México sin paraguas

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Mauricio González

El gobierno de Felipe Calderón inició con el pie derecho. En sólo dos meses llenó varios de los vacíos que cavó su antecesor. Es así que el panorama económico para 2007 ofrece posibilidades de avance. El escenario oficial señala un crecimiento de 3.6%, con un entorno financiero estable. Sin embargo, estas metas no dependen exclusivamente de sus políticas. Hay factores que podrían opacar o revertir la mejoría de la economía mexicana, como el crecimiento de EU.

Varios gobiernos en México han padecido los estragos de la desaceleración del vecino del norte. La más reciente, en 2001, derrumbó la oferta del ex presidente Fox de crecer 7% anual. En su momento no se tuvo en cuenta que la economía estadounidense frenaría de forma abrupta (creció 0.8% ese año, 3 puntos porcentuales menos que en 2000). Esto ocasionó que México se estancara justo al inicio de ese sexenio, y mermó la expectativa de cambio que se había sembrado.

El gobierno actual fincó su escenario macroeconómico suponiendo un aumento del PIB estadounidense de 2.5% en 2007. Una encuesta reciente entre 60 especialistas en economía de EU, elaborada por The Wall Street Journal, avala dicha previsión. El equipo del presidente Calderón ha sido cauto en elaborar su escenario, no obstante, esto no exime de riesgos la posición nacional. La opinión especializada está bastante dividida respecto a ese pronóstico. Prácticamente uno de cada tres economistas estadounidenses anticipa que en los próximos 12 meses ese país entrará en recesión.

Varios sectores de EU ya se desplomaron, entre ellos la producción industrial, que en el tercer trimestre de 2006 creció a la tercera parte de lo observado en el primero; las ventas de automóviles descendieron 5% en 2006, al igual que la construcción de casas habitación, que se redujo 30%.

El desconcierto entre los economistas es si lo ocurrido en estos rubros se trasladará al sector servicios (educación, salud, hoteles, entretenimiento, comunicaciones, transporte y otros), que hasta ahora mantiene un aumento saludable.

Para los estadounidenses el dilema es creer a los optimistas, que apuestan a un repunte de su economía en el segundo semestre de 2007 y, por ende, alcanzar el crecimiento de 2.5% mencionado, o a los pesimistas, que estiman una contracción económica general.

Para los mexicanos la situación es más complicada. Decía que el gobierno de Calderón fue relativamente cauto al considerar la opinión de los especialistas extranjeros respecto al futuro de EU, aunque apostó a los optimistas. El punto es qué medidas podría tomar la administración federal para contrarrestar de manera eficaz una recesión estadounidense. La respuesta es desalentadora: muy pocas, prácticamente ninguna.

Los errores y la mala administración económica de las pasadas tres décadas obligaron al gobierno mexicano a autoamarrarse las manos para evitar nuevas equivocaciones, lo que de ribete impide que pueda defenderse de los impactos del exterior. El gasto público no es susceptible de incrementarse internamente para amortiguar una caída de la demanda externa debido a la restricción presupuestal; re­ducir los impuestos para fomentar la actividad privada es impensable, por lo precario de las finanzas públicas; expandir la inversión pública recurriendo al endeudamiento no es factible pues la nueva legislación hacendaria demanda un presupuesto balanceado, y que el banco central disminuya las tasas de interés para alentar la demanda agregada es poco probable, por el temor de que repunten el tipo de cambio y la inflación.

Todos los instrumentos comúnmente utilizados en los países desarrollados para atenuar las temporadas de ‘vacas flacas’, en México están vetados. La tormenta se avizora. El viento igual la acerca que la disipa, pero lo peor para México no es que llueva, sino que se ha quedado sin paraguas.

El autor es presidente ejecutivo de Grupo de Economistas y Asociados
Comentarios: mauricio.gonzalez@expansion.com.mx

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