Al Nasdaq sin escalas

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Verónica García de León

Recibir el nombramiento de presidente y director de una empresa de 1,300 empleados puede ser un momento de regocijo. Pero no tanto si eso implica sustituir a quien fue socio y amigo por más de 20 años y cuando la compañía de la que se trata está en quiebra.

Eso le ocurrió a Blanca Treviño de Vega el 26 de agosto de 2000, cuando se reunieron los accionistas de Softtek, ella incluida, tras varios meses de intensos cuestionamientos al equipo directivo. En 1999 esta proveedora de servicios de software perdió 13 millones de dólares, 30% de sus ingresos, y en 2000 estaba por perder una cantidad mayor.

Tras una tensa jornada de 14 horas, los accionistas votaron, y a las 2 de la madrugada determinaron que Blanca Treviño fuera la presidenta y directora general. El puesto de presidente lo ocupaba en ese momento Gerardo López, quien en 1982 fundó la empresa junto con ella y otros seis amigos, y Treviño era la directora para Estados Unidos desde 1997 (ella se encargó de abrir ese mercado que hoy representa 55% de sus ingresos).

La noticia produjo en ella todo menos felicidad. “Me sentía mal. No quieres ser quien dé la espalda”, revela. Seis años después, la ejecutiva de 47 años admite: “Fue la situación más dolorosa de mi carrera”.

A la separación de su socio se sumaron las dificultades por la bancarrota: demandas, reclamos de clientes, reestructuración financiera y tener que alentar a un equipo.

Por si fuera poco, al recibir el nombramiento, su esposo le advirtió: “yo nada más te recuerdo que Gerardo terminó divorciado”, comenta. Este año cumplieron 20 años casados.

Rechazar la presidencia de Softtek no era opción. “Me gustan las cosas complicadas”, dice. Terminó ingeniería en sistemas, cuando sus amigas optaron por dejar los estudios y casarse. También emprendió un negocio junto con seis personas más sin ningún capital, en un sector inexistente en México (hoy Softtek). “Es como una necesidad de trascender que tenemos en la familia”, menciona. Su madre comenzó a estudiar psicología a la edad de 40 años, teniendo seis hijos que cuidar y uno más en camino. Vio a su padre construir con esfuerzo un patrimonio siendo ortodoncista, a diferencia de las familias de sus amigas que heredaron negocios. “Cuando los ves te sientes capaz de hacerlo también”, relata Treviño.

Le inculcaron que podía llegar a donde quisiera, pero bajo ciertas consideraciones: dar evidencia de un esfuerzo, cuidar un nombre y compartir eventualmente un beneficio.

“En medio de la crisis, cuidar mi nombre, el de mis socios y el de Softtek se volvió algo fundamental”, refiere.

Está convencida de que en una crisis se requiere una figura que integre, que contagie la convicción de poder hacerlo y muestre las posibilidades. “Ser conciliador es algo que las mamás tenemos de forma natural”, señala Blanca Treviño. Como la segunda de siete hermanos, le tocó cuidar de ellos y disciplinarlos. Actualmente tiene dos hijas de 17 y 13 años, y confirma: “Yo nací para ser madre”.

Con ese toque maternal ella logró un equipo que le dio la vuelta a Softtek, hoy vende 200 MDD anualmente y emplea a 4,200 personas. Los retos  no terminan nunca para Blanca Treviño. Quiere que la firma crezca más de 35% y que en 2007 sea la primera empresa latinoamericana que cotice en el Nasdaq.

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