Hollywood desaira a las Olimpiadas

China desea impresionar al mundo con los juegos de 2008, pero el oro de Hollywood se le resiste la relación entre la capital del espectáculo y los organizadores chinos, es hoy por hoy inexist
China enfrenta la indiferencia de Hollywood, pero aún así tr
Richard Siklos
LOS ÁNGELES (Fortune) -

Hace algunas semanas Hollywood Boulevard fue el escenario de un gran desfile organizado por una comitiva de Beijing para promocionar los próximos Juegos Olímpicos.

Curiosamente, los medios locales no mencionaron el evento y los grandes ausentes en este festivo recorrido sobre el paseo de la fama fueron, precisamente, las celebridades.

Vale recordar que la relación de Hollywood con las Olimpiadas ha pasado de ser tibia a inexistente. Es una postura que han tomado ambas partes, Hollywood y China, dos de las fuerzas más poderosas (aunque de manera diferente) en el siglo 21.

Lo que nos recuerda, también, que los Juegos siempre terminan politizándose, independientemente de cuál sea el país anfitrión. Beijing, desde luego, está empeñada en ofrecer una competición olímpica que el mundo no olvide nunca –sazonada con instalaciones de primer nivel, entretenimiento e incluso un microclima creado a la medida. ¿Y por qué no? China está en ascenso, y esta es la mejor oportunidad para mostrar su floreciente poderío económico.

La frágil situación se hizo clara en enero, cuando se evidenció que la cercana y compleja relación entre Estados Unidos y China podía resquebrajarse bajo las luces de los estadios, luego de que Stephen Spielberg renunciara a ser el asesor artístico de los juegos de verano debido a los estrechos vínculos económicos, políticos y militares que China mantiene con Sudán.

Spielberg había pedido al gobierno chino que hiciera más por detener los ataques de Sudán en Darfur. Los funcionarios chinos respondieron que era poco razonable e irresponsable culparlos por las políticas internas de Sudán (aunque posteriormente aprobaron la presencia de fuerzas pacifistas de la ONU en la región).  

Desde entonces, las protestas contra esta situación y otros temas relacionados a los derechos humanos se han incrementado -seguidas, sobre todo, por imágenes de oficiales chinos deteniendo a manifestantes que quieren arrebatar la llama olímpica de los deportistas que la pasean alrededor del mundo-.

Varias celebridades han protestado contra las Olimpiadas, desde actores como Don Cheadle a Mia Farrow (que calificó a Beijing como “las olimpiadas del genocidio” y convocó a boicotear a las empresas patrocinadoras).

George Clooney, que ha hecho campaña por concienciar a la gente de lo que pasa en Darfur, está en una situación algo complicada. La marca de relojes Omega, con quien el actor tiene un jugoso contrato, es una de las patrocinadoras. Clooney dijo que ha tratado de convencer a Omega para ésta deje el patrocinio. Por su parte, Richard Gere, conocido por apoyar al Tibet, ha criticado también los Juegos (sin mencionar que Beijing planea pasear la llama olímpica por el territorio del Dalai Lama).

A esta protesta de famosos se suman los líderes mundiales y corporativos que llaman a boicotear la ceremonia de inauguración de los Juegos; Hillary Clinton le pidió al presidente Bush que lo hiciera, y Barack Omaba parece secundarla. Todo este ruido nos lleva a dos conclusiones:

Primero, si los miembros del Comité Olímpico Internacional hubieran querido evitar la polémica, debieron concederle la sede a Toronto. El hecho de que la gente esté protestando no debe sorprendernos, muchas naciones han boicoteado las Olimpiadas a lo largo de su historia, como cuando la Unión Soviética faltó a los Juegos en Los Ángeles y China amenazó con ausentarse de Atlanta por los vínculos entre Estados Unidos y Taiwán.

Segundo, quizá las Olimpiadas y Hollywood no se mezclen bien. El cineasta Ang Lee y el empresario musical Quincy Jones aún siguen en la lista de asesores creativos para los Juegos, pero muchos ejecutivos de los medios no han querido formar parte del evento (salvo la NBC, que tiene los derechos de emisión).

Al final podemos suponer que, esté Hollywood involucrado o no en los Juegos, China montará una producción impresionante. Sólo espero que la atención se centre más en los deportes y las competencias, y menos en las circunstancias. Sorprende mucho saber que en los últimos Juegos, mucha gente prefirió sintonizar en sus televisores el programa de American Idol.  Lo mismo sucedió con los Academy Awards, la entrega de los Oscar sufrió un bajo rating luego de la huelga de escritores. Es posible que la lección final (una que tanto las Olimpiadas como Hollywood deben aprender) es que no todo necesita ser un éxito de taquillas.

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