Feudalismo cibernético

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Miriam Martínez R.

Es difícil revertir la naturaleza humana, incluso en las llamadas redes sociales. Según algunos observadores de lo que sucede en la Web 2.0, la nueva tendencia es que los usuarios, como antiguos señores feudales, cierren el paso del populacho a sus propiedades virtuales, dejando que sólo unos pocos tengan acceso a sus contenidos. La multitud deja su lugar a la exclusividad.

“A Europa le tomó 800 años sacudirse el yugo del sistema feudal y a las redes sociales les bastaron seis años para traerlo de regreso”, dice Tony Haile, un emprendedor de internet que recién lanzó Chi.mp, sitio que permite a sus usuarios administrar contenidos sin importar en qué plataformas los crea.

Según Haile, los usuarios de las redes sociales se parecen a los siervos que atendían a sus señores en cuanto a que entran y salen de los sitios en cuestión sin llevarse o quedarse con nada. “La gente que me conoce vía redes sociales basa su idea de mi persona en 80% de lo que digo de mí en Facebook y casi nada de lo que yo puedo decir personalmente”, comenta Haile. “Nuestra identidad está definida por lo que determinada red permite saber de mí”.

La abundancia de redes sociales (LinkedIn, Bebo, Hi5, Second Life y más) generan lo que los expertos llaman una fragmentación de la identidad de los usuarios. Debido a ella, un asiduo a estos sitios deja una parte de su persona en un sitio que difiere por completo de lo que cuenta en otro, al tiempo que dice ‘casi’ toda la verdad de sí misma en otro sitio más.

Esto ha llevado a nuevos emprendedores, como Haile, y a viejos empresarios como Marc Andreessen –cofundador de Sun Microsystems– a invertir dinero y talento en herramientas para que los dueños de páginas en las redes sociales puedan tener un puño de hierro sobre sus contenidos y administrar mejor su ‘identidad digital’.

Recientemente, Andreessen reunió 60 millones de dólares y lanzó Ning, una herramienta que permite a los usuarios de redes sociales personalizar cada una de las que visita para adecuarlas a sus necesidades. Pone en las manos de los generadores de contenidos la posibilidad de administrar con más facilidad todo lo que de su persona va dejando en las redes y aun les permite determinar quién entra y quién ve qué contenidos. El ejecutivo define a Ning como una especie de Home Depot, en donde los usuarios escogen lo que quieren y necesitan para construir un sitio mejor.

Andreessen dice que servicios como Ning permitirán que el mundo de internet se salve de lo que llama un ‘invierno nuclear’ luego de que las inversiones en la economía virtual se pudieran detener.

Lo que se necesita, advierte Haile, es una nueva era de la Ilustración, sólo que esta vez en línea. “Necesitamos una evolución de nuestra identidad que nos permita entrar y salir de los sitios de otros y, al mismo tiempo, tener un control sobre nuestros contenidos de forma en que no se limite la interacción y se creen feudos virtuales”, explica.

Pero, a juzgar por los millones de sitios que a diario crean los usuarios, será difícil que la armonía impere; la naturaleza humana nos lleva a ensalzar lo propio y denostar lo ajeno. Más que un invierno nuclear, lo que parece seguir será una edad media en la red, con sectas y religiones casi personales y cotos completamente individuales.

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