Una mexicana en Broadway

Bianca Marroquín dio el salto a un papel protagónico en el musical 'Chicago'; ha demostrado que el talento no tiene nacionalidad.
La mexicana fue con todo y llegó más rápido que otros. (Ilán
Mientras la maquillan para las fotografías trato de imaginarla bailando. Tiene un cuerpo delicado pero firme, la piel lisa y muy blanca, casi transparente. Nos encontramos en un viejo edificio en el corazón de Manhattan, en Nueva York, una ciudad que, a pesar de constituir un verdadero crisol cultural, suele abrir con mucha cautela sus puertas al talento venido de fuera.

En el caso de Bianca Marroquín existe una agradable contradicción: esta misma ciudad la recibe con respeto, como se recibe a una estrella. Se trata de la primera bailarina mexicana que llega directamente a un protagónico en Broadway. “No soy la primera que trabaja aquí, pero me tocó la fortuna de llegar más rápido al papel principal”.

Tan fácil y tan difícil como ganar una audición; tan fácil como hacerlo bien, tan difícil como vencer a bailarinas y actrices de renombre, todas rabiando por encarnar a Roxie Hart, la asesina favorita del público neoyorquino en el musical Chicago.

Los primeros pasos de baile
¿Cómo les arrebató ese papel siendo una perfecta desconocida en Nueva York? La pregunta la hace arquear las cejas. “Híjole”, suspira, y comienza un recuento detallado. Habla cariñosamente de su infancia en Matamoros, cuando para asistir a la primaria había que cruzar la frontera; de sus ganas de sobresalir, de su intención de estudiar en Europa. “Cuando salí del high school”, dice con un poco de acento que no puede ocultar, “de la prepa, pues, me quise ir a España y mi papá me dijo: ‘Primero estudia una carrera y luego brincoteas’, así que me metí al tecnológico a estudiar comunicación. Pensé: ‘Ni modo, seré reportera’”.

Lo malo –o lo bueno para Broadway–, es que la “artisteada” la alcanzó. No le dio tiempo de echarse para atrás. “Para una clase hicimos un show de danza; yo cantaba y actuaba, y hasta salimos en el periódico. Iba en quinto semestre y me empezaron a invitar a festivales de la canción. De allí seguí haciendo audiciones hasta que me quedé en el primer musical que trajeron como franquicia desde Broadway a la Ciudad de México, La Bella y la Bestia”.

Tenía 21 años cuando se hizo parte del ensamble de esta obra y 22 cuando se casó con Luis, un diseñador de audio que conoció en esa misma producción.

Con el público en la bolsa
Luego vendrían empleos cada vez más complejos en el D.F., como el de swing (tener que aprenderse el papel de los otros para cuando haya que suplir a alguien) y el de capitán de danza (el que cuida la nitidez de la coreografía), en obras como Rent y El fantasma de la ópera. Hasta que en el verano de 2002 el protagónico de Chicago la tomó por sorpresa. “Para la audición vinieron muchas celebridades”, dice, aunque prefiere guardarse los nombres de a quiénes derrotó. “Yo tenía 25 años y lo veía difícil; me habían dicho que era muy joven para el papel”. Se trataba interpretar a una mujer compleja, que, en menos de dos horas, evoluciona de dulce e ingenua a impulsiva y manipuladora.

“Roxie es ante todo vulnerable”, prosigue Bianca mientras le retocan de rojo los labios. Su cara de niña está casi completamente cubierta por el maquillaje. “La clave fue darle profundidad, porque con todo lo loca que puede resultar, al final de la función debes tener al público en la bolsa… de tu parte”.

Seis meses después de sus primeras audiciones, Bianca ya había ganado premios de la asociación de críticos, y un buen día, Morris Gilbert, el director de la puesta en México, le informó: “Te quieren en Broadway, tienes tres semanas para aprenderte las líneas en inglés”.

Cuando fue aceptada sólo tuvo tiempo de ensayar cuatro días para su debut, y lo que al principio iba a ser una corta temporada, se convirtió en un papel titular que duró dos años. En plena gira le otorgaron el Premio Helen Hayes a la mejor actriz en una producción musical de Estados Unidos y por ahí se enteró que empezaba a tener fans. “Uno me dedicó una página web”, recuerda entre risas.

Para 2005 los productores le ofrecían un tercer año en el musical, pero Bianca no podía esperar para “bajarse” de la gira. “Tenía que volver a empezar, a ganarme el respeto de todos desde abajo y empezar mis propios proyectos”.

“Me intriga la actuación”
Desde que se despidió de Chicago ha participado en otros musicales, como Pajama Game de Kathleen Marshall, aunque, por decisión propia, se alejó temporalmente de los protagónicos. “Sólo así iba a sentirme tranquila, trabajando desde abajo para pagar derecho de piso en Estados Unidos”.

Antes de que salgamos a las calles de Manhattan a tomar las fotos, Bianca (Bibi, para sus amigos) se ha transformado. Con su boquita roja y el pelo alaciado, parece una muñeca de porcelana. “A veces extraño México. Aquí hace mucho frío... además, en el cine, por ejemplo, siempre me ofrecen papeles de latina, muy clavados en el estereotipo, pero no los acepto porque no tengo el tipo físico y también porque I jav tu go’on touking laik ‘dis (tengo que hablar así)”, bromea, fingiendo el acento.

¿Regresará entonces a México? “Sí, no sé si para siempre, pero quisiera actuar más. Me intriga la actuación, pero con un proyecto concreto. Tengo también planeado regresar como productora e intérprete de algo propio, pensado y compuesto por mí. Es casi seguro que lo tendré listo este año”.

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