El ‘gurú’ de las admisiones en Harvard

Sandy Kreisberg, tiene amplio conocimiento sobre su funcionamiento, asesoró a más de 100 aspirantes; 70% de ellos consiguió entrar a Harvard, mientras percibe ingresos por unos 300,000 dólares.
Sandy Kreisberg  (Foto: Cortesía CNNMoney)
John A. Byrne

"¿Quieres saber quién entra a la Facultad de Negocios de Harvard y cómo funciona el proceso?". Sandy Kreisberg plantea la pregunta como si estuviera a punto de divulgar la fórmula secreta de Coca-Coca al espía de su compañía rival. En la cafetería de Darwin, en Harvard Square, el consultor de admisiones de maestrías de administración de negocios, conocidas como MBAs, se inclina sobre la mesa con un aire de seriedad. Toma su portafolio y saca un grueso folder con más de cien currículos de clientes que solicitaron entrar a la Facultad de Negocios de Harvard el año pasado.

Hojeando los documentos, toma uno, con una mancha de café, cubierto de sus propios garabatos ilegibles. "Promedio general, 2.9, Examen de admisión para graduados de administración, 690. Universidad de Harvard. Esta persona no entró por su promedio general bajo". 

Kreisberg saca otro documento. "3.9, 760, y trabajó para una compañía grande. ¿Sabes cuáles son las compañías grandes? Disney, Apple, Google. Un promedio general alto, examen de admisión excelente, compañía grande, y lo rechazaron. Imagínate".

La razón por la que Kreisberg, el autoproclamado gurú de la Facultad de Negocios de Harvard, tiene todos estos archivos, es porque ayudó a más de 100 solicitantes para la escuela el año pasado con entrevistas falsas, ayudándolos a prepararse para el evento real con el equipo de admisiones de la escuela.

El 70% de esos más de cien candidatos comenzarán clases este semestre. Kreisberg dice que entrevistó a más solicitantes para Harvard que cualquier otra persona en la oficina de admisiones el año pasado. Un vocero de Harvard debate la proclamación; cuando se le pidieron comentarios sobre Kreisberg, el vocero prefirió no hacerlos.

Nunca ha tomado el examen de admisión, ni ha intentado entrar a una escuela de negocios; ni siquiera ha trabajado en una oficina de admisiones para MBAs, pero Kreisberg tiene un conocimiento obsesivo de cómo funcionan las oficinas de admisiones de las mejores escuelas de negocios del mundo.

Cada cliente que quiere entrar a Harvard es otro punto de información para él, otra hoja de té qué interpretar para tener un mayor entendimiento para ayudar a otros clientes. El 80% de los más de 1,500 esperanzados de poder entrar a la maestría con los que ha trabajado quieren entrar a Harvard, y Kreisberg dice que ha logrado que admitan a un tercio de ellos, suficientes para llenar cinco secciones de 90 asientos en los últimos años. Tiene muchos puntos de información.

"Puedo decir a quién quieren". dice. "Puedo decir qué se necesita para ser considerado. Después de analizar un currículo y hacer algunas preguntas, yo doy mi veredicto. Me siento como un doctor viendo radiografías, y así puedo decir si es cáncer o si no lo es".

En un negocio poblado por maestros serios y administradores académicos anticuados, Kreisberg es la oveja negra de la profesión; con su cabello canoso y sus lentes sin armazón, parece un maestro de preparatoria exigente, pero a pocos directores les gustaría tenerlo, pues su estilo de consultoría puede ser argumentativo, seco y ocasionalmente desalentador.

Con frecuencia sus críticas son enviadas vía correo electrónico con letras gritonas. A un veinteañero que no escribía con suficiente claridad, Kreisberg le dijo: "A VER, ESTO SUENA DISCORDANTE, PERO ESTOY CONTIGO; PIENSA MÁS Y DEJA DE SER UN INTELECTUAL PRECIOSO, DEJA DE SER UN TÍMIDO CULTURAL Y PRESUME LO QUE HAS HECHO". A final de cuentas, el intelectual precioso entró a la Facultad de Negocios de Harvard.

Y sus consejos no son baratos; Kreisberg cobra 2,600 dólares por un paquete de servicios completos de ayuda "para los ultra-devotos que quieren maximizar sus posibilidades de entrar a la escuela número uno para ellos". En promedio, pasa entre cinco y diez horas con cada cliente. Entonces, 2,600 dólares son entre 260 y 520 dólares por hora. Si un cliente solicita entrar a tres escuelas, la cuenta se triplica a 7,800 dólares. Un año cualquiera, Kreisberg ve hasta 250 clientes y se lleva 300,000 dólares de ingresos.

Cuando Kreisberg, ahora de 64 años, comenzó a interesarse en las consultorías de admisión en los setenta, era un pionero; comenzó a asesorar a amigos y familiares después de obtener su maestría en Literatura Inglesa en Harvard en 1971. El primer solicitante a la escuela de negocios de Harvard al que ayudó fue todo un lío. Se trataba de una abogada y, como regla, no les gusta admitir a abogados practicantes porque creen que ya tienen su profesión.

De 1980 a 1988, enseñó redacción informativa los recién ingresados a Harvard, mientras él intentaba obtener su doctorado, que nunca completó. Dejó Harvard, obtuvo un título en Derecho en la Universidad de Boston y pasó cinco años como litigante. Odiaba su trabajo, y prefería pasar las noches ayudando a los solicitantes, pero hasta 1995, después de que su primo creara un sitio web de Servicios de Ensayos en Cambridge, Kresiberg convirtió su pasión en un objetivo de tiempo completo.

El número de solicitantes a escuelas prestigiosas aumentó en los noventa, y la industria creció sola. Hoy, Kreisberg es uno de los 500 consultores especializados en el mercado de los MBAs, que llegan a generar hasta 35 millones de dólares al año.

Cada año, de junio a enero, durante la temporada alta de solicitudes para MBAs, Kresiberg apenas sale de su departamento de Cambridge, pues trabaja de 9:30 de la mañana hasta la 1:30 de la madrugada, todos los días de la semana. Su trabajo comienza con una conversación sobre el currículo y las ambiciones de sus clientes, y a diferencia de algunos consultores, Kresiberg es franco y asesora de forma expedita a los candidatos que tienen lo necesario para entrar a Harvard, Stanford o Wharton.

Después trabajan en el ensayo; un candidato escribe entre tres y 12 borradores. Después, Kreisberg analiza las opciones de cartas de recomendación de cada solicitante, lo que éstas deben decir y cómo debería comportarse en caso de ser aceptado para la ronda de entrevistas de admisión. Cada año, la Facultad de Negocios de Harvard invita a 1,800 personas para las entrevistas, de entre más de 9,500 solicitantes.

Kreisberg dice que muchos de sus clientes tienen acceso a las cartas que escriben sus referencias. "Las leo, y en el 15% de los casos son perjudiciales porque hablan mal de mis clientes o no los elogian lo suficiente. Yo les digo que regresen con ellos y les digan que sus cartas no son de ayuda, y que de forma diplomática les reclamen para que redacten una carta que diga cuánto tiempo han estado trabajando con ellos, con qué personas han trabajado, por qué mis clientes son lo mejor que ha tenido la empresa, que hablen de su liderazgo, su iniciativa, sus habilidades técnicas y su impacto en la organización. Una carta de recomendación debe decir todo eso".

Entonces, ¿qué busca Harvard? "El consejo más sabio para solicitar entrar a la Facultad de Negocios de Harvard es, o ser una víctima, o ayudar a las víctimas. En segundo lugar, en Harvard, los ensayos de tu trabajo no son tan bien calificados como los ensayos de temas ajenos a tu trabajo, aunque hay excepciones. El peor error que puede cometer alguien es pensar que el secreto está en el ensayo, porque esto puede ser más perjudicial que benéfico. La mayoría de las escuelas piden ensayos porque apoyan la mitología de que cualquiera puede entrar, y eso no es cierto".

¿Quieres más noticias como esta?
Obtén los mejores consejos laborales y de management.

"En Harvard, la métrica más predecible es el promedio general de un universitario. Valoran mucho ese aspecto", dice Kreisberg. "Afortunadamente, Harvard está dispuesta a ignorar el resultado del examen de admisión para administración. En este momento hay un estudiante en Harvard que sacó un puntaje de 520 (de un máximo de 800). Dee (la directora de admisiones de la Facultad de Negocios de Harvard, Deidre Leopold) se puede llevar el crédito por esto. En Wharton suelen decirle a la gente que eleve su puntaje de 680 o 690, y la diferencia entre 690 y 710 nunca ha sido significativa en Harvard".

Si preguntan a Kreisberg lo que opina de aquellos que ingenuamente pensaron que el proceso de admisión era una verdadera meritocracia, y no una carrera armada donde había que pagar miles de dólares en un consultor, les responderá dos cosas: "Uno, quizás tengas razón. Dos, solicitar tu admisión a una escuela de negocios requiere que tomes algunas de las decisiones de negocios más importantes de tu vida. Ir a Harvard o a Stanford puede llegar a costarte medio millón de dólares, y si no crees lo suficiente en ti como para que contrates a alguien que te ayude, mereces las consecuencias de esa decisión".

Ahora ve
Argentina, la NASA y marinos de varios países buscan al submarino San Juan
No te pierdas
×