El riesgo es estancarse

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Tarea bien hecha  (Foto: )
Ricardo J. Galarza

En la esfera internacional hay pocas opiniones más importantes para México que las emitidas por quienes califican la calidad de su deuda. Standard & Poor’s (S&P) es una de estas agencias y una de las más influyentes. Su director para AL, Joydeep Mukherji, habló con Expansión en diciembre pasado y advirtió: "No es que se avizore una crisis ni un colapso... el riesgo en sí es el estancamiento".

La desaceleración prevista para la economía de Estados Unidos y la baja en los precios del petróleo son los eventos que sostienen esta hipótesis, sobre todo si no se logra el consenso político necesario para realizar las reformas económicas que permitan hacer frente a esos retos. El directivo alabó, por otra parte, la estabilidad macroeconómica y la disciplina fiscal de México como los principales factores de fortaleza para mantener su calificación.

S&P se dedica a calificar la capacidad de los gobiernos y las empresas para solventar su deuda. Sus calificaciones tienen influencia directa en los mercados, puesto que cuanto más alta sea la calificación otorgada al emisor, mayores serán sus posibilidades de obtener préstamos en mejores condiciones, con tasas de interés más bajas y con acceso a fondos de capital más beneficiosos.

En la actualidad, la firma estadounidense asigna a México una calificación de BBB, considerada dentro del llamado ‘grado de inversión’, al que México accedió en 2005, privilegio que en Latinoamérica comparte sólo con Chile, el único país de la región que lo supera en calificación, con A.

El riesgo de estancamiento para la economía mexicana que observó Mukherji depende de que mejoren las perspectivas de crecimiento. "En 2007, México tiene suficiente margen de maniobra como para sobrellevar la baja moderada que se espera en los precios del petróleo y la desaceleración estadounidense", aseguró.

El país ya enfrentó un escenario similar en 2001 y 2002, cuando la economía de Estados Unidos sólo creció 1%. "Ésos son los riesgos de estancamiento que tienden a socavar nuestra capacidad de crecimiento", dijo Víctor Herrera, director gerente de la consultora para América Latina. "En ese entonces, pudimos neutralizarlo hasta que la economía estadounidense se recuperó. Lo mismo ahora, si el gobierno toma las medidas necesarias, no pasa nada".

Pero en 2008 las cosas podrían ser diferentes. Si para entonces la tasa de crecimiento se estanca por debajo de 2%, podría ser el inicio de una presión a la calificación del país. "El consenso político que pueda lograr el nuevo gobierno va a ser clave en ese sentido", comentó Mukherji.

El analista cree que dicho consenso es posible si el modelo de desarrollo se traduce en más crecimiento, más empleo y mayor prosperidad. De lo contrario, advirtió, se erosionará la capacidad para construir acuerdos.

En todo caso, la visión de la calificadora es optimista. En un análisis elaborado por S&P, dado a conocer en septiembre del año pasado, calculó en 3.5% el crecimiento económico anual entre 2007 y 2009, y una deuda gubernamental estable que se ubica entre 31.6 y 32.2%, respectivamente, como porción del tamaño de la economía.

Fuera del Congreso
Los discursos políticos sobre el cambio que el país requiere pocas veces reconocen las mejoras que el gobierno federal está en posibilidades de hacer sin necesidad de que los legisladores reformen al marco legal.

Mukherji es de los que cree que, dentro de las leyes y las políticas actuales, existe un cierto grado de flexibilidad para lograr un mayor crecimiento económico de hasta un punto porcentual adicional. "Pero para romper con el estancamiento hay que avanzar con las reformas", señaló.

El Producto Interno Bruto (PIB) por habitante en México es de casi 8,000 dólares, mientras que en los países calificados con A supera los 13,000. Y la deuda del gobierno mexicano equivale a 160% de los ingresos del sector público; en los países que califican con A es de apenas 80%.

Sin embargo, la férrea estabilidad macroeconómica que México ha sabido mantener –unida al control sobre la inflación y las bajas tasas de interés–, dotó a su economía de una mayor capacidad para amortiguar impactos negativos, como sucedió en 2006 durante la crisis postelectoral.

"Sin estabilidad macro, ninguna reforma da frutos", opinó el analista. "México no es un país dinámico en términos de crecimiento, pero sí extremadamente estable. Y a mayor estabilidad, mejor perfil de deuda".

Otro factor que llamó la atención de Mukherji fue el ‘impresionante’ desarrollo de los mercados financieros locales. El gobierno federal está sustituyendo deuda externa con deuda interna, misma estrategia que ha seguido una parte del sector privado. Y esto, a su juicio, es muy positivo para la calificación: "En la medida en que el gobierno tiene acceso al mercado local en su propia moneda, tiene mayor libertad de emisión, tanto externa como interna; y eso, hoy en día, es un lujo".

De hecho, el ascenso en la calificación, de BBB- a BBB, que México obtuvo en 2005, se debió precisamente al desarrollo de los mercados financieros locales, que le permitieron mejorar el perfil de su deuda.

Por otra parte, entre los factores negativos de la calificación soberana de México destaca su estrecha base tributaria. "El sector público mexicano recauda considerablemente menos que los países con calificación A. Incluso, tiene una base tributaria menor que otros países con la misma carga fiscal", afirmó Mukherji. Pemex es responsable de 40% de los ingresos del gobierno.

Entre estos factores de riesgo está uno que preocupa a Mukherji en particular y al que hace constantes referencias: la falta de consenso sobre políticas económicas. Las divisiones en la clase dirigente en torno a temas clave, como la reforma tributaria y la liberalización del sector energético, limitan la flexibilidad fiscal del gobierno y las perspectivas de crecimiento.

En ese sentido, un acuerdo nacional, en el que participen todas las fuerzas políticas, podría contribuir a destrabar el estancamiento. Mukherji mencionó los ejemplos de España, con el Pacto de la Moncloa, y de Chile, con la llamada Concertación, que impusieron ‘nuevas reglas de juego’ y permitieron la despolitización de la economía.

"En España y en Chile se alternan la izquierda y la derecha en el poder, y no hay temor por parte del empresariado ni de la clase media a lo que vaya a pasar con la economía. Las reglas del juego ya están dadas y el camino marcado", señaló el especialista. Y agregó: "Lograr un pacto de esa naturaleza es uno de los mayores retos que enfrenta la transición mexicana".

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