Para qué somos buenos

Es momento de que los mexicanos hagamos lo que sí sabemos: mejorar procesos y productos.
Para el consultor Luis Arnal, la innovación es un proceso de
Dino Rozenberg y Alejandro Ángeles

Aportaciones de México al mundo hay muchas. Están las naturales, como el jitomate, la flor de nochebuena o el cacao. Y también destacan creaciones de mexicanos, como la televisión a color, el retrato hablado o el amparo judicial. Éstas nos hacen sentir campeones de la creatividad. Y a esto, se suman las que otros lograron, como las patentes que registran las multinacionales en manufacturas. Pero nunca es suficiente para la globalización. México es el lugar 30 de 36 naciones en innovación, según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

Autoridades, universidades y empresas soslayan la pobre inversión en investigación y desarrollo (I+D), diciendo que el mexicano siempre halla soluciones y resuelve. No obstante, el diagnóstico sobre política de innovación 2001-2006 del gobierno actual dice que la cultura de improvisación impide la innovación. Pero no todo es tan negro. Los analistas afirman que, pese al rezago en indicadores como patentes, posgrados o publicaciones, hay un buen aparato de desarrollo de ideas y los clusters son la plataforma sobre la cual se puede construir. “Donde hay competencia hay innovación”, dice Ricardo Zermeño, director general de Select, firma de investigación de tecnología de la información. “Así destacan las plantas de electrónica en Tijuana, o de autopartes en Ciudad Juárez”.

Navi Radjou, analista de Forrester Research, consultora de negocios, señala que México se debe concentrar en lo que hace bien: “Transformar la innovación de los demás”. Forrester ubica a las naciones innovadoras de acuerdo con su fortaleza y las divide en transformadores (México, Irlanda), financieros (Suiza, Japón), inventores (Corea, EU) y vendedores (Brasil). “México es un gran transformador”, asegura. “Toma avances de otros y los aplica en sus cadenas productivas”.

Primero protejo
En sí, la propuesta de los estudiosos de las cadenas productivas es que no se necesita de muchas invenciones para que un país sea innovador. “No es un asunto de científicos, sino de empresas”, dice Carlos Bazdresch, director del Programa de Ciencia y Tecnología del CIDE. La salida a ello es crear empleos y una masa crítica para montar más empresas y adoptar modelos de productividad avanzados.

“Buena parte de la innovación en México es más reactiva que proactiva”, comenta Rebeca de Gortari Rabiela, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. “La mayor parte de las innovaciones tienen que ver con la tropicalización de tecnologías ajenas”. Pero es un buen punto de partida. Muestra de ello es la efervescencia en las escuelas técnicas de Jalisco que, gracias al cluster de la electrónica, sacan cientos de ingenieros al año. “No importa de dónde son”, dice Radjou. “Si las empresas crean empleos con creciente rigor técnico, los mexicanos demuestran que pueden aprender más rápido que chinos o indios”.

Lo mismo sucede en el sector servicios. “Somos buenos para reproducir lo probado y exitoso… no hay tiempo para experimentos”, respondió Alberto Torrado, director general de Alsea (operador de Domino’s Pizza, Burger King, Chili’s y Starbucks, que venden más de 400 MDD al año) sobre la razón porque no crea su propia marca de comida rápida.

A pesar de los indicadores hay que dimensionar el tema. Lo dicen los expertos: la fortaleza de un país, su poder, riqueza y bienestar dependen de cómo utiliza las innovaciones y no las invenciones. “La mayor falla en las agendas de la innovación es que se ve a los países como si estuvieran obligados a tener todas sus capacidades de innovación en casa. Y eso no puede ser”, explica Radjou.

Logística, procesos, creación
Lo mismo que cineastas en Hollywood; campeones de box; pitchers en las Grandes Ligas, o la reciente camada de futbolistas en Europa, un puñado de empresas esparce la noticia que México sí innova.

Grupo Modelo o Grupo Bimbo no inventaron las redes logísticas. Pero el que lleguen a cada rincón del país con sus productos los convierte en casos de estudio.

Entre los emprendedores destaca Neology, empresa de localización por radiofrecuencia (RFID) con más de 20 patentes. Sus chips se usan en varios países para cuidar sus fronteras.

Un estudio de Boston Consulting Group (BCG) sobre 100 compañías de países emergentes distingue a seis firmas mexicanas. América Móvil, Cemex, Modelo, Gruma, FEMSA y Nemak: son “rivales de respeto en todos sus mercados”, dice BCG. Firmas a este nivel sobreviven porque adoptaron sistemas de organización empresarial para superar las crisis recurrentes de la economía mexicana.

La flexibilidad y sofisticación financiera de América Móvil, la visión de Gruma sobre el mercado hispano de EU, la eficiencia operativa de Cemex y su manejo de información de mercado, y el salto de FEMSA al mercado minorista, son innovaciones que les permiten destacar globalmente.

Esto va más allá de procesos. La industria de la electrónica de Guadalajara es ejemplo. Se trata de un área que pasó de tener mano de obra básica a más ingenieros por metro cuadrado que muchas zonas industriales del mundo. “Dimos la lección a quienes dudaban que podíamos transformar esta industria”, comenta Alejandro Sauter, director general de Siemens VDO. Con ventas de casi 850 MDD al año, esta empresa ha innovado tanto en procesos que ‘presta’ sus ingenieros a las subsidiarias en China para resolver problemas en planta.

El miedo a la crítica
Sin embargo, en México pocas compañías ven viable el modelo de Siemens VDO para entrar a grandes mercados o a la innovación. Más bien, cierran el paso a una política de colaboración más amplia, como exige la globalización. Es raro que empresas mexicanas apliquen el sistema de la multinacional 3M, que alienta a los empleados a presentar sus ideas para invenciones, y los vuelve millonarios si la idea prospera.

El miedo a la crítica y la verticalidad institucional crean una perspectiva conservadora que frena la innovación y el conocimiento. Hay quien lo atribuye a razones sociológicas: ¿Se puede ser innovador sin renunciar a los valores familiares y sociales?

“Para nosotros, innovación no es creatividad, y no debiera serlo para nadie”, dice Luis Arnal, director de In/Situm, consultora en innovación. “Debe entenderse como un proceso de mejora continua, gradual o de ruptura, apoyado en métodos e investigación. Toda innovación debe estar basada en las necesidades del consumidor”. Para precisarlo: los cambios cosméticos o las mejoras simples que no van a la esencia del mercado o el modelo de negocio no sirven, advierte Luigi Valdés, autor de libros sobre innovación. Es decir, bajo esa premisa no puede llamarse innovación a un sabor nuevo, un color o un envase. La propuesta es razonable. Innovación remite casi siempre al futuro y al cambio, y parte de las mejores cosas de México se enlazan con el pasado: tradiciones, familia, cultura, música y comida.

Innovando con la voz
Las estructuras rígidas y los liderazgos fuertes no dejan muchos espacios para la creatividad o la disidencia. La verticalidad, la falta de comunicación y los prejuicios tampoco son alimento para la creatividad y la invención. “Es difícil que se abran a nuevas ideas desde una posición cómoda”, comenta el ex conductor de radio Olallo Rubio, que en la desaparecida estación Radioactivo 98.5 alcanzó récord de audiencia por su estilo crítico y desenfadado. Ahora esa programación ha desaparecido. Pero Olallo innovó en otro canal, internet. Su podcast tiene 70,000 descargas semanales. “En los grandes medios hay muchos intereses, por eso trabajo en internet”, afirma.

Es el empleo, estúpido
Con o sin invenciones, a fin de cuentas los expertos consideran que los gerentes que mantienen a flote las empresas son los más innovadores. “Mantener una empresa viva es un reto enorme que requiere constante innovación”, asegura Fernando Fabre, director general de Endeavor México. Radjou, de Forrester Research, dice que el concepto innovación lo han usado los políticos para defender o atacar políticas de Estado. Sin embargo, asevera, la real innovación está en la creación de empleos. Esto es algo que deberá anotar como prioridad la actual administración, que ya tienen el diagnóstico sobre lo que no hizo el gobierno anterior.

“Tienen que aprovechar las fortalezas ya conocidas y venderlas como una marca. No tienen que inventar, sino mejorar lo que México ya hace. Y tienen que crear empleos. Ésa es la verdadera innovación”, dice Radjou.

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