Norte ruidoso

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Ángeles Castellano Gutiérrez

“Aquí empieza la nación”. De esa manera se refirió Vicente Fox a la región a la que muchos mexicanos consideran el fin de una larga ruta hacia el norte. “Las oportunidades son infinitas”, enfatizó el presidente Fox en Mexicali, al inaugurar el primer Foro Frontera Norte, en octubre pasado.

Esa cumbre económica y política sirvió de plataforma para que los estados en vecindad con Estados Unidos recordaran al resto del país su peso específico.

Los norteños están conscientes de su poder económico, y creen que es el mejor momento, ahora que muchos ojos están puestos en esa zona, por el narcotráfico, la migración ilegal y el muro virtual que costará millones de dólares, para impulsar sus propuestas. Con más razón luego de las elecciones presidenciales de julio, que dieron cuerpo a la idea de que políticamente en el país hay “dos Méxicos”, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Aunque con tendencias políticas diferentes, Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León quieren ser un bloque que jale al resto del país; resucitar la vieja idea de la locomotora norteña que mueve todo el tren del país. El foro fue el primer paso de lo que parece un esfuerzo conjunto para trazar necesidades y propuestas para un mayor desarrollo de la zona. Los estados fronterizos del norte quieren que sus propuestas, surgidas del foro y contenidas en el documento Gran Visión de la Frontera Norte, que redactó El Colegio de la Frontera Norte (Colef) a partir de las conclusiones de esa reunión, se incorporen a la agenda del nuevo presidente. “No queremos un trato diferenciado, queremos que nos dejen trabajar”, explica Reginaldo Esquer, presidente del Consejo Coordinador Empresarial de Baja California y promotor del encuentro que se realizó en Mexicali.

La iniciativa no es nueva, pero es diferente por la idea de un frente unido conformado por empresarios, académicos y ciudadanos comunes. Estos integrantes esperan plantearle su propuesta de integración a Carlos Medina Plascencia, designado por el presidente electo Felipe Calderón como responsable del proyecto Visión 2030. “La diferencia es que esta iniciativa sale del norte y no es producto de la planeación del centro”, menciona Jorge Santibáñez, presidente del Colef.

Centralismo, ¿le suena?
En el sexenio que está por terminar ya hubo un intento, con la creación de la Comisión para la Frontera Norte. Estaba encabezada por Ernesto Ruffo Appel, ex gobernador panista de Baja California (1989-1995) y actual empresario interesado en Punta Colonet. Fue el primer gobernador no priísta en todo el país y conoce bien la realidad de la frontera. Sin embargo, después de los atentados del 11 de septiembre (que congeló una reforma migratoria entre EU y México), Ruffo decidió renunciar. Él resume el fracaso de la iniciativa en una frase: “En México nos atienden, pero no nos entienden”. Se cansó de que en el DF y Washington no le hicieran caso.

Pero para el presidente del Colef, en realidad eso no funcionó porque no representaba a nadie. A los gobernadores fronterizos les parecía una imposición y los secretarios y diputados federales no querían que nadie viniese a dictarles una agenda de trabajo.

La propuesta ahora es elegir un representante de los gobernadores estatales, que la agenda sea consensuada desde el norte, que haya un enlace con el gobierno federal y, sobre todo, que exista un par del otro lado de la frontera para que la integración con EU pueda ser real.

El poder económico de los seis estados fronterizos es notable: 16 millones de habitantes que generan 23% del PIB del país, donde además están registrados 28% de los trabajadores del IMSS. Según el Colef, el PIB per cápita ha sido tradicionalmente superior al nacional en más de 28% y la Inversión Extranjera Directa en la frontera norte fue en 2004 de casi 19% del total nacional. Con ese respaldo económico, los empresarios norteños ahora piden más facilidades para optimizar el desarrollo.

“Las peticiones a nivel nacional no cambian: reformas fiscal, laboral y energética; disminución del ISR y eliminación de las exenciones del IVA. Nada que no se haya propuesto en el Pacto de Chapultepec. Por eso en el norte no quieren concentrarse en esto, sino en sus dificultades particulares: seguridad pública, más infraestructura y mayor planeación de las zonas urbanas.

Entusiastas desarticulados
En la actualidad el bloque norteño es más un buen propósito que una realidad. Falta mucho por hacer, cosas básicas, como integrar la región. Ir de Mexicali a Monterrey obliga a pasar por la capital del país o, peor, cruzar la frontera y viajar por el sur de EU para, finalmente, regresar a México. Igual ocurre con las carreteras: de Tijuana a Altamira los empresarios usan carreteras estadounidenses, la ruta 8 o la 10.

En cierta forma, el foro de octubre marcó una intención de cambio, apoyada por proyectos previos, como Invite, que pretende hacer una red logística entre los estados del noroeste y Texas, la tercera economía de EU. Invite nació en 2004 como una vertiente del actual plan de desarrollo estatal de Nuevo León, que luego incluyó al resto de los estados que hoy participan, actualmente tiene 20 millones de pesos disponibles para lograrlo, pero hasta ahora no se conocen públicamente sus resultados.

Quizás haya aspectos que tocan intereses más allá de los estatales y frenan proyectos como la Cuenca de Burgos, yacimiento de gas natural situado en esa zona y en cuya explotación está interesado Texas. “Aquí, la capacidad de negociación de los gobiernos estatales con el federal va a ponerse a prueba”, comenta Roberto García, director general regional noreste del Colef.

El plan básico de integración para los seis estados fronterizos es la creación de corredores industriales (clusters), que enlacen las fábricas de los diferentes estados y permitan ofrecer un producto más completo. Entre Sonora y Baja California ya se ha generado un corredor automotriz, igual que entre Coahuila y Nuevo León. Y para que esto se generalice hace falta infraestructura carretera, sobre todo para conectar las dos costas y todo lo que queda entre ellas.

Por lo pronto, este año se creó para Baja California la Agrupación Industrial Automotriz del Noroeste y California, con 25 pequeños y medianos fabricantes de autopartes. “La intención es que las marcas puedan armar los coches completos en la región”, explica Marco Alfonso Lepe, director del cluster. La agrupación intentará vincular a pymes con las grandes marcas asentadas en la región (Toyota, Hyundai, HST, Kenworth y Ford, esta última aún no integrada al cluster), para resolver problemas conjuntamente, hacer sinergias y no competir entre ellas.

A todo este gran potencial Carlos Slim ya le echó el ojo desde hace tiempo. El Grupo Carso ya está presente en la zona. Telvista, rama del grupo dedicada a ofrecer servicios de call center, tiene tres centros en Baja California, dos en Tijuana (desde hace cinco años) y uno recién estrenado en Mexicali.

Allí trabajan 4,200 personas, la mayoría estudiantes universitarios. Para esta empresa los atractivos de la frontera son la alta capacitación de la mano de obra, las facilidades administrativas para instalarse y el bilingüismo, fundamental en los servicios que ofrecen.

A pesar del potencial, en la región la integración vertical está mucho más desarrollada que la horizontal, tanto a nivel de comunicaciones como a nivel social. “El área metropolitana El Paso-Ciudad Juárez, con dos millones de habitantes –explica García, del Colef– es el continuo urbano fronterizo más grande del mundo”.

El motivo es que a partir de la década del 60 el gobierno federal impulsó una política explícita de promoción económica e industrial en la zona norte. Se promovió la región a través de permisos especiales de importación, exenciones impositivas y arancelarias, así como zonas francas que facilitaron el abastecimiento de productos estadounidenses por un lado y la venta de la producción manufacturera en el vecino del norte, por el otro. En resumen, para esa región fronteriza resultaba más fácil y más barato hacer negocios con EU que con el centro del país.

Hasta los residentes en la franja fronteriza tienen pases especiales para cruzar a diario a Estados Unidos. Además del continuo tránsito urbano El Paso-Ciudad Juárez, hay otros como Tijuana-San Diego, Mexicali-Calexico o Reynosa-McAllen.

En su diagnóstico de la región elaborado en 2004, el Colef encontró que hay colaboración informal entre los municipios de los dos lados de la frontera como compartir puentes y carreteras, servicios como ambulancias o bomberos o el abastecimiento de agua.

David Shirk, director del Transborder Institute, organismo con sede en San Diego dedicado a estudiar los asuntos fronterizos, lo ejemplifica con la relación que hoy tienen las fuerzas policiales de San Diego y Tijuana. No es una relación formal, porque los municipios y estados carecen de capacidad legal para realizar acuerdos internacionales, pero “se reúnen mensualmente para conocer a sus pares, sus problemáticas y temas comunes”.

Realidad que rebasa
Finalmente, las decisiones relativas a la frontera se siguen tomando en el centro. Y la visión de necesidades y problemas es distinta en Estados Unidos y la Ciudad de México. “La percepción en Washington es que la frontera mexicana está fuera de control y por eso surge la idea de construir el muro”, explica Shirk.

Una pared entre los dos países es la solución, de acuerdo con la administración Bush, para controlar el ingreso de drogas, inmigrantes ilegales y posibles terroristas en territorio estadounidense. Los participantes en el foro creen que se trata de una medida electoralista (en noviembre los estadounidenses elegirán gobernadores y legisladores) y que no soluciona los problemas, que además no son generados en la frontera. En lugar de eso, creen que sería benéfico crear una subprocuraduría específica para asuntos fronterizos, dependiente de la Procuraduría General de la República.

Son muchos los temas, pero en el norte son conscientes de que la única manera de sacarlos adelante y enfrentar planes de seguridad anacrónicos es trabajando juntos.

“Queremos ser prácticos, queremos trabajar”, asegura Esquer. Falta dar muchos pasos como trabajar con el futuro gobierno federal para crear los mecanismos de coordinación, organizarse entre ellos y además con sus homólogos de Estados Unidos. En un año, cuando se realice el segundo Foro Frontera Norte, en Ciudad Juárez, se sabrá qué tanto lograron meterse en las agendas de gobierno.

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