El nuevo héroe de Sillicon Valley

El último símbolo de estatus para la capital de la tecnología es usar una bicicleta hecha a man Brent Steelman fabrica estos milagros rodantes a la medida, que hoy se han vuelto ya objeto de
Las bicicletas de Steelman se han vuelto "objeto de culto"
Jessi Hempel

Todos los sábados por la mañana, una multitud de ciclistas ataviados con coloridos suéteres se reúnen frente al Roberts Market en Woodside, California, preparados para recorrer los caminos de Portola Valley. Entre esa curiosa legión de deportistas se encuentran algunos titanes de la industria tecnológica.

Si bien éstos pasan sus días buscando lo último, lo más novedoso, ligero y veloz… cuando llega el sábado, lo más codiciado está lejos de ser un aparato tecnológico: es una bicicleta artesanal, hecha a la medida por un hombre poco conocido fuera de estos círculos, Brent Steelman.

Steelman es el héroe de culto para clientes como Kohlberg Kravitz Roberts (cofundador de George Roberts), Noel Fenton (socio de Trinity Ventures) y Jim Breyer (directivo del consejo del fondo de capital riesgo Accel Partners y Facebook).

Steelman comenzó a construir bicicletas desde la adolescencia, no le gustan los materiales extravagantes y no se publicita. Así que se necesita algo más que dinero (5,500 dólares el precio promedio) para conseguir una de sus bicis.

“Cuando construyo, invierto una enorme cantidad de energía en esa bicicleta, en la persona que la usará. Hay gente que no tiene buena vibra, y no trabajo para ellos.” Una vez que te acepte como cliente, puede entrevistarte durante tres horas para conocerte mejor.

Esa dedicación se debe a que Steelman monta cada bici con la precisión de un sastre. Mide a sus clientes desde la planta de los pies hasta la rótula, desde el inicio del brazo hasta la articulación de la muñeca, incluso la medida de tus zapatos. Corta los tubos del marco de acuerdo a las proporciones exactas del usuario, “Las más sutiles variaciones del marco pueden afectar el manejo” explica David Strong, gestor de fondos hedge que posee tres velocípedos de Steelman.

Los puristas como Strong admiran el trabajo de Steelman porque aunque usa componentes de primera calidad de firmas como Campagnolo, Shimano y Dedacciai, prefiere siempre el acero tradicional sobre el carbono, elemento que le da a sus bicis una sensación sobre el camino análoga a la de un Porsche.

Su taller se encuentra en un almacén sin número en Redwood City, no produce a gran escala, no tiene empleados y no le gusta que los clientes lleguen sin anunciarse. Mientras su esposa organiza los asuntos desde un escritorio, en el taller trasero, el nieto de un ingeniero mecánico ha construido no sólo las bicicletas, sino el equipo necesario para fabricarlas.

Casi toda la maquinaria que usa proviene de la Segunda Guerra Mundial, aunque él la ha actualizado y modificado para hacer el delicado trabajo que requieren sus productos artesanales. Su oficio es meticuloso, así que le toma seis meses como mínimo completar una orden, es decir, sólo fabrica 50 bicicletas al año.  Sus bicis son tan especiales que los conocedores pueden identificarlas enseguida.

Hace poco, este reportero tuvo la oportunidad de pasear en bicicleta con el genio creador, recorrimos el camino desde Redwood City hasta Woodside. “Es increíble” decía Steelman mientras pedaleaba, “considerando la cantidad de recursos que necesita una bicicleta, su peso y la distancia que puedes recorrer, es el medio de transporte más eficiente que existe.”

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