Cuando ser estúpido sirve en el trabajo

Los empleados que no destacan podrían tener mejores resultados en la oficina, aseguran expertos; la clave no es ser poco inteligente, si no saber cuándo ocultar o mostrar tus cualidades.
stupid worker  (Foto: Getty)
Megan Hustad

¿Prefieres ser irreflexivo y exitoso o inteligente y frustrado?

Un reciente artículo de la revista New Scientist abordó el interminable debate de la ‘ignorancia como felicidad' con la siguiente pregunta: ¿Si el ser inteligente fuera una ventaja evolutiva, "¿por qué no todos somos uniformemente inteligentes?" La respuesta es obvia y no científica: probablemente por las mismas razones por las que no todos somos uniformemente guapos. Pero ¿ser inteligente siempre te beneficia? ¿Hay casos en los que ser estúpido funciona mejor?

La estupidez puede aumentar la eficiencia, afirma Mats Alvesson, profesor de Estudios de la Organización de la Universidad de Lund en Suecia. En un artículo del Journal of Management Studies titulado "A Stupidity-Based Theory of Organisations", Alvesson y su colega André Spicer explican cómo lo que ellos llaman "la estupidez funcional" en general ayudaba a que las cosas se hicieran.

"La reflexión crítica y la perspicacia" eran activos positivos, pero cuando muchas personas inteligentes en una organización levantaban la mano para sugerir cursos de acción alternativos o hacer "preguntas perturbadoras acerca de las decisiones y las estructuras", el trabajo se volvía más lento.

Los autores del estudio encontraron que la estupidez, por otro lado, parecía tener un efecto unificador. Incrementaba la productividad. Las personas conformes en un ambiente de estupidez funcional llegaban a un consenso más fácilmente, y con ese consenso se producía un mayor entusiasmo de ‘manos a la obra' para concentrarse en el trabajo.

La inteligencia superior a menudo viene con costos ocultos. Digamos que eres una persona para quien el trabajo escolar siempre fue fácil. Es más probable que te sientas frustrado cuando un trabajo no cede fácilmente ante los esfuerzos.

"A menudo pienso que haber tenido que trabajar más duro para sacar buenas calificaciones me enseñó mucho más temprano en la vida que no todo lo que vale la pena llega fácilmente; y no ser medianamente bueno en algo no significa que el dominio no pueda obtenerse con trabajo duro", dice Sara Grace, presentadora del podcast Social Capitalist de Ferrazzi Greenlight.

Una menor diligencia es sólo la mitad de ello. En algunas situaciones de trabajo, ser más listo, más rápido y más retóricamente dotado también puede mantenerte atorado en tu actual puesto más tiempo que tus compañeros.

"Cuando tienes un trabajo de nivel inferior, ser excepcionalmente bueno en eso suele ser un impedimento para ser ascendido", dice Lilit Marcus, autor de "Save the Assistants: A Guide for Surviving and Thriving in the Workplace".

Por ejemplo, "cuando eres tan excelente asistente que tu jefe tiene dificultades para funcionar sin ti, significa que él o ella te mantendrá como asistente el mayor tiempo posible y no considerará ascenderte para que dejes de estar a su servicio".

Esto hace eco de algunos de los consejos dispensados en el best-seller de 1970 "The Peter Principle". Las personas inteligentes son más propensas a imaginar que pueden abrirse paso hacia arriba en una organización. Pero los avances profesionales cruciales, como Sheryl Sandberg confiesa en Lean in, a menudo se hacen cuando un mentor más arriba en la escalera decide jalar a alguien hacia arriba.

Caer de bruces -ya sea por estupidez o por intentar algo que no haces bien- también puede acallar a tus críticos, como el autor F. Scott Fitzgerald descubrió cuando su obra -infortunadamente titulada "The Vegetable"- se estrenó con devastadoras reseñas . "Desde que comenzó a escribir... ha sido difícil para nosotros perdonarle su brillantez", escribió Frederic F. Van de Water. "Ahora deberá ser más fácil".

Pero, en buena conciencia, uno no puede recomendar el fracaso público como un pilar de la carrera. Después de todo, hay una gran diferencia entre ser realmente lento para captar y actuar como si tuvieras algunas cartas menos en la baraja. El truco está en no hacerse el tonto, sino más bien en aprender cuándo hacer valer tu inteligencia superior y cuándo ocultarla.

En otras palabras, una cosa es ser terriblemente inteligente, y otra cosa es asegurarse de que todo el mundo sepa que eres terriblemente inteligente. Aquellos de nosotros que no sentimos la necesidad de asegurarnos de que todos en la sala comprendan, en cada oportunidad disponible, cuán inteligentes somos podríamos tener mejor desempeño que los demás.

Por un lado, puede ayudarte a evitar confrontaciones innecesarias. Un desarrollador de propiedades de Nueva York dice que en lugar de estar constantemente discutiendo con un socio que dos veces a la semana le plantea esquemas imposibles, él responde como si no se opusiera en absoluto a la idea propuesta. ¿Así que el socio quiere retirarse de un proyecto de 500,000 dólares? ¡Por supuesto! Hagamos eso. Gran idea. Luego, dice, pasa rápidamente a la aplicación del plan - preguntando cuántos empleados se necesitan para hacerlo, qué órdenes deben ser canceladas, y así sucesivamente en la lista de implicaciones. Invariablemente, el socio lo reconsidera.

Al actuar como si fuera incapaz de imponer un fuerte argumento en contra de un plan dudoso, el desarrollador deja que su socio mantenga un sentido de superioridad y se evita a sí mismo las consecuencias de un conflicto potencialmente largo y extenso.

Si no te preocupa ser percibido como un poco lento, puedes hacer mejores preguntas - mejor en el sentido de que es probable que obtengas respuestas más iluminadoras. Esto es particularmente útil durante las negociaciones. Hacer preguntas 'tontas' "extrae más información que la parte contraria no habría compartido de otra manera", dice la directora del proyecto convertida en emprendedora de viajes Jeni James. "También hay psicología básica en torno a las personas que están incómodas con el silencio y por lo tanto, si simplemente permaneces callado, luciendo 'lento', la otra parte se pondrá incómoda, y hablará, tratando de llenar el silencio, revelando detalles que tal vez no debería".

Cuando discutía el aspecto radicalmente minimalista de Google -sólo una barra de búsqueda en una página por lo demás vacía- Marissa Mayer explicó que su sencilla interfaz era un intento consciente de imitar una navaja suiza. "Cuando ves a un cuchillo con todas las 681 funciones abiertas, estás aterrado".

Mayer, entonces directora de producto de Google, dijo en una entrevista en 2002. "Así es como los demás sitios son -tienes miedo de usarlos. Google tiene el mismo nivel de complejidad, pero tenemos una interfaz sencilla y funcional en él, como la navaja suiza cerrada".

"Funcional" es la palabra clave aquí. Ser estúpido funciona en el trabajo si eres lo suficientemente inteligente como para saber cuando no serlo.

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