El valor marcará la pauta

Aquí le presentamos los resultados de nuestra IV Encuesta de Competitividad.
David Luna

Con motivo de nuestra edición especial sobre Perspectivas y Retos llevamos a cabo la IV Encuesta de Competitividad en la manufactura con nuestra base de lectores. Nuevamente, obtuvimos muy buena respuesta, alcanzando una muestra de más de 1,350 profesionales de la industria.

En este sondeo pretendemos conocer mejor la manera en que los manufactureros entienden la situación de competitividad y productividad en México. Nadie mejor que nuestros lectores para sentir el pulso de nuestro mercado.

Mediante 11 preguntas, los encuestados pudieron dar su visión, preocupaciones y ánimo sobre aspectos clave de la competitividad: infraestructura, políticas industriales, herramientas de mejora continua y entorno económico.

Debido a que durante los cuatro años en los que hemos realizado esta encuesta hemos formulado las mismas preguntas (salvo pequeños cambios, básicamente se han agregado de manera paulatina algunos incisos), hoy podemos tener una visión comparativa y de tendencia entre las opiniones de los años 2004 a 2007. Las respuestas, tabuladas de manera automática con nuestro sistema de encuestas electrónicas, arrojaron los siguientes resultados.

EMPEZAR EN CASA
El tema de la competitividad necesariamente atañe a la conciencia individual de cada empresa en lo que a la mejora de sus procesos respecta. La aceptación de esta responsabilidad ha sido consistentemente alta a lo largo de los cuatro años que hemos realizado la encuesta.

En este renglón, poco más de 60% de los consultados coinciden en que es fundamental que las empresas encuentren en las iniciativas internas de mejora en productividad, una de las causales directas de la ganancia o pérdida de nuestra industria en el terreno de competencia mundial.

Podemos considerar que es una operación de suma la que debe dictar la lógica de la productividad nacional. Agregar valor de manera individual hace grupos fuertes. Entre más feroz sea la competencia dentro de cada sector o mercado, mayor es la fuerza que cada bloque en su conjunto adquiere hacia sus similares más allá de nuestras líneas de fronteras.

En este sentido, la mayoría de los ingenieros considera que en su empresa esta problemática se ha entendido (60% por completo y 33% al menos un poco). De hecho, la tendencia observada en los cuatro años que hemos aplicado la encuesta refleja bastante optimismo, pues aunque de a poco, la cantidad de lectores que aseguran estar tomando medidas adecuadas para mejorar sus procesos es creciente.

En lo que respecta a la ejecución, más de la mitad de los encuestados aseguran haber tomado ya medidas adecuadas en sus plantas. Esto se refiere a programas de mejora continua o acciones, en general, que ayuden a que sus compañías no cedan terreno. En 2007, por ejemplo, poco más de 30% aseguró que, al menos, se tienen   planes de hacer algo al respecto.

Lo que tenemos al final es que, según la muestra, existe un interés creciente por competir mediante el desarrollo de una cultura de innovación y de mejora continua. En el tiempo, la tendencia es claramente al alza.

También es interesante que al parecer es en los niveles gerenciales donde predomina el interés por resolver estos problemas (37%), pues al final son estos niveles los que tienen contacto con toda la organización, siendo los más capaces también de hacer real la implementación de los sistemas de mejora, tanto en la parte operativa como en la parte de toma de decisiones y de alineación a la estrategia de la unidad de negocio.

INFRAESTRUCTURA
Si bien lo anterior corresponde a factores endógenos, los industriales también opinan sobre acciones que no están en sus manos, pero que deben ser apoyo para su desarrollo. El gobierno, responsable de la infraestructura que actúe como facilitadora, también se enjuicia en la cuarta encuesta de Competitividad de la revista Manufactura. La calificación es, por mala fortuna, consistentemente baja.

No obstante, resulta alentador que la percepción de que la clase política de nuestro país permanece enfrascada en discusiones y escándalos de corrupción por encima de los intereses de la sociedad y del despliegue de políticas que impulsen el sector, ha venido decayendo en el tiempo (pasa de 66% en 2004 a 47% en 2007). Pero hay que señalar que se incrementa la idea de que es necesario hacer mucho más de lo que actualmente se hace en materia de política industrial (17% en 2004 y 31% en 2007).

Y de aquí se desprenden nuevas reflexiones, como por ejemplo, qué es lo que ellos consideran como principal causa de estancamiento de la industria manufacturera nacional. Aquí, la mayoría, representada por casi 35% de los encuestados, mostró su desencanto por la eficacia de los programas gubernamentales. En este renglón, también destaca una creciente desatención por el tema China (16% en 2005, 13.8% en 2006), lo que parece indicar nuevamente que la preocupación de los industriales no está en lo que se hace en otros países, sino en lo que se ha dejado de hacer en el nuestro. Desde el punto de vista de los que hacemos esta revista, este debe ser el enfoque correcto.

EL VALOR DEL VALOR
Así, con este ejercicio se cuestiona a los lectores sobre las ventajas competitivas de México frente a otros países. Este año fue el valor agregado en la producción el factor considerado primordialmente por los encuestados (44%), mientras que el segundo factor fue la posición geográfica que nuestro país posee (37%). Ambos criterios se han mantenido en el tiempo. Aunque el criterio “mano de obra barata” está considerado como una opción en el cuestionario, sólo 10% consideraron a ésta como una ventaja real.

Otros factores considerados como ineludibles para mejorar la productividad en las empresas fueron la adquisición de tecnología, la reducción de costos, el incremento de valor en los procesos y la implementación de cambios culturales. En este tema, y desde 2004, las preferencias se han volcado hacia lograr un cambio cultural (53%). Con amplia diferencia porcentual, pero en segundo lugar, se consideró el valor en los procesos (18%) y uno importante como es la asimilación tecnológica muestra un crecimiento, aunque lento, en la opinión del lector (de 12% en 2004 a 15% en 2007).

El cambio cultural es permanente en la mente de los industriales, según lo muestra el estudio, pero en un futuro valdrá la pena analizar a qué rasgos culturales nos debemos referir y cómo deberían llevarse a cabo estos cambios. Si logramos desarrollar métricas adecuadas podremos ver si efectivamente el cambio cultural es una necesidad urgente o un simple mito para huir de resultados o de la falta de respuestas a nuestros cuestionamientos respecto a los rezagos —si es que en realidad son siempre rezagos o son simples percepciones equivocadas por evaluaciones mal equilibradas— presentados en nuestro sector por indicadores de todo tipo, tanto nacionales como internacionales.

Por otro lado, donde nuestro estudio muestra una tendencia de cambio es lo referente a los retos que la manufactura nacional debe enfrentar. En 2004, 48% de los encuestados respondió que el reto debe ser mejorar la calidad de los productos, sin embargo, este porcentaje disminuyó constantemente hasta llegar a 32% en 2007.

En contraste, la consideración de invertir más en investigación y desarrollo ha pasado de sólo 1% hace cuatro años a 46% en la presente encuesta. El cambio es notable, y parece congruente con la idea de que la calidad debe darse de facto, mientras que la clave deberá ser competir con ingeniería del más alto nivel posible.

Es la consigna entonces: No debemos vernos como un mero país de producción de altos volúmenes y poco valor agregado, sino como una nación que ofrezca mucho valor aunque a bajo volumen, buscando mayor rentabilidad y mejores oportunidades de mercado, al tiempo que se disminuyan riesgos por número de competidores y se incrementen las barreras de entrada.

Finalmente, al sondear el estado de ánimo, se repite como en años anteriores la percepción positiva, con respuestas de optimismo y donde los ingenieros evalúan a sus empresas como competitivas.

Igual que el año pasado y los dos anteriores, cuando empezamos la Encuesta de Competitividad, hemos percibido un gran ánimo por participar en estos estudios, lo que puede ser un indicador claro del hambre de mejora y de las ganas de compartir información para, posteriormente, alimentarse de ella.

Sin duda, y más allá de las tareas pendientes en términos de productividad en las fábricas y de los problemas macro por resolver —como el desarrollo de políticas industriales adecuadas a nuestras fortalezas como país— avanzar en este tipo de intercambio de ideas y de comentarios tendrá que rendir frutos en el corto plazo.

Hoy, estamos apenas comenzando la tarea y es el momento de definir qué queremos que en estas páginas se escriba en el futuro. De aumentar la contribución y el intercambio de conceptos, seguramente, lo que leeremos serán buenas noticias.

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