¿La inestabilidad llegó para quedarse?

Antes, ésta fue consecuencia de la corrupción y mala administración; hoy debemos ver que la inflación y la inestabilidad tienen, ante todo, causas económicas.
Alejandro Castillo

Hoy el mundo vive una escalada de precios que no es sólo en energéticos o alimentos, como se ha tratado de limitar, sino que alcanza a importantes materias primas y ya se ha convertido en un factor que presiona los costos en una amplia gama de actividades. Además, el fenómeno no se debe sólo a una demanda mayor a la oferta de un grupo de productos, sino también a la debilidad del dólar, que hoy presenta una deva-luación con respecto al euro de casi 40%, lo que hace más intensas las presiones inflacionarias.

Estados Unidos (EU), después de casi una década en la que operó con muy bajos crecimientos de precios, ha comenzado a resentir las alzas. Si bien esos incrementos han logrado ser asimilados o anulados, cada vez se tienen más dificultades para evitar que las alzas en los insumos impacten en los precios finales.

Un indicador de esto es el índice de actividad del sector manufacturero que presenta cada mes el Institute for Supply Management (ISM). En cuatro de los últimos cinco meses, su índice general ha sido menor a 50.0 puntos. Históricamente, cuando esto sucede de manera sostenida hay riesgo de una recesión. Desde febrero ese índice ha quedado debajo de 50.0 puntos, pero arriba de 48.0, y no se ha deteriorado más.

Ese índice tiene un componente que mide la evaluación de los empresarios manufactureros acerca de los factores que afectan su desempeño. Ese es el caso de los precios de los insumos. Como se observa, después de llegar a un mínimo en 2001, cerca de los 40.0 puntos, el índice de precios de los insumos manufactureros creció a cerca de 80.0 puntos en 2004, como reflejo de las alzas que en ese año se registraron en los metales industriales, especialmente el acero, proceso en el que también influyó el progresivo aumento que habían observado los hidrocarburos. Esa alza no se sostuvo, en parte porque la economía estadounidense comenzó un proceso de desaceleración.

Sin embargo, desde enero de 2007 los insumos han tendido a aumentar, de modo que en marzo, abril y mayo de este año, el índice de precios del ism superó los 80 puntos y, en junio, llegó a 91.5. Las ramas industriales que reportaron incrementos en los precios de sus insumos en junio fueron: textil y confección, industria de la madera, plásticos y caucho, productos químicos, maquinaria y equipo, manufacturas diversas, manufacturas de metal, petróleo y productos de carbón, minerales no metálicos, equipo eléctrico, computadoras y sus componentes, entre otros.

Por supuesto que esto afecta a México. Hay que recordar que los ingresos extraordinarios de divisas, derivados de los altos precios del petróleo y las remesas, fueron utilizadas para subsidiar las importaciones y presionar a los precios internos a la baja.

No obstante, frente a la turbulencia y con el supuesto objetivo de controlar las alzas de precios, el Banco de México (Banxico) decidió elevar sus tasas de interés, propiciando un mayor fortalecimiento del peso y restringiendo aún más la demanda. Obviamente, como la inflación no es interna, seguirá en aumento en un proceso que se podría agudizar si disminuye el flujo de divisas por menores exportaciones de crudo o la llegada de menos remesas.

La estrategia de banxico ha sido muy cara para el país, ya que significó la utilización de los excedentes petroleros en importaciones que propiciaron el cierre de empresas. Sin embargo, lejos de corregir, decide aumentar el pago y el costo, en una apuesta que de antemano sabe que ya perdió.

La inestabilidad ha llegado para mantenerse unos meses, quizás años, y lo que quedaría por hacer es adoptar estrategias para corregir y relanzar el crecimiento, con una visión geoestratégica, de beneficios compartidos para la región del Norte de América.

El autor es economista y director general de la consultora Corporativo Huanacaxtle.

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