Los mejores fondos de inversión

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Roberto Morán

Como los abogados y los médicos, ahora los asesores de inversión son consultados en las fiestas y corrillos. “Casi siempre me preguntan cuál es el mejor fondo de inversión”, reconoce Juan Carlos Pelayo, director de la distribuidora de fondos Fóndika. Su respuesta, como la de muchos de esos profesionales en tal circunstancia, es: “El que más te convenga, según lo que necesites”.

Aunque parece una evasiva, contiene una gran verdad: para analizar los fondos hay que tomar en cuenta una serie de variables, que van desde el rendimiento hasta el riesgo, pasando por el plazo de inversión y las comisiones.

Hasta ahora promover la inversión en fondos ha sido relativamente fácil: ofrecen más rendimientos que los tradicionales instrumentos a plazo fijo manejados por los bancos, y tan sólo por eso ya es atractivo poner allí el dinero. Pero, una vez masificados, competirán entre sí para atraer a más clientes, quienes requerirán más elementos para saber cuál es el fondo que les conviene.

Como señala la autoridad reguladora, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), la información que ofrecen los fondos aún es insuficiente para diferenciarlos. Hay una clasificación, sí, según su nivel de riesgo, pero más de 80% de los fondos se autoclasifica como ‘agresivo’, por lo que esa denominación ya no puede ser elemento de distinción.

El rendimiento tampoco es un buen indicador, como reconocen los operadores de fondos, porque está en relación con el riesgo. Juan Carlos Pelayo pone como ejemplo que un rendimiento de 10% anual tal vez sea bueno para una persona mayor de 70 años, que no puede colocar sus ahorros en un instrumento con mayor riesgo y por tanto con mayor ganancia. Pero ese mismo rendimiento “sería malísimo, si en estas condiciones de mercado, además está en un instrumento con un alto riesgo”.

La lista que presenta Expansión, elaborada por Standard & Poor’s (S&P), es un ejercicio para avanzar en la transparencia de la información. Permite comparar el desempeño de los fondos, midiendo la consistencia entre el rendimiento y el riesgo asumido. Como se explica en la metodología, otros factores importantes “son la consistencia de la rentabilidad y el riesgo en comparación con otros fondos.... normalmente, a una mayor rentabilidad corresponde un mayor riesgo, pero hay administradoras de fondos que han logrado dar al inversionista una mayor rentabilidad con menor riesgo, además, de manera consistente”. El ranking de S&P otorga más estrellas a los fondos operados con mayor consistencia en el rendimiento ajustado con el riesgo esperado.

Esta lista puede ser una primera guía. Mientras tanto, la CNBV busca que el mercado se vuelva más transparente y para eso lanza una nueva circular, que a partir de este mes obliga a los administradores de fondos a proporcionar más información. Se abandona la clasificación según la cual la mayoría de los fondos se calificaban como ‘agresivos’ y en cambio se adopta una nueva, en la que quedan más claros los instrumentos que conforman la cartera de un fondo. “Faltaba detalle en la información”, reconoce Mauricio Basila, vicepresidente de supervisión bursátil de la CNBV. “Hasta hace poco, si se analizaba el prospecto de una sociedad de inversión (hay una por fondo), era muy difícil distinguirla de otras”.

Hasta noviembre pasado, los prospectos de los fondos de inversión no detallaban el objetivo y la estrategia, algo que deberán aclarar a partir de la nueva circular. Por objetivo se entiende lo que los operadores llaman benchmark, es decir, el rendimiento esperado de un fondo, comparado con instrumentos ya existentes en el mercado, y la estrategia detalla la cartera de inversión.

Nuevas fronteras
Los fondos de inversión en México ya ganaron una batalla para conseguir a un buen número de ahorradores, cuyos patrimonios son menores a los 300,000 pesos que hace unos años pedían las casas de bolsa como mínimo para participar en estos instrumentos. Ahora los montos mínimos para invertir son tan bajos en algunos fondos como 10,000 pesos.

Como resultado de los cambios a la Ley de Sociedades de Inversión, en 2001, el total de contratos de fondos llegó este año a 1.37 millones, contra los 438,000 que había en 2000. Ya equivale a más de una cuarta parte de los contratos en inversiones a plazo, que eran 4.2 millones en junio de 2006, según la CNBV. “Posiblemente 20 o 30% sean contratos duplicados, de todos modos es un gran crecimiento”, estima Roberto Cano, quien habla a nombre de la Asociación Mexicana de Intermediarios Bursátiles (AMIB) y es presidente de Principal Fondos de Inversión.

Este año, el monto de activos que manejan los fondos (677,000 millones de pesos) ya superó a los que están en inversiones a plazo fijo en los bancos y a los ahorros dentro de las administradoras de fondos para el retiro (afore).

Los bancos tienen un incentivo para ofrecer fondos de inversión a sus clientes. “Al banco le cuesta garantizar un rendimiento y con los fondos tiene un socio en el riesgo”, explica Julián Varela, director de inversiones de HSBC.

Para crecer en ese mercado, los bancos van por inversionistas de bajos montos, y aun con escasa cultura financiera, por lo que hasta ahora más de 80% de las inversiones están en instrumentos de bajo riesgo y en horizontes de corto plazo.

HSBC, por ejemplo, logró colocar entre sus ahorradores un fondo, el HSBC D2, que ofrece mayores rendimientos comparado con instrumentos tradicionales pero con bajos riesgos y alta liquidez, porque el mercado todavía así lo demanda, según explica Javier Salgado, director ejecutivo de soluciones financieras. “Si meto en un fondo de largo plazo, de Renta Variable, a un cliente que quería guardar dinero para comprar una casa, puedo tener problemas. Hay que conocer al cliente y su perfil de riesgo”, dice.

“Estamos trabajando en el inversionista ‘de a pie’, que va ahorrando para la fiesta de 15 años de la hija o para comprar una casa o un coche”, dice Jorge Pérez Sámano, presidente de la Sociedad Operadora de Sociedades de Inversión de BBVA-Bancomer. Ese inversionista no está preparado para inversiones con más riesgo, más plazo... y más rendimiento, según dicen los operadores. “Si no tienes ‘estómago’, te quieres salir de una inversión volátil”, plantea Jesús Mendoza, director ejecutivo de Fondos de Inversión de Santander.

La cultura financiera del inversionista mexicano está a punto de cambiar, coinciden en pronosticar Pablo Mancera, también director ejecutivo de Fondos de Inversión de Santander; Álvaro Mancera, director de la distribuidora Más Fondos, y Mauricio Basila, de la CNBV.

Según Basila, los cambios a la legislación en 2001 propiciaron que el inversionista buscara más información y no se conformara con el rendimiento de un pagaré bancario. Ahora falta un paso más. “Los fondos siguen muy concentrados en cierto tipo de papeles”, advierte Basila, “la parte de Renta Variable sigue siendo pequeña, están concentrados en papeles de calidad crediticia triple A y doble A. Estoy seguro de que muchos clientes estarían dispuestos a aceptar un riesgo distinto en busca de un mejor rendimiento”.

A competir
Según los operadores, el cambio lo exigirá el cliente, a su debido tiempo, cuando tenga una mayor cultura financiera y cuando la baja en las tasas de interés lo obligue a buscar alternativas.

Eso provocará una mayor competencia, que todavía es incipiente. Por ahora, gracias a sus mayores redes de sucursales, los bancos han captado más clientes que las operadoras independientes (que pertenecen a un grupo financiero cuya entidad principal no es un banco) o que las cuatro distribuidoras de fondos.

Pero el crecimiento en cuentas y en activos es tres veces más grande entre las operadoras independientes que entre las que están en un grupo dominado por un banco, según datos de la CNBV. También las distribuidoras avanzan. De 2005 a 2006 pasaron de 20,812 clientes a 34,300 y de activos por 2,900 millones a 4,500 millones de pesos.

Según Álvaro Mancera, de Más Fondos; David Buenfil, director de Skandia, y Pelayo, de Fóndika, las distribuidoras de fondos no están, como los bancos, casadas con los fondos que ellas mismas crearon, sino que ofrecen los que consideran más convenientes para sus clientes. Distribuyen también fondos operados por marcas de bancos.

Actinver promueve este tipo de competencia, llamada de arquitectura abierta. Así, pone a disposición de las distribuidoras sus fondos y al mismo tiempo busca completar su oferta con fondos diseñados por otras operadoras. La operadora de HSBC también empezará a ofrecer fondos diseñados por otros. Al ruedo se lanza también la banca privada de American Express, con fondos de Principal.

Por su lado, BBVA-Bancomer todavía se resiste a entrar en ese tipo de competencia. Seguro de que puede ofrecer por sí mismo lo mejor para su cliente, Pérez Sámano no cree que en el corto plazo vaya a agregar a su oferta fondos operados por otras instituciones ni espera permitir que las distribuidoras se beneficien del uso de la marca BBVA-Bancomer.

Para otros bancos, el hecho de estar en una distribuidora es una manera de asegurar que sus fondos son competitivos. Pablo Mancera, de Santander, subraya que habla bien de sus fondos el que los ofrezca alguien que no tiene obligación de hacerlo.

La percepción de la mayoría de los operadores es que si el cliente busca más opciones, si está dispuesto a tomar más riesgo y a cambio a exigir más rendimiento, el mercado tendrá que atenderlo. El premio será mantener la lealtad del cliente y llegar a una nueva generación de fondos, más diversos, con horizontes de inversión a mayor plazo. ¿Qué otra cosa puede pedir un operador de fondos que un socio inversionista dispuesto a buscar nuevos horizontes?

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