El rey de la memoria

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Mariano Garza-Cantú

La gente lo adoptó. Rápidamente, los cientos de distribuidores de la marca fueron presa de su sencillez al ver que John Tu subía al escenario para aventarse un ‘palomazo’ con el grupo que amenizaba la fiesta de los clientes de Kingston. John tomó las baquetas y empezó a golpear los tambores y platillos de la batería, siguiendo el ritmo de la canción. “La gente me decía que tengo sangre mexicana y yo concuerdo”, dice el CEO de Kingston, que visitó México luego de siete años de ausencia.

¿Por qué tardó tanto tiempo en regresar si considera a México un mercado muy importante? “No tengo una buena respuesta para ello... Podría decir que estaba muy ocupado, pero no es una razón válida”, admite el fundador de la firma que el próximo año cumplirá 20 años en el mercado internacional. La oficina mexicana ha sido una de las áreas de mayor crecimiento para la compañía de diseño y fabricación de sistemas de memoria, con oficinas centrales en Fountain Valley, California. En 2005 tuvo un incremento en ventas de 55% en relación con el año anterior y para este periodo el panorama es similar.

Según la consultora Gartner, la proyección de crecimiento del mercado de memoria era de 3.1% en el ámbito mundial en 2005. Esto es porque la memoria se está convirtiendo en un commodity. Sin embargo, a ello hay que sumar la estrategia y visión del empresario de origen chino que desde 2000 previó los cambios: “En 2010, el usuario individual utilizará internet e, incluso, aumentará su tiempo de navegación, así que necesitará mayores capacidades de memoria en sus equipos personales”, apunta. La compañía firmó alianzas con empresas del tamaño de Intel, lo que le garantiza que se mueven en la dirección correcta. “Si la tecnología se orienta hacia la memoria portátil, por supuesto que Kingston seguirá dicha pauta”, asegura Tu. Para 2006, Gartner estima que este mercado crecerá 20%, con un valor de 59,400 MDD.

Memoria de sabores
Ante un abaratamiento de los módulos de memoria en el mercado internacional, Kingston se vio obligado a cambiar su esquema de negocio. Hace algunos años dependía prácticamente del crecimiento en el uso de la computadora y de los ciclos de vida de las PC. Así que los usos de estos dispositivos que antes se encontraban en las computadoras se extendieron a equipos portátiles, estaciones de trabajo, impresoras láser y aparatos electrónicos (como cámaras y dispositivos palm-top). Vaya, abra su celular y verá cómo hasta en la memoria del teléfono encuentra la marca de Kingston.

En 1987, Tu y su socio David Sun descubrieron una oportunidad de salvación: la escasez de módulos de memoria para computadoras personales que entonces aquejaba al mercado. Era una época de oro porque la sencillez de los módulos SIMM (un término acuñado por Kingston que significa “módulo sencillo de memoria en línea”) fueron bien aceptados por los fabricantes de computadoras, así que los pedidos superaban la capacidad de manufactura de la nueva empresa.

Para llegar a este punto, Tu asegura que la clave fue su cultura empresarial. “Manejamos la firma vendiendo más unidades y creciendo la participación de mercado pero, al mismo tiempo, continuamos apostando en un área que vimos hace muchos años y a cuyo mercado ya entramos, que es la memoria Flash”.

Ésta es una memoria que no se pierde cuando se apaga la máquina, sino que queda almacenada y que sirve para teléfonos celulares, PDA, pequeños electrodomésticos, cámaras digitales y reproductores de audio.

En este nuevo tipo de memoria Kingston decidió entrar hace unos tres años y hoy le reditúa unos 1,000 millones de dólares de los 3,000 millones que facturó el año pasado. En 2004, la predicción de los analistas era que la firma obtendría 2,000 millones. Entonces, Tu hizo una apuesta con sus empleados y prometió que si se llegaba a la cuota se pintaría el pelo de rosa… tono que lució para la fiesta navideña de Kingston. Para este fin de año ya piensa en algo más loco, porque su meta es obtener 4,000 MDD.

El resto provino del negocio tradicional de DRIM, que está muy vivo, sobre todo para los ensambladores de computadoras (mejor conocido como cajas blancas) de mercados emergentes como América Latina, además de atender las necesidades de fabricantes de computadoras de marca que continúan produciendo a gran escala para el reemplazo de nuevos modelos.

Con tan diversos formatos de memoria existentes, Tu considera que se mantendrá esa diversidad, al menos en dispositivos como teléfonos, cámaras y demás, porque “las necesidades de los usuarios son diferentes: algunos requieren mayor capacidad, sin importar si el dispositivo es lento; otros necesitan algo pequeño, otros sí buscan velocidad, o precio. Lo que podría suceder es que habrá un formato dominante para cámaras, otro para teléfonos, etcétera, claro, siempre habrá alguien como Sony tratando de poner su propio formato”.

Por más que John Tu predique con la filosofía de que “quien trabaja contento hace productos inmejorables”, lo cierto es que todas las empresas e industrias enfrentan el reto de disminuir los costos sin comprometer la calidad. “No hay secretos, tienes que ser más eficiente en los procesos”, admite el directivo, quien no descarta la opción de manufacturar sus productos en Brasil o México, “porque los impuestos y otros pagos encarecen mucho importar a EU”.

En la actualidad, 60% de lo que Kingston produce globalmente viene de China. El resto se fabrica en California, Taiwán e Irlanda.

John Tu considera que las metas de su empresa se cumplirán poco a poco, sin prisas ni malos manejos financieros que pongan en riesgo a Kingston. No volverá a arriesgarse y a perderlo todo, como lo hizo al principio de su carrera, cuando vendió su primera compañía dedicada a la fabricación de tecnologías especiales para equipos de DEC Corporation y lo perdió todo en la bolsa de valores. “El futuro se vislumbraba negro y lo único que teníamos en mente era encontrar una idea, cualquiera, que nos hiciera ganar unos cuantos dólares a la semana para seguir viviendo”, recuerda.

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