Sacrificios que llevan al éxito

Un trío de atletas verdaderamente excepcionales explica lo que se necesita para ser el número uno; duros sacrificios y una inflexible disciplina deben ser parte de la constante para triunfar.
gabby_resulta  (Foto: Fortune)
Geoff Colvin

En una reciente reunión de directores financieros de importantes empresas, pasé algún tiempo entrevistando en el escenario a tres auténticos personajes de talla mundial: Gabby Douglas, de 17 años, quien ganó dos medallas de oro en gimnasia en los Juegos Olímpicos de verano de 2012 en Londres; Apolo Anton Ohno, de 31 años, que ganó medallas de oro en patinaje de velocidad en los Juegos Olímpicos de invierno en 2002 y 2006 y plata en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010 en Vancouver; y Mallory Weggemann, de 24 años, paralizada de la cintura para abajo, quien ganó una medalla de oro en natación en los Juegos Paralímpicos de 2012 en Londres.

Mientras contaban sus historias, la muy poderosa lección que aportaron fue el peso de los sacrificios que se vieron obligados a hacer con el fin de ganar en los niveles más altos en sus respectivos campos. Todos ellos se mudaron lejos de su hogar en la adolescencia para trabajar con los mejores entrenadores. Todos ellos pasaron entre ocho y 12 horas al día entrenando, siete días a la semana, sin tomar nunca un día libre.

Todos siguieron regímenes que la palabra "estricto" ni siquiera comienza a describir. La dieta de Ohno hizo que su cuerpo entrara en un estado catabólico en el que consumía su propio músculo mientras intensificaba su entrenamiento, para perder peso mientras ganaba fuerza; se sintió terrible durante un año, al final del cual pesaba 66 kilogramos y podía hacer press de piernas de cerca de 900 kilogramos. Como referencia, un liniero de la NFL de 136 kilogramos hace press de piernas de cerca de 590 kilogramos.

Douglas interrumpió su entrenamiento durante unos 10 minutos y se permitió comer un único McMuffin de huevo el día después de que ganó sus medallas de oro. Ahora ella está enfocada en Río de Janeiro 2016.

Weggemann perdió el uso de sus piernas hace cinco años después de que una inyección epidural (para el alivio del dolor después de un caso de herpes zoster) saliera mal. Al ser una nadadora entusiasta antes del percance, se obsesionó con este ejercicio después. Ahora pasa varias horas al día no sólo nadando, sino también haciendo flexiones de pecho y levantando pesas para cultivar la parte superior de su cuerpo. Ella también está enfocada en Rio.

Ésta es la realidad del desempeño de primera categoría. La próxima vez que veas la frase "de primera categoría", que bien puede ser parte de la declaración de misión o visión de tu empresa, haz una pausa para considerar lo que realmente significa. Muy, muy pocas personas están dispuestas a pagar el precio de ser verdaderamente de primera categoría.

¿Y tú? Cualquier respuesta es correcta, siempre y cuando sea honesta.

El mensaje de los deportistas olímpicos fue aleccionador para los directores financieros. Como uno de ellos me prometió después: "Nunca voy a sentir lástima por mí mismo de nuevo".

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