Boom silencioso

En el país, los casos de espionaje industrial han crecido al menos 200% en los últimos 10 años; muchos corporativos han pagado altos costos por ser espiados, no sólo económicos, sino en su imagen.
espionaje3  (Foto: AP)
Esteban David Rodríguez
CIUDAD DE MÉXICO (Manufactura) -

"Yo diría que en los últimos ocho o 10 años se ha disparado en alrededor de 200% en nuestro país", infiere Eduardo Muriel, de Infocor Blindaje Empresarial. Por distintas razones, la cuantificación no es sencilla. Los efectos del espionaje industrial se inscriben, legalmente, en violaciones penales de diverso orden, que van del daño patrimonial al robo de propiedad intelectual. Según el Índice de Incidencia Delictiva 2009, elaborado por el Centro de Investigación para el Desarrollo A. C. (CIDAC), con base en datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), sólo 26% de 1,714,771 denuncias recibidas por las autoridades mexicanas en 2008, correspondieron a robos y delitos patrimoniales no violentos, es decir, alrededor de 450,000.

Sin embargo, Muriel asegura que 80% de los ilícitos relacionados con la industria son delitos de cuello blanco. Y es que los daños colaterales de ésta actividad ilícita derivan en delitos secundarios que pueden variar del robo simple de mercancías al asalto armado. Muchos corporativos que han pagado los altísimos costos de haber sido espiados, evaden pagar el precio adicional del desprestigio: "El espionaje perjudica a la empresa víctima no sólo de manera económica y comercial, sino también en su imagen corporativa. Divulgarlo es un costo extra".

Joaquín Negrete de Espionaje México, está de acuerdo: "Algunas consecuencias de hacerlo público son inmediatas, como una baja significativa del valor de las acciones que cotizan en las bolsas de valores debido a la percepción ‘justificada' de los inversionistas de que ésta empresa ha perdido su valor de propiedad intelectual, y que se reflejará en menores ingresos, falta de credibilidad y confianza en el presidente y la junta de consejo, entre otras".

Los indicios del incremento de ésta actividad, no obstante son muchos. Google, el motor de búsqueda más popular, despliega en la actualidad más de 30,000 entradas que ofrecen servicios relacionados con el espionaje industrial en México; de ellos, alrededor de mil los ofrecen con ambigüedad, de modo que el consultante pueda inferir que hacen las maniobras en ambos sentidos, y cerca de 400 ofrecen específicamente espiar empresas sin ningún reparo.

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El crecimiento es global y, paradójicamente, predispone también a las víctimas a espiar. Mario González-Román (SecurityCornerMexico.com), cita datos publicados por DeTienne: "En una encuesta efectuada en el 2000 por American Management Association entre 2 mil 133 compañías, el 73% de los entrevistados admitieron haber espiado a sus empleados por vía electrónica".

Para Eduardo Muriel, los instrumentos que trajo el cambio tecnológico —teléfonos móviles, internet, cámaras digitales, etcétera— y la adhesión de México a tratados comerciales como el GATT y el TLC, obligaron al país a entrar en una dinámica de mayor competencia para la que no estaba listo: "El mercado es cada vez más complejo, con mayor grado de competencia: interés en productos de mayor calidad, mejores costos, más variedad de modelos, actualización. Esto ha obligado a muchas empresas sin capacidad de desarrollar tecnología, traten de obtenerlo de otra forma. Esa es la lógica en la que el espionaje industrial ha crecido".

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