Un aterrizaje suave

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Paul A. Samuelson

Los estadounidenses y millones de personas que exportan hacia EU e importan nuestras nuevas tecnologías esperan fervientemente un suave aterrizaje económico. Tienen el temor comprensible de que el aumento global en los precios de la energía desaten una aceleración inflacionaria mundial.

Pero para comenzar, permítame reportar que en otoño de 2006, la mayoría de las estadísticas económicas favorecían el escenario de ‘aterrizaje suave’. Con ello quiero decir que la baja en el precio del petróleo de 80 a 60 dólares por barril explica en parte el optimismo. Sí, esto ayuda. Pero los volátiles precios de la energía podrían aumentar de nuevo.

De cualquier forma, no veo probable que en 2007 la FED se involucre en una disminución sucesiva de tasas. Esto ocurriría únicamente después de que se acumularan peores noticias estadísticas. La Reserva Federal mantendrá su grado de control de créditos. Sin embargo, si los precios al consumidor comienzan a acelerarse y al mismo tiempo el crecimiento real del PIB se vuelve más fuerte, entonces la FED podría anunciar nuevos aumentos periódicos de un cuarto de punto.

¿Significaría una renovación del freno del Banco Central o una recesión en EU para 2007? No, es lo que creo. Inclinarse contra el viento de la aceleración central en la inflación es lo que los doctores en economía recetan cuando el gasto boyante excede el nivel consistente con una inflación apenas modesta. Aplacar la inflación de la aceleración sólo debe prevenir los picos no sustentables en la producción. No es necesario que cause una recesión plena.

Crecientemente, después de alguna conferencia, me preguntan: una mayoría del Partido Demócrata en el Congreso, ¿representará una ideología antiempresarial? ¿No es ésta una razón para temer un futuro adverso en prácticas fiscales antiempresariales que harán más lenta la locomotora estadounidense y el progreso global de 2007 a 2010?

Luego de mucha reflexión, aquí están mis perspectivas: el fuerte retorno del poder a los demócratas será cuando mucho, un periodo de inactividad política. Ninguna o poca acción del Congreso, en mi análisis, lleva a mejores programas fiscales que lo que hemos tenido entre 2001 y 2006 con George W. Bush.

Las reducciones fiscales de Bush para los ricos (menores tasas de impuestos estatales y más hoyos inducidos por antesalistas en los códigos fiscales) no tienen ninguna genuina relación causal con el aumento en la productividad total estadounidense de 1995 a 2006. Por el contrario, estos deterioros en el gobierno corporativo han permitido inflar expansivamente los ingresos de los directores ejecutivos, pero sin inducir nuevas eficiencias tecnológicas corporativas.

Si acaso, los ejecutivos de hoy, excesivamente pagados, se ven principalmente motivados a usar prácticas contables engañosas para hacer subir el precio de sus acciones sólo por un periodo temporal durante el cual hacen efectivas sus opciones bursátiles. Tanto los accionistas de nuestras grandes corporaciones como el público trabajador cuyos salarios dependen de las genuinas innovaciones en productividad, han sido lastimados más que auxiliados por los regalos fiscales amables para los ya pudientes de Bush-Cheney.

Ésta es una inferencia que viene no de mis posiciones ideológicas críticas a la desigualdad creciente, sino que refleja lecciones aprendidas de la historia económica de 1950 a 2006.

Los banqueros de inversión y Wall Street son menos fuente del innovador progreso global que los laboratorios, las aulas universitarias y la investigación pública. Cuando personalmente fui sujeto de una tasa de impuesto marginal de 90%, trabajaba tan duro o más que cuando esta tasa cayó (en mi caso) a 35%. 92% era demasiado; 17% sería muy poco en un siglo en que las necesidades públicas insatisfechas estarán creciendo. El retorno a una democracia bipartidista es benéfico para EU y para la estabilidad global.

DISTRIBUIDO POR TRIBUNE
El autor fue premio Nobel de Economía en 1970.
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