5 lecciones sobre el colapso financiero

Hace un año, la tormenta que azotó a las Bolsas de EU y el mundo casi destruyó los portafolios; ahora es el momento de utilizar las enseñanzas de la crisis para reorganizar tus inversiones.
wall street  (Foto: AP)
Penelope Wang

Incluso un año después, la velocidad con la que el sistema financiero estadounidense se desenredó en septiembre pasado sigue aturdiendo nuestras mentes.

Como podrán recordar, la peor caída financiera desde 1930 comenzó con un estallido. A principios de mes, el colapso en el sector vivienda llevó al Gobierno estadounidense a hacerse cargo de los gigantes Fannie Mae y Freddie Mac, cuyas acciones de pagos de dividendos eran la piedra angular de varios portafolios de retiro.

En sólo días, la crisis había contagiado a los bancos de inversión. Lehman Brothers pronto colapsó bajo la presión de sus malas apuestas en los respaldos hipotecarios, mientras que Merrill Lynch tuvo que ser tomada por Bank of America.

Después llegó la noticia de que el gigante de los seguros, AIG, tenía un quiebre crediticio, lo que ocasionó un rescate gubernamental de 85,000 millones de dólares (que resultaron ser el primer pago del financiamiento). La administración de Bush, dirigida por el secretario del Tesoro, Hank Paulson, creó a toda prisa un paquete de alivio para Wall Street que inicialmente fue rechazado por el Congreso. El Dow cayó cerca de 780 puntos en su camino a los aplastantes 5000 puntos. 

Afortunadamente, este año el índice se ha recuperado en cerca de la mitad. Pero no dejen que el rebote reciente les haga olvidar el dolor. Aún si ya terminó la peor crisis, lo que no te mató te debe hacer más inteligente en cuanto a tus inversiones.

Mientras tu portafolio sigue más débil de cómo estaba hace un año, las cinco lecciones aprendidas del colapso de 2008 te ayudarán a reforzar tus finanzas, y deberían limitar el daño en las próximas crisis, lleguen cuando lleguen.

Lección 1: la asignación de activos aún funciona, pero no esperen una garantía.

Justo después del colapso tal vez llegaron a la conclusión de que la asignación de activos (la estrategia tradicional para diversificar acciones, ingresos fijos y efectivo) es todo un problema. Después de todo, sus valores estadounidenses y extranjeros y todos los bonos que tenían perdieron dinero el año pasado.

"Los principios básicos de la asignación de activos debe ser revisada", dijo el profesor de finanzas en MIT, Andrew Lo. Él y otros expertos alegan que ya que la volatilidad del mercado está aumentando, deben tener otros activos, como inversiones del tipo de los fondos de cobertura, así como acciones y bonos para manejar el riesgo. También deben estar preparados para cambiar sus mezclas de forma táctica de vez en cuando. "Necesitan ser proactivos y ajustarse a medida que cambia el mercado", dijo.

Lo tiene razón en que es más difícil diversificar hoy en día (ahondaremos en esto después). El argumento que alega que para alcanzar sus objetivos deben depender de nuevas tácticas, se desprende de dos grandes lecciones de la historia, una reciente y otra conocida desde hace tiempo.

La primera es que varias inversiones alternativas como los fondos de cobertura fueron apaleadas en la crisis. A largo plazo, la evidencia es sobrecogedora, pues los inversionistas que intentan medir las oportunidades del mercado generalmente fallan en intentar vencer a los que no lo hacen. Como dice Warren Buffet, "el mercado de las acciones tiene una forma muy eficiente para que el impaciente transfiera bienestar al paciente".

El problema real con la asignación de activos no es que ya no funcione, sino que la gente espera que siempre funcione. Esto no es cierto: la carga de 2000-2002 mostró que incluso la asignación sofisticada de activos no puede garantizar que no se perderá dinero en un mercado malo. "Esto no significa que la asignación de activos sea una mala idea", dijo el profesor de economía en Harvard, John Campbell. "Si las vacunas no funcionan para la gripe porcina, eso no significa que no debas vacunarte para otros tipos de gripe".

Si se fijan en los números verán que la diversificación adecuada ocasionó bienes considerables durante el colapso. Sí, la mayoría de las acciones y varias categorías de ingresos fijos representaron grandes pérdidas, pero las emisiones del Departamento del Tesoro a largo plazo ganaron más de 27% el año pasado. Los bonos globales y corporativos estadounidenses de alta calidad también hicieron dinero, al igual que el efectivo.

Se necesita una mezcla de 35% de acciones estadounidenses, 25% de acciones extranjeras, 10% de efectivo y 30% de ingreso fijo (incluyendo bonos corporativos de alta calidad y gubernamentales), y habrán perdido sólo 28% entre el 1 de septiembre de 2008 y el día que el mercado tocó fondo, el 9 de marzo. En comparación, S&P 500 cayó cerca de 50%.

Lección 2: el mundo es más riesgoso... y así se va a quedar.

¿Recuerdan la Gran Moderación? La frase describe el reciente período del último cuarto de siglo, cuando el crecimiento económico parecía no tener límites y el riesgo a largo plazo en acciones parecía estar desapareciendo. Entre 2003 y 2007, por ejemplo, el VIX (índice de volatilidad de la Bolsa de Chicago), un buen indicador del riesgo que los inversionistas ven en el mercado, se sostuvo en el rango 10-15. Esto se encontraba considerablemente por debajo del promedio histórico del índice, que es de 20.

Por supuesto que el riesgo regresó con su venganza. En octubre pasado, en las alturas de la crisis bancaria, el VIX llegó su punto más alto: 80. A esos niveles, un portafolio conservador que mantenía 30% en acciones y 70% en bonos rebotaría de la misma forma que un portafolio de 60% en acciones y 40% en bonos lo hizo antes del derrumbe del mercado.  

Hoy, el VIX ha caído a cerca de 25. La pregunta es si hay que prepararse para otros picos enervantes como esos. Según varios profesionales de las inversiones, sí. Entre ellos se encuentra el profesor de finanzas en Yale, Roger Ibbotson, fundador de Ibbotson Associates, quien espera que el mercado permanezca nervioso por algunos años. Hay que culpar a la economía inestable, que probablemente ocasionará más desilusiones en ganancias corporativas. "Dada la alta volatilidad de hoy en día, tal vez necesiten afianzar el riesgo de sus portafolios", dijo Ibbotson.

Eso no significa que deban invertir su portafolio de 60% en acciones y 40% en bonos, o que deban hacer algo aún más radical. En vez de eso deben revisar su mezcla de inversiones para asegurarse de estar tomando la cantidad de riesgo apropiada en vista de sus objetivos financieros y su tolerancia ante más choques del mercado.

No es ninguna sorpresa que los estudios muestren que la mayoría de nosotros piensa que podemos manejar más riesgo cuando el mercado va a la alza que cuando va a la baja. Esto convierte al hundimiento del año pasado en una prueba de estrés ideal, dice Michael Schlachter, director administrativo en Wilshire Associates. Deben preguntarse qué tan bien lo manejaron. Si no aguantaban la gastritis ni los ataques de pánico, reduzcan sus acciones en cinco o diez puntos porcentuales mientras impulsan la asignación de sus ingresos fijos.

Reduciendo los valores para asignar una cantidad ligeramente mayor en bonos y efectivo, sacrifican algo de rendimiento potencial, pero no tanto como puedan pensar.

En los últimos 30 años, un portafolio de 70% en acciones y 30% en bonos ganaba sólo dos décimas partes de un punto menos al año que una mezcla de 80%/20%. Aún así habría perdido menos durante la caída, y si las pérdidas más pequeñas no te permiten deshacer tus planes a largo plazo durante una crisis, tal vez el costo vale la pena.

Lección 3: la diversificación real es más difícil de conseguir de lo que parece.

Mientras AIG, Lehman y otros gigantes financieros se tambaleaban durante el otoño pasado, aprendimos, por desgracia, que las aflicciones de Wall Street estaban arrastrando nuestros portafolios principales.

Digamos que ustedes son gente de tipo conservador que prefiere fondos dirigidos a acciones de bajo precio que paga dividendos; el fondo de "valor" típico de una acción grande mantenía más del 30% de sus activos de forma financiera antes de la crisis. Incluso los fondos del índice S&P 500 tenían una participación de hasta 20% en los bancos, corredurías y aseguradoras (cerca del doble de su nivel actual), pues crecieron en una parte gigantesca del mercado durante el boom crediticio. 

En cuanto a los rendimientos de los bonos por encima del promedio, muy probablemente hubo una ayuda por encima del promedio de bonos hipotecarios subprime. "La gente cargaba los activos más especulativos pero no lo sabía", dijo la economista en jefe en Ibbotson, Michele Gambera.

La mejor forma de evitar demasiada exposición en cualquier industria o activo, sobre todo en los más espumosos, es excavando en los portafolios para ver de qué son dueños realmente. Usen la herramienta Instant X en Morningstar.com, la cual les mostrará qué tanta participación de sus fondos coincide con lo que creen y si su portafolio se inclina más hacia cierta industria o estilo.

Otra idea es quedarse con los fondos indexados. Un fondo de mercado de sólo acciones o de S&P 500 no puede evitarles gozar del impulso del mercado, pero siempre queda claro lo que tienen los fondos indexados porque reflejan los marcadores conocidos para los que la información está siempre lista. 

Pueden emplear una combinación de fondos indexados para ajustarse bien; pongamos el ejemplo de las acciones tecnológicas que están teniendo peso hoy en día. Hay que tomar en cuenta una enorme porción de la capitalización del mercado S&P como en 1998 y 2000. Primero podrían cambiar parte de su participación por un fondo indexado S&P 500 que tiene menos del 8% de sus activos en tecnología.

Por supuesto que tener distintos fondos de acciones (administrados de forma activa o pasiva) no los diversificará adecuadamente, ya que la mayoría de los valores están correlacionados positivamente, es decir, tienden a moverse en la misma dirección, y las correlaciones entre activos han estado creciendo pues los mercados globales están entrelazados.

Es por eso que deben tener bonos de alta calidad, sobre todo los emitidos por la Secretaría del Tesoro que son seguros y los bonos TIPS protegidos contra la inflación, dice Gambera. Frecuentemente están correlacionados de forma negativa con las acciones, así que van para un lado cuando las acciones van para el otro. Deberían tener bonos extranjeros para diversificar su portafolio nacional.

Lección 4: reconocer una burbuja es difícil, pero protegerse de una lo es aún más.

"Para predecir una burbuja hay que tener un juicio en el que cientos de miles de inversionistas informados estén equivocados", dijo el entonces presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, en 1999. Él debería saber lo difícil que es: él no pudo detectar dos de los mercados más espumosos, en acciones tecnológicas y en el sector vivienda.

Una vez más, ¿cuántos de nosotros hicimos caso cuando el economista de Yale, Robert Shiller, advirtió que los hogares estaban sobrevaluados? Tenía razón.

Dada la dificultad de protegernos contra la explosión de una burbuja, tal vez están tentados a intentar inversiones alternativas como fondos grandes-pequeños que intentan cubrir contra el mercado.

Uno de ellos, el fondo de rendimiento absoluto, busca resultados positivos en cualquier ambiente. Los fondos de mercado neutral intentan superar a la Secretaría del Tesoro mientras siguen aislados de las acciones. Pero en 2008, el fondo típico grande-pequeño cayó 15% y hay quienes perdieron cerca de 40%. Cuando las burbujas revientan pueden correr, pero no se pueden esconder por completo.

La cobertura segura es una dosis saludable de efectivo, un activo muy olvidado durante el boom. No lo ignoren ahora.

Lección 5: no se puede medir el tiempo en el mercado, pero sí se puede medir el propio.

Siempre pueden encontrar algún experto que haya logrado adivinar el mercado, pero Buffet afirma que la gran mayoría de nosotros fracasa al intentar medirle el tiempo al mercado.

Con esto dicho, deberían estar midiendo el tiempo de sus propias circunstancias. Cada año que pasa es uno más cerca del retiro. Con el tiempo necesitarán reducir el porcentaje de sus participaciones en efectivo. En 2007, cerca del 40% de los trabajadores entre 56 y 65 años tenían el 80% o más de su programa para el retiro [401(k)] en acciones. Un portafolio con menos acciones podría ser más apropiado y seguro.

También hay circunstancias específicas para cada caso y familia; sus asignaciones pueden haber sido correctas cuando rebalancearon su portafolio, pero ¿qué tal que un jefe tiene problemas financieros y ustedes pierden su empleo?, o ¿si su esposa tiene una emergencia médica? 

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Si están lidiando con este tipo de situaciones, es más importante conservar lo principal y construir reservas de efectivo adicional que tener los rendimientos más altos posibles. En ese caso no hay nada de malo con convertir parte de sus valores en inversiones más seguras y líquidas.

Esto no es repudiar la asignación de activos, sino reconocer que su vida ha cambiado. Este tipo de oportunidades guiarán su portafolio de forma segura en las buenas y en las malas.

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