Cancún, rumbo a la renovación

Si Las Vegas puede, por qué la Riviera Maya no habría de volverse refinada; en noviembre será la apertura del Mandarin Oriental con spa, vino y más respeto por lo silvestr
Uno de los primeros hoteles de diseñador en la Riviera Maya.  (Foto: )
Roberto Morán

Cuando hace seis años los hermanos Micha y su socio Carlos Couturier abrieron Deseo, un hotel de diseño en Playa del Carmen, muy pocos creyeron en su idea, recuerda ahora Rafael Micha. Cancún se había convertido en un destino para spring breakers, que sólo frecuentaban los bares más baratos con la intención de emborracharse hasta caer y Playa del Carmen era un sitio de turismo de mochileros europeos, que por otras razones no veían el valor agregado en la arquitectura de premio.

A pesar del escepticismo inicial, Deseo se ha ganado un sitio en las revistas de viajes de Estados Unidos, que en forma unánime lo seleccionan a cada rato como uno de los hoteles chics del Caribe, o como un excelente lugar para escuchar buena música y tomar un buen coctel, al lado de la alberca más decorativa que deportiva. Tanto, que ya dio un hermanito, el Básico, que, como su nombre lo indica, es esencial para encontrar frescos jugos y mariscos en su terraza estilo Mauricio Garcés, también con vista sobre la siempre cosmopolita Quinta Avenida.

La idea de refinar el destino ya está contagiando el camino entre Playa del Carmen y Cancún, donde en estos últimos seis años ha surgido la Riviera Maya. Ahí está, por ejemplo, el Mayakoba, un conjunto de hoteles y residencias de superlujo, que esperan cambiar la vocación turística de la zona: más martinis y menos chelas –y más dólares por visitante, a cambio de servicios y comidas que van más allá de la hamburguesa con papas–.

Cancún ya entró de lleno a la renovación. En 2004, el primero en adoptar el diseño refinado y la música lounge fue el Aqua, del Fiesta Americana, que este otoño se reabre después de haber sido castigado por el huracán Wilma, que tal vez quería asegurarse de que el destino mantuviera el mal gusto de los spring breakers. Ya no estará el restaurante de Patricia Quintana, pero el Grupo Posadas sostiene que tendrá un chef a la altura.

Francisco Hanhausen, el arquitecto a cargo del diseño interior, explica que el Aqua quiere ser contemporáneo sin estar en las modas: “Es lo contrario de hoteles como el W, que son muy trendies”, dice. “Queremos enseñar que el México contemporáneo es más que Barragán y Legorreta, más que muros rosas y amarillos”. Para el Aqua se utilizaron materiales mexicanos que ayudan a dar “una modernidad más familiar, se hace mexicana en los detalles”.

La cadena Meliá remodeló uno de sus hoteles en Cancún para sumarlo a su nuevo concepto, Me, que prefiere las luces tenues y la música vanguardista al estrépito de las bandas de vacacionistas que antes dominaban la ciudad.

El Ritz Carlton, como siempre, se cuece aparte: ese lujoso hotel que por sus decorados podría estar en Nueva York, siempre ha sido refinado al estilo de un conquistador inglés –que viaja con sus alfombras y su mermelada de naranja al último confín del trópico– y ahora podrá decir, ante la ola de hoteles chic, que él llegó primero.

En cuanto reabrió, después del Wilma, en noviembre pasado, el Ritz inauguró su centro culinario, con cursos de cocina para los huéspedes, a cargo de Rainer Zinngrebe, un chef alemán que, a sus 43 años, ya acumuló currículum en Asia y Estados Unidos y que ahora dirige los restaurantes del Ritz, dos de los cuales tienen cinco diamantes otorgados por la AAA (asociación de empresas turísticas, antes la American Automobile Association).

“Es cocina recreativa”, explica de los cursos, que sin llegar a ser demasiado serios permiten conocer algo de la historia y la cultura mexicana, divertirse y aprender platillos para hacer en casa. “Nuestros huéspedes han cambiado, ahora buscan una experiencia más divertida”. Son clases de dos horas que darán más que contar que tumbarse en la playa.

La gran noticia este noviembre será la apertura del Mandarin Oriental, que inaugura el nuevo modelo de hoteles, con spa y vino y un poco más de respeto por la vida silvestre. “¿Algo nuevo en la Riviera Maya?, cada vez que te asomas a la calle”, dice Javier Aranda, director de Promoción Turística de esta zona que espera tener 15,000 habitaciones en cinco años.

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