El ciclo económico

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Sergio Sarmiento

Desde hace más de 80 años, los economistas definen las etapas del ciclo económico en términos más amplios que simplemente el crecimiento del PIB. La expansión exitosa de una economía debe incluir el impacto en el mercado laboral.

En una columna pasada, comentamos que el sexenio de Fox tuvo un crecimiento anual promedio de 2.3%, que se compara desfavorablemente con el de Salinas (3.9%) y el de Zedillo (3.5%). Únicamente supera al sexenio de De la Madrid (0.3%), de los años 80, que fueron conocidos como la década perdida. Sin embargo, su desempeño en materia laboral fue peor, ya que apenas logró un promedio de 204,000 empleos al año, comparado con 566,000 de Zedillo, 408,000 de Salinas y 290,000 de De la Madrid.

Los ciclos económicos son importantes, ya que cada una de sus etapas tiene implicaciones diferentes para la actividad económica. No obstante, el reto es buscar cómo evitar o minimizar las recesiones y prolongar las etapas de expansión.

La NBER de EU, organización privada no lucrativa de investigación económica, es la encargada oficial de determinar las fechas de comienzo y terminación de cada etapa del ciclo económico. En su determinación se consideran variables como la producción industrial, el empleo no agrícola, las ventas y el ingreso personal real. Utiliza estas variables debido a que una recesión o expansión no están limitadas a un sector sino al comportamiento generalizado de la economía, que incluye el mercado laboral.

Por lo mismo, la definición oficial de una recesión es distinta a la popular de dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo del PIB. Más bien, la NBER le da poco peso al comportamiento del PIB y demás indicadores trimestrales, para concentrarse en cifras mensuales y más amplias.

En este sentido, el indicador que más se acerca a la trayectoria del ciclo económico es el índice compuesto de indicadores coincidentes, que en EU existe desde 1854.

Desafortunadamente, en México no tenemos una historia tan bien documentada. El INEGI empezó a construir este índice en 2000 y cuenta con una historia mensual desde 1980. En nuestro país ese indicador está formado por seis variables desestacionalizadas, que son el Índice Global de Actividad Económica (IGAE), la producción industrial, el índice de ventas al menudeo, los asegurados permanentes del IMSS, las remuneraciones pagadas en la industria maquiladora y la tasa de ocupación parcial y desocupación.

De esta forma, contiene tres variables que corresponden a la actividad económica y tres al mercado laboral (empleo, desempleo y salarios). El hecho de incorporar el comportamiento del mercado laboral y en especial del empleo ‘permanente’, castiga mucho al desempeño del sexenio de Fox. Si utilizamos el crecimiento de este índice como el mejor indicador global de cada sexenio, resulta que los de De la Madrid, Salinas y Zedillo, tuvieron un com¬por¬tamiento si¬milar, ya que crecieron 3.5, 3.7 y 3.6% al año, respectivamente. El sexenio de Fox tuvo una caída anualmente de 0.6%. En otras palabras, los tres sexenios anteriores terminaron mejor de lo que empezaron, cuando combinamos tanto el crecimiento económico como el aspecto laboral. Pero el de Fox fue decepcionante, ya que el poco empleo que produjo fue predominantemente temporal.

Estas cifras ponen de relieve el sexenio que empieza y lo que necesitamos hacer. No sólo se trata de alcanzar mayor crecimiento económico, sino también de traducir el crecimiento en una mayor creación de empleos permanentes. Al estar consciente de este reto, el presidente Felipe Calderón se autodenominó el Presidente del Empleo. Ahora nada más falta ver cómo lo va lograr.

El autor es director de Estudios Económicos de HSBC México.
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jonathan.heath@expansion.com.mx

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