El ‘bullying’ afecta más la salud mental que el maltrato

El acoso entre adolescentes tiene mayores consecuencias que el abuso por parte de algún adulto; un estudio revela que los jóvenes en una situación hostigamiento sufren depresión y ansiedad.
bullying  (Foto: Reuters)
Ashley Strickland
(Reuters) -

El bullying puede definirse de muchas formas. Es acoso, poner apodos, caer en estereotipos, pelear, excluir, difundir rumores, avergonzar públicamente e intimidar de forma agresiva. Puede ocurrir en persona o en internet. Pero ya no puede considerarse un rito para fortalecer el carácter, según una nueva investigación.

Los adolescentes que son blanco de bullying por parte de sus compañeros sufren efectos peores a largo plazo en la salud mental que los niños que sufren maltrato por parte de adultos, según un estudio que se publicó la semana pasada en la revista The Lancet Psychiatry.

Los hallazgos sorprendieron a Dieter Wolke y su equipo, autores del estudio. Esperaban que ambos grupos sufrieran efectos similares. Pero como los niños tienden a pasar más tiempo con sus compañeros, tiene sentido que una relación mala provoque efectos más graves y duraderos, dijo Wolke. También descubrieron que era más probable que los niños que sufrían maltrato por parte de adultos fueran blanco de acosos.

Los investigadores descubrieron que los niños que sufrían de acoso tienen más probabilidades de padecer ansiedad, depresión y de considerar auto lastimarse y suicidarse más adelante.

Aunque todos los niños se enfrentan a conflictos, los desacuerdos entre amigos usualmente se pueden resolver de alguna forma. Sin embargo, la naturaleza repetitiva del bullying es la que causa tanto daño, dijo Wolke.

"El bullying se puede equiparar a lo que vive un animal enjaulado", dijo. "El salón de clase es un lugar plagado de gente con la que no decidiste estar y no puedes escapar de ellos si pasa algo negativo".

Los niños pueden interiorizar los efectos dañinos del acoso, lo que crea problemas relacionados con el estrés, tales como ansiedad y depresión; también pueden exteriorizarlo y volverse acosadores. De cualquier forma, el resultado tiene un efecto doloroso.

El estudio concluyó con un llamado a la acción; se indica que aunque el gobierno se ha centrado justificadamente en abordar el maltrato y el abuso en casa, también debería considerar que el bullying es un problema grave que exige que las escuelas, los servicios de salud y las comunidades prevengan, reaccionen o impidan que se forme esta cultura del abuso.

"Es un problema comunitario", dijo Wolke. "Los médicos no preguntan acerca del bullying. Los profesionales de la salud, los educadores y las leyes podrían proveer recursos médicos y sociales a los padres. Todos necesitamos que nos enseñen a hacer preguntas sobre las relaciones con los compañeros".

Un problema mundial

Según el estudio, el acoso es un problema mundial. Predomina en países con divisiones rígidas entre las familias de clase alta y las de ingresos más bajos, dijo Wolke.

Tracy Vaillancourt, profesora de la Universidad de Ottawa y del programa Canadá Research Chair para la Prevención de la Violencia y Salud Mental de los niños, cree que definir el acoso podría ayudar a combatirlo. Hay que considerarlo una conducta que daña y no una conducta adolescente normal, dijo.

Las personas que dan el ejemplo también deberían prestar más atención a su conducta, añadió. A veces los adultos dicen o hacen cosas en frente de sus hijos que emulan al comportamiento agresivo, como chismear, degradar a otros, animar a sus niños a devolver el golpe o permitir que la rivalidad entre hermanos se vuelva algo más dañino.

"Tendemos a admirar el poder", dijo Vaillancourt. "Pero también tendemos a abusar del poder porque no hablamos de adquirir el poder de forma correcta. El acoso es parte de la condición humana, pero eso no significa que esté bien. Debemos cuidarnos unos a otros".

En el estudio se comparó a adultos jóvenes de Estados Unidos y Reino Unido que sufrieron maltrato y acoso en la niñez. Los datos obtenidos de dos estudios distintos: fueron comparados con 4,026 participantes del Estudio Longitudinal en Avon sobre Padres e hijos en Reino Unido y 1,273 participantes del Estudio Great Smoky Mountains en Estados Unidos.

En el estudio de Reino Unido se analizó el maltrato entre las ocho semanas y los 8.6 años; el bullying a los ocho, los diez y los trece años, y los efectos en la salud mental a los 18 años. En el estudio estadounidense se presentaron datos sobre bullying y maltrato entre los nueve y los dieciséis años, así como los efectos en la salud mental entre los 19 y los 25 años.

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