibrio en el que la cantidad de dióxido de carbono liberado al aire no aumentará ni disminuirá y por ende no contribuirá al calentamiento global, como lo hacen hoy los combustibles fósiles.

Por ahora ninguna forma de energía renovable (biocombustibles, solar o eólica) cubre todas las necesidades de energía de un país. Y necesariamente, se debe tener una mezcla de combustibles alternativos con fósiles.

Lo que describo ya ocurre en Brasil, un nación que en la actualidad  es independiente de la importación de petróleo. Hoy en esa nación se producen cada año seis millones de automóviles híbridos que operan con alcohol etílico puro o en combinación con gasolina. Uno puede llegar a cualquier gasolinera y ver dos tipos de bombas: una de alcohol y otra gasolina, aunque la gasolina ya tiene 22% de etanol integrado. Por el momento, un galón de etanol es más barato que su equivalente en gasolina.

En Europa va en aumento el número de autos híbridos. Y Ford ya ha dicho que producirá 250,000 autos de este tipo en EU.

Uno se pregunta: si Brasil puede convertirse completamente a los biocombustibles, ¿por qué Estados Unidos no lo hace, en especial ahora que está atrapado por su dependencia del petróleo del Medio Oriente, con todos los conflictos subsecuentes y su contribución al fatídico calentamiento global?

De no hacerlo otros países se adelantarán a Estados Unidos en su entrada a la nueva economía del bioalcohol.

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El autor neozelandés recibió el Premio Nobel de Química en 2000; también es profesor de química en la Universidad de Pennsylvania.
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