Economía: Destino: crecimiento

Reto

RETO

Durante la administración de Vicente Fox y en lo que va de la de Felipe Calderón se ha comprobado que la estabilidad macroeconómica no es suficiente y que para competir no sólo deben considerarse esquemas de mano de obra barata, pues lo más importante es contar con elementos de competitividad en todas las áreas vinculadas a la producción, logística y, por supuesto, comercialización y consumo.

Por otra parte, la fuerte dependencia de la economía mexicana a la estadounidense nos hace vulnerables no sólo por lo que se refiere a la entrada de divisas vía exportaciones manufactureras, sino además porque de mantenerse elevados los precios del petróleo y de la gasolina podría generarse un efecto espejo en nuestra inflación. Sin embargo, aunque está claro que el aumento del desempleo en México tiene sus principales orígenes en un descenso de la actividad económica en los Estados Unidos (EU), no podemos cruzarnos de brazos hasta que se vuelva a acelerar la economía mundial.

Requerimos, por tanto, participar en varios frentes y uno de ellos es contar con un mercado interno más fuerte. No basta que la estrategia gubernamental se concentre en fortalecer el gasto y la inversión del sector público pues, sin duda, la clave está en el sector privado, encargado de generar empleos y riqueza; al gobierno sólo debe considerársele como promotor de esa generación y coordinador de la mejor política para distribuir la segunda.

No obstante, para que se generen puestos de trabajo y sus consecuentes salarios, se requiere inversión, pero para que exista ésta se necesitan mejorar las condiciones competitivas del país. En este sentido, es oportuno señalar algunos aspectos que en los próximos meses pueden limitarla, pues su conjugación tiende a originar un freno económico para nuestro país, al menos que se mantenga la irreflexiba práctica de otorgar crédito al consumo por parte de las instituciones bancarias o de diversos establecimientos comerciales.

¿Dónde crear empleos y cuál debe ser la estrategia para impulsarlos? Antes de dar paso a las respuestas, es oportuno mencionar que entre 1995 y 2000 las manufacturas crearon poco más de 1,100,000 nuevos puestos de trabajo, en buena medida, derivados del despegue exportador. Sin embargo, hay que subrayar que ese proceso no se repetirá, pues la industria exportadora, ahora bajo el concepto de Programas de la Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación (IMMEX), no volverá a crearlos o, en el mejor de los casos, en los próximos años sólo va a compensar una parte de los empleos que se perdieron en la crisis de 2001. En la actualidad, el empleo en la industria manufacturera de exportación crece a niveles de no más de 80,000 plazas anualmente.

Es por lo anterior que se requiere que la creación de empleos tenga otras fuentes ajenas a la exportación y que, a su vez, no sean por medio de gasto público ni tampoco mediante lo que se denominó “changarros” en la administración anterior.

Como país necesitamos inversiones productivas, las cuales sólo se puedan generar modernizando el sector energético, impulsando la agroindustria o por medio de servicios con valor agregado. En caso contrario, es poco probable que se den otros motores de crecimiento en la economía y, por consiguiente, el empleo.

TAREAS PENDIENTES
En lo que a América Latina se refiere, quizás nuestro país se haya convertido en el objetivo principal de los exportadores chinos, no sólo por el tamaño que representa en término de consumidores, sino por su poder de compra y por la vecindad con los EU. Si esto lo tomamos como válido, entonces es oportuno tener presente al menos tres retos:
* Competir de manera directa con los productos chinos que van al consumidor doméstico. Éste, sin duda, es el espacio que lastima al mayor número de empresas nacionales.
* Mejorar la calidad y servicio de productos mexicanos que compiten con los asiáticos en el mercado de los EU y, por lo cual, hemos perdido la segunda posición en proveeduría.
* No permitir que se desvíen inversiones y/o líneas de producción que anteriormente tenían lugar en México y hoy son canalizadas a China.

Detengámonos un momento en el sector servicios vinculado a la industria manufacturera. Si algunos productos —como la maquinaria o bienes de consumo como las motocicletas— requieren de servicio y los productos chinos no tienen una red que los respalde, esa puede ser una gran ventaja para las empresas mexicanas, o bien, un nuevo reto, pero también una oportunidad. Otra puerta se abre en torno a la agroindustria de exportación, pues existe menos vulnerabilidad ante los chinos si pensamos en el mercado de productos perecederos o cualquier otro en el que los ciclos totales de inventarios en la cadena sean sólo de días.

La inserción que ha hecho México en la economía internacional representa algunos problemas para el futuro inmediato del país, por ejemplo:
* Dada la insuficiencia de ahorro interno, seguiremos dependiendo del ingreso de capitales externos para financiar el déficit en cuenta corriente y el crecimiento.
* El flujo de ahorro externo, sea por medio de créditos o de inversiones, es sumamente frágil ante situaciones de inestabilidad.
* La vocación exportadora de México tradicionalmente se fincó en bienes primarios, petróleo y productos del campo. Apenas se ha desarrollado, por un número reducido de empresas, una cultura de exportación de manufacturas con calidad y precios internacionales.

Si bien reforzar la apertura comercial será una de las prioridades de la presente administración, ya que se cuenta con el mayor número de tratados de libre comercio, el país sólo tiene acceso preferencial a 18% de la población mundial (1,057 millones de habitantes), pues la mayor parte se encuentra en países con los que no se tienen acuerdos comerciales. China, India y Corea del Sur son ejemplos de ello, además de que son países que concentran 35% del valor de las importaciones mundiales, sólo 4.3% de las exportaciones mexicanas se orientan a ellos.

Cabe mencionar que México a través de los distintos modelos de desarrollo, desde el sustitutivo de importaciones hasta el sustitutivo secundario exportador, ha tratado de acoplarse a los cambios mundiales determinados por la economía de EU.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no era la panacea ni el atajo para el desarrollo de México, aunque sí un instrumento vital, de tal suerte que no sólo el sector de la transformación o de manufactura sería la plataforma de crecimiento, ya que el conjunto de las actividades económicas deberían haber contribuido al cambio, pero no todos entendieron esto.

SECTOR A PRUEBA
En poco menos de década y media, rubros como la construcción y el comercio han avanzado más que la industria. El primero contribuye con aproximadamente 19% del Producto Interno Bruto (PIB), en tanto que el segundo lo hace con casi 17.5%. Aunque lo relevante no es esa contribución per se, sino la forma como se han desempeñado: La industria, cuando se puso en marcha el TLCAN, significaba 17.51% del PIB. Ahora representa 17.54%, siendo que otras actividades como el transporte, comunicaciones y almacenaje pasaron de 8.6% a poco más de 13% en el mismo lapso.

No basta tampoco con decir que la economía, desde los primeros días del TLCAN, ha crecido poco más de 46% y la población en 21%, pues en promedio crecer económicamente a tasas de 1.8% anual no es suficiente; más aún, no es razonable para un país como México. Luego entonces, debe dejarse de insistir en que la manufactura será siempre la válvula de escape de la economía mexicana. La competencia con otras naciones asiáticas, incluso, de América Latina o de Europa, nos dan cuenta de ello. El potencial de la exportación de productos deberá ir acompañado de un mejor desempeño en las comunicaciones, los servicios y los transportes.

Dicho de otra forma, vincular la economía nacional con la internacional implicaba, y lo seguirá haciendo, opciones sobre la estrategia que se pretende. Económicamente hablando, como país no basta importar bienes y posteriormente venderlos, no basta con invertir y no producir, ni recibir importantes montos de capital extranjero o por envío de remesas de connacionales en función de lo que tenemos o de lo que señala una coyuntura.

México ha resentido un menor dinamismo de la economía de los EU, particularmente en su sector industrial, su mercado inmobiliario (que impacta directamente a la construcción y a la demanda de insumos) y en sus exportaciones hacia terceros países. En ese sentido, el nuestro no sólo se ve impactado por su demanda externa, sino también porque en el plano internacional sigue perdiéndose en términos de competitividad.

Y ese menor dinamismo estadounidense también lo vemos reflejado en la captación de remesas, lo que ya fue puesto en evidencia el pasado mes de marzo, cuando registraron una ligera contracción anual de 0.1%, lo que no había sucedido desde diciembre de 1999. Esto también puede impactar la dinámica del mercado interno, al destinarse menores recursos al consumo o, como se había percibido, a la construcción de vivienda en zonas expulsoras de connacionales.

En lo que se refiere a las exportaciones de manufactura, solamente crecieron 5.9% en el primer bimestre, nada que ver con aquél 22% registrado en igual período de 2006. Ahora bien, el mercado interno corre el riesgo de fracturarse, sobre todo si consideramos que el ritmo de crecimiento del consumo disminuyó de más de 40% en los últimos años, a poco menos de 32% en el mes de enero.

Pero habrá quienes opinen que la mayor vulnerabilidad de la economía mexicana no es la dependencia que se tiene a EU, sino la subordinación de las finanzas públicas respecto a los ingresos por la venta de petróleo. En ese sentido, el déficit fiscal no petrolero alcanza 839,011 mdp, es decir, 9.1% del PIB. Siendo esto un dato alarmante, es necesario avanzar en el ensanchamiento de la base tributaria, eliminando regímenes impositivos de excepción y una mayor eficiencia en el sistema de administración fiscal.

Por otra parte, sería muy aventurado creer que las condiciones de la economía internacional se mantendrán siempre favorables para el país, eso no es posible. Resulta indispensable reforzar la apertura comercial, la globalización en la que estamos inmersos. Por ello deben buscarse mecanismos más ágiles para acceder adecuadamente a tecnología avanzada, contar con recursos humanos calificados, generar información confiable para detectar oportunidades de mercado, potenciar la red de tratados comerciales firmados por México y favorecer aún más la logística para tener entrada a esos mercados externos.

Entonces, ¿como seguir avanzando? Hay tres principios básicos para hacerlo:
* Contar con señales de certidumbre jurídica para la industria en su conjunto.
* Evitar regulaciones excesivas y eliminar su discrecionalidad.
* Instrumentar una política fiscal clara y competitiva que permita planear a largo plazo.

En suma, México ha establecido los lineamientos generales para avanzar hacia una consolidación económica. Por lo mismo, vale la pena recordar ciertas ideas. Lo peor es no hacer nada, aun cuando sea profunda la crisis y difícil salir de ella, pues el desorden económico paraliza las actividades productivas y la confianza entre gobierno, empresarios, obreros y campesinos. No hay estabilidad macroeconómica sin una reforma profunda y permanente de las finanzas públicas, pese al riesgo de caer en la tentación de creer que un programa puede tener éxito con un ajuste insuficiente o temporal. La estabilización y el cambio estructural deben considerarse como elementos integrales de una sola estrategia, de ahí la necesidad de coordinarlas en la planeación y en sus etapas de aplicación.

El reto, por tanto, igual que la responsabilidad, es de todos. La construcción de un mejor sistema económico y social no se hace ni hará de la noche a la mañana. Ya tuvimos décadas de proteccionismo, de severos costos por el impacto de altos niveles de inflación y descontrol en las finanzas públicas. Es momento de que México participe activa y eficientemente en la coyuntura internacional.

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