Huracán de acero

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Fernando Ramírez

Un indio millonario de 56 años estuvo en Monterrey a inicios de octubre. El quinto hombre más rico del mundo llegó sin mayores anuncios. Era el magnate Lakshmi Mittal, presidente de la mayor productora de acero del mundo, Mittal Arcelor, quien se presentó a las instalaciones de Imsa para celebrar una década de relación de proveeduría. La regiomontana le vende desde 1996 planchón para hacer en India productos derivados. Pero pocos se enteraron que existía otra razón primordial para su visita: cerrar la negociación para comprar una empresa más, la Siderúrgica Lázaro Cárdenas-Las Truchas (Sicartsa) en Michoacán, del Grupo Villacero.

Fue el mismo día que daba un guiño al nuevo gobierno de su interés en México. “Ya hemos invertido más de 1,000 millones de dólares en los últimos 10 años y tenemos un programa de inversiones de 300 millones para este año (en México)”, dijo Mittal en el evento, cuatro meses después de comprar a su rival más cercano, la europea Arcelor, y alcanzar 10% de la producción mundial.

Ese mismo 4 de octubre se reunió con Julio Villarreal, presidente de Villacero, y días después afinaron la transacción en el Distrito Federal, fue entonces cuando acordaron dar a conocerla tras la asunción de Felipe Calderón. Antes de dejar México, Mittal tuvo una tercera reunión con directivos de multinacionales de varios sectores con operaciones en México y, según fuentes cercanas a ese acto, Mittal Arcelor anunció inversiones por 2,000 millones de dólares en México (el doble de lo anunciado en Monterrey), y adelantó que gran parte de ese dinero se destinaría a una adquisición.

La supuesta apuesta mexicano del zar indio del acero vendría a acentuar lo que comenzó con la venta de Hylsamex por parte de Grupo Alfa al grupo italo-argentino Techint hace dos años. Actualmente más de 60% de la producción de acero en México está en manos de firmas extranjeras, y la tendencia es que aumente. Hoy prácticamente cualquier empresa mexicana tiene en su puerta el letrero ‘se vende’. “Cuando hay bonanza en los precios, los corporativos tienen la cartera llena y compran cuanto quieren y pueden”, comenta Juan Pablo Becerra, analista de Standard & Poor’s.

Al cierre del año, los precios habrán escalado 19%, según la Asociación de Hierro y del Acero en China, y se espera que aumenten la mitad para el año próximo. Alentado por este ciclo alcista, en el primer semestre de este año hubo casi 450 acuerdos (fusiones o adquisiciones) en la industria mundial por 67,750 MDD. Conforme esta tendencia avanza, las empresas grandes se vuelven más grandes, y las chicas tienden a desaparecer. Y como parte de sus esfuerzos por mantenerse independientes, las compañías de acero de todo el mundo están en busca de adquisiciones o construyendo nuevas plantas.

“En México, el mercado ya está altamente concentrado”, puntualiza Juan Pablo Becerra. Las empresas siderúrgicas integradas (AHMSA, Sicartsa, Hylsamex y TAMSA, de Grupo Techint y Mittal Arcelor), que realizan desde la extracción de los minerales hasta la producción de acero, participan con 75.8% de la producción nacional del metal.

El resto se reparte entre acerías que fundamentalmente transforman el metal. De confirmarse la compra de Sicartsa por Mittal, de la cinco grandes firmas en el país sólo AHMSA quedaría mayoritariamente en manos de mexicanos. Con una menor escala, las acerías están obligadas a volver eficientes sus procesos, enfocarse a nichos e integrarse verticalmente.

Las víctimas de hoy
Si finalmente se concreta la compra de Sicartsa, que aporta 60% de la capacidad de producción total de Grupo Villacero, habrá sido otra jugada clásica de Mittal. El magnate convirtió a su empresa en un gigante de la siderurgia en dos décadas a punta de comprar compañías con problemas en países emergentes.

Sicartsa, con 7.7% de participación en el sector, es uno de esos casos. Esa planta concluyó en junio pasado una huelga de 141 días, durante los cuales perecieron dos trabajadores y el monto de pérdidas sumó 200 millones de dólares, según su propio presidente. Esta planta líder en producción de varilla y alambrón, que interesa a Mittal, es contigua a otra siderúrgica que el grupo indio compró hace años en Lázaro Cárdenas. “Aquí el asunto es si se requiere una integración global para ser competitivo en la industria del acero, y la respuesta es sí”, advierte Eloy Vargas, secretario de Desarrollo Económico de Michoacán.

Mittal, al igual que la italo-argentina Techint, también tuvo en la mira a la principal procesadora de acero en México, Imsa. Pero la posibilidad de vender la empresa regia dividió a las dos familias que poseían la mayoría de su capital accionario: los Clariond Reyes-Retana y los Canales Clariond. “Uno necesita ser frío, los negocios están en venta o en compra, dependiendo del apetito de las empresas”, afirma Eugenio Clariond Reyes-Retana, ex director general de la empresa y cabeza de la familia que terminó vendiendo en octubre, días antes del arribo de Mittal a Monterrey. En contraposición, la familia de los Canales Clariond –que prefirió no participar en este reportaje– convinieron no sólo seguir con el negocio, sino que compraron las acciones de sus primos en octubre.

Ellos compraron 43% de Imsa por 11,500 millones de pesos para completar un paquete accionario de 86%. Para lograrlo debieron aumentar seis veces su deuda, lo que provocó que las calificadores Fitch Ratings y Standard & Poor’s colocaran su deuda bajo observación. Para algunos analistas, en el corto plazo eso le quita brillo a los ojos de posibles compradores. “Mittal o Techint podrían estar interesadas (en Imsa), pero en dos o tres años”, advierte Carlos Hermosillo, analista de Vector Casa de Bolsa.

Es que es más difícil adquirir deuda como una opción de financiamiento, para comprar una empresa endeudada, que esperar un tiempo prudente para que mejore ese perfil. Es el caso de AHMSA, la segunda productora de acero en México (después de Mittal), que está en suspensión de pagos desde hace siete años, el nivel de su deuda todavía es alto (1,800 millones de dólares) y hasta el cierre de esta edición no tenía una reestructura de pagos definida. Se dice que tuvo acercamientos con la rusa Severstal pero su perfil financiero no la terminó de convencer.

Pero no sólo las grandes están en las estanterías de oferta. Hay otras mexicanas medianas o pequeñas que aún no alcanzaron a blindarse para sortear la ola de consolidación. Las trasnacionales también están interesadas en otra decena de firmas que tienen capacidad de producir menos de 500,000 y hasta 200,000 toneladas, como Compañía Minera Autlán que produce y comercializa minerales de manganeso y ferroaleaciones.

Eugenio Clariond, ex accionista y ex presidente de Imsa, quien acaba de dar su paso al costado, cree que la extranjerización del acero en México no es lo importante. “Hemos visto muchas empresas fracasar porque los dueños se aferran a ellas como si fuera la bandera nacional. Si alguien lo hace mejor, enhorabuena”, puntualiza. Su opinión es consistente con lo que  intentó hacer durante meses cuando todavía presidía la empresa de la que se fue: comprar una empresa (en su momento AHMSA y luego Hylsamex) o buscar socios estratégicos extranjeros.

Todavía resisten
El posible vendaval de compras podrá ser resistido por unas pocas. Una de las mejores preparadas para pasar ese ‘invierno’ es la mexicana Industrias CH (ICH). Esa productora de acero, con plantas en México, EU y Canadá ha buscado consolidarse. Su acción, unas de las más atractivas de la Bolsa Mexicana de Valores, subió 127% en los últimos 12 meses (hasta el 6 de diciembre pasado), lo cual le ayudó a conseguir financiamiento.

Hace dos años, compró dos plantas del Grupo Sidenor en México, donde se producen aceros especiales, perfiles comerciales y varilla. La compra fue en efectivo, con dinero que ICH sacó de su propio bolsillo y que recuperó haciendo una oferta pública de acciones en febrero del año pasado por 200 millones de dólares. Esa capitalización le permitió adquirir, un año después, sin caer en un apalancamiento excesivo, a Republic Steel, firma dedicada a la fabricación de aceros especiales y con seis plantas en EU.

Durante este mes de diciembre, la empresa que ya tiene una capacidad de producción de 1.3 millones de toneladas anuales, tenía planeado hacer una nueva oferta de acciones de la cual no dio mayor información. “La empresa busca expandirse por sí misma en una estrategia sumamente conservadora”, comenta Hermosillo.

Ese perfil impecable, sin deuda y en busca de financiamiento bursátil, para otros podría ser miel que atraiga a compradores. “La compra de ICH puede ser interesante para un consorcio internacional porque le permitiría, sin ser llamativa, ir conociendo el mercado mexicano”, advierte el analista de Vector.

Otra también menos vulnerable es Deacero, una empresa familiar con más de 50 años de vida pero con varios hermanos jóvenes al mando. Para algunos analistas ésa es una variable ventajosa frente a firmas familiares centenarias con cuadros de vieja escuela al mando.

Además de tener una capacidad anual de 1.4 millones de toneladas (8.6% del mercado mexicano), es el mayor productor de mallas y alambre del continente americano, fabrica acero, software y maquinaria para producir alambre. A fines del mes pasado, en Villagrán, Guanajuato, Deacero inauguró la segunda etapa de una planta de acero y laminado, para lo cual desembolsó 185 millones de dólares.

En cualquier caso, ninguna de las dos ni el resto que aún resiste está salvo. La chequera de Mittal podría abrirse y ser irresistible.

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