Y el optimismo, ¿cuánto dura?

Al final de la Expo Manufactura algo quedó claro: debemos ser optimistas; y más aún, debemos fijar nuestra mirada en el mediano y largo plazos.
"Conservemos la calma. No debemos perder de vista que la pen  (Foto: )
*David Luna

Esta feria industrial —si no la única, sí una de las más importantes de nuestro país—, presen-tó de nuevo un crecimiento tanto en área de exhibición como en número de expositores. Lo anterior tiene un dejo de dramatismo si tomamos en cuenta que esta exhibición, como prácticamente todas en el sector, se desmoronaron abruptamente tras la crisis de 2002.

Sin duda, hay una tendencia al alza que puede ser reflejo de lo que está sucediendo en la industria nacional, no en el contexto de la inmediatez, sino en la visualización de los escenarios de mediano y largo plazos.

Al revisar los registros de la Secretaría de Economía (SE) sobre la Inversión Extranjera Directa (IED) en México, todo parece encajar. Según se indica, el año pasado se invirtió en nuestro país la cifra histórica de 23.3 mdd (casi 3,000 mdd más que en 2006), sólo debajo de 2001, cuando sucedió la adquisición de Banamex. Cabe destacar que en 2007,  49.7% de la ied fue sólo para la manufactura y no se necesita ser demasiado observador para notarlo.

En el trayecto al aeropuerto, mi optimismo fue alimentado por la construcción de naves al lado del camino en los parques industriales regiomontanos: “Sigue entrando dinero a la caja de la producción nacional”, pensé.

Y no sólo es en la Sultana del Norte, también es recurrente ver la edificación de naves industriales y la ampliación de plantas en Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Baja California, Michoacán y el Estado de México, sólo por citar algunos. En realidad, este es un fenómeno que ocurre en casi todo nuestro territorio.

Lo importante es que son muchas las empresas manufactureras de orden mundial que siguen depositando su confianza y dinero en territorio mexicano. La firma Onex, ubicada en el clúster electrónico de Guadalajara, por ejemplo, acaba de traer de Estados Unidos (EU) sus líneas de producción de placas de radiografía intraoral y de mamografía de marca Kodak, y desde ahí se distribuirán a todo el mundo.

El fabricante de televisores Sharp amplió su planta de Rosarito el año pasado, con lo que espera incrementar la producción de equipos LCD de 200,000 a 400,000 en 2009. Y podría agotar la página citando ejemplos.

Sin embargo, si gustamos de las catástrofes, estamos en un buen momento para formularlas, pues la situación actual en el mercado de bienes raíces en EU hizo prever una debacle financiera que afectaría el consumo y, con ello, a quienes lo abastecen. Así, datos recientes indican una disminución en el ritmo de nuestras exportaciones en los próximos meses.

Aunque es un dato inquietante, sobre todo si se considera en el futuro inmediato, para algunos, esto no es necesariamente malo, pues puede aprovecharse la coyuntura para mirar a otros países como los europeos o, incluso, China.

Todavía tengo muy presente que, hace ya más de tres años, al preguntarle su opinión sobre la entonces muy vigente preocupación por China, Eli Goldratt —padre de la teoría de restricciones— me respondió tajante que esto era más una necedad que una amenaza, pues con una clase media de creciente poder adquisitivo más grande que la población total de nuestro país, debía verse como una oportunidad histórica incomparable.

Al final, lo que debe tomarse en cuenta es que, por más que suframos el zigzag de nuestro desarrollo, no debemos perder de vista que la pendiente es positiva. Si conservamos la calma y nos preocupamos por aprovechar los capitales extranjeros para desarrollar proveedores, crear conocimiento y construir un mercado interno para explotar, podremos mejorar el ángulo ascendente de esa pendiente.

El optimismo debe ser de largo plazo. El pesimismo, si lo desea, acomódelo en lo inmediato.

*Editor General de la revista Manufactura.

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