¿Por qué el dinero nunca te alcanza?

La realidad contradice a la teoría de que con mayor ingreso y poder de compra aumenta el bienestar; en la práctica, lograr la autorrealización va más allá de simplemente tener más dinero.
Preocupado  (Foto: Especial)
Mariano Rojas

Por décadas se ha equiparado tener más dinero al aumento del bienestar. Hallazgos recientes de quienes estudian el bienestar de las personas señalan que la relación entre dinero y bienestar es débil, y que un mayor ingreso no garantiza un aumento importante del bienestar. Los hallazgos también permiten obtener recomendaciones para potenciar el impacto del ingreso en el bienestar.

El argumento utilizado para justificar la equiparación entre dinero y bienestar ha sido simple y puede encontrarse en cualquier texto introductorio de economía. Se dice que un mayor poder de compra permite aumentar el consumo, comprar lo que se desea, satisfacer más necesidades y, en consecuencia, obtener un mayor bienestar. El argumento ha parecido tan obvio que se ha considerado innecesaria su corroboración. La disciplina económica se ha dedicado a realizar recomendaciones para que las personas puedan aumentar su ingreso y su consumo bajo la premisa de que esto redundará en un gran aumento del bienestar de los individuos.

Los estudios recientes desde el bienestar subjetivo muestran que la relación entre ingreso y bienestar es más compleja de lo que generalmente se ha asumido. Esta literatura afirma que el bienestar, como experiencia de vida, es un asunto de los sujetos, ya que son éstos quienes lo experimentan. Por ello, corresponde a las personas juzgar su satisfacción de vida. El enfoque afirma que antes que hacer presunción sobre el bienestar de una persona, lo que corresponde es preguntarle a ésta sobre su satisfacción con la vida. En consecuencia, los investigadores han comenzado a estudiar la relación entre el ingreso y la satisfacción de vida reportada por las personas. Los hallazgos de las investigaciones sugieren que un aumento en el ingreso no lleva a un incremento de la importancia en la satisfacción de vida, y que en muchos casos es posible que ni siquiera se presente un aumento del bienestar.

¿Qué sucede con el bienestar de las personas cuando su ingreso crece? Es cierto que un mayor ingreso permite a las personas aumentar su consumo, pero no tanto que genere un mayor bienestar. ¿Por qué?

Habituación. Los estudios muestran que una gran parte del mayor poder de compra se gasta en bienes de rápida habituación; esto es: las personas rápidamente se habitúan a artículos como ropa de marca, juegos de sala, vajillas, autos, aparatos de televisión, casas y joyas. Estos bienes generan un alto bienestar en los primeros momentos de uso; sin embargo, las personas rápidamente se acostumbran a estos bienes (el televisor o la casa grande ya no lucen tan grandes; la figura en el espejo con esa camisa o ese reloj nuevos ya no luce tan elegante, etc.).

El alto bienestar experimentado con estos bienes constituye únicamente una euforia transitoria, que muchas veces no alcanza a ir más allá del mismo momento de compra. Los procesos de habituación varían según el tipo de bienes, y lo recomendable es gastar en bienes que tienen un alto impacto inicial sobre el bienestar y cuyo proceso de habituación es lento o del todo nulo.

La trampa del estatus. Las personas viven en un contexto social y se comparan con sus semejantes. Por ello, gran parte del gasto de la gente se realiza en los llamados bienes de posicionamiento; cuya función principal no es satisfacer una necesidad material, sino indicar a los demás cuál es el estatus o posición en la sociedad. Por ejemplo, las joyas expuestas de un reloj no aportan nada a la función básica del reloj, la cual es dar la hora, pero estas joyas permiten indicarle a los demás que la persona es capaz de gastar una fortuna en algo funcionalmente irrelevante, lo cual cumple adecuadamente con su propósito de señalar su alto estatus económico.

Si una persona gasta más y su estatus mejora, entonces esto le permitirá experimentar un mayor bienestar; el problema surge cuando la mayoría de los individuos gasta más en bienes de posicionamiento, de forma tal que el estatus o posición relativa de la persona dentro de su grupo social no cambia. En este caso el gasto de todos es mayor, pero el bienestar no aumenta para nadie, ya que no hay cambio en la posición relativa. La televisión más grande o el auto más caro agregan menor bienestar si el vecino o el colega compran un televisor todavía más grande o un automóvil aún más caro. Puede decirse que desde el punto de vista de su contribución al bienestar hay gran derroche en este tipo de compras. Una de las recomendaciones que pueden hacerse es la de que las personas mantengan su autonomía al realizar y disfrutar lo que se compra, ocupándose más de lo que ellos tienen antes de lo que otros tienen.

Errores de decisión. Las habilidades para ejercer como un buen consumidor y obtener alto bienestar a partir del gasto realizado no son innatas, y es probable que mucha gente nunca llegue a dominar estas habilidades por completo. Una nueva área de la economía –la economía conductual– ha mostrado que las personas cometen muchos errores a la hora de tomar decisiones de consumo, y que no necesariamente aprenden de esos errores, por lo que son susceptibles de volverlos a repetir. A continuación se mencionan cuatro tipos de errores.

1. El error de focalización alude a que los individuos tienden a sobredimensionar la importancia que un artículo específico tiene para su bienestar. El pensar mucho en el objeto lo hace aparecer como imprescindible para el bienestar de la persona y tiende a desplazar de su mente otras consideraciones de relevancia para la satisfacción de vida. Este comportamiento lleva a la conclusión de ‘no puedo vivir sin...’ e incita a realizar el gasto en el bien; sin embargo, una vez que el bien se adquiere, éste pierde gran parte de su relevancia para la persona, quien ahora centra su atención en las otras áreas de su vida. Por ello, este gasto viene acompañado de poco bienestar adicional.

2. El error de marcos de referencia se refiere a sobredimensionar la importancia de un atributo del bien, y surge porque muchos de los procesos de compra se basan en la comparación entre bienes, mientras que la comparación es irrelevante en el proceso de disfrute. Por ejemplo, al momento de comprar un horno de microondas la persona compara muchos modelos en la tienda, y su atención se concentra en lo que el aparato de interés no tiene y lo que el aparato de al lado sí tiene. Por ello, los atributos que las otras opciones de compra tienen suelen adquirir mayor importancia de la que en realidad tienen cuando el aparato es usado, ya que en el momento de uso no existen otros aparatos con los cuales realizar la comparación. Este error lleva a que el consumidor gaste mucho más al adquirir bienes con atributos que le serán irrelevantes al momento del disfrute.

3. El error de predicción se refiere a las limitaciones que tiene la persona para poder predecir cuál será el impacto de largo plazo de una decisión de compra. Los individuos tienden a equivocarse y a basar su predicción de largo plazo con base en la situación presente. Sucede que la gente tiende a comprar bienes de alto impacto inicial en el bienestar pero que conllevan procesos de gran habituación, en vez de adquirir bienes que tienen un bajo impacto inicial pero cuyo proceso de habituación es bajo o nulo. Estas decisiones de gasto contribuyen poco al bienestar de largo plazo.

El impacto inicial de una casa nueva y de grandes dimensiones desaparece rápidamente conforme la persona se habitúa a esa casa; sin embargo, el impacto negativo (las preocupaciones) de la deuda adquirida perdura; por ello, el individuo puede terminar con una gran deuda hipotecaria que le reduce su bienestar y con una gran casa que le agrega poco a su bienestar. Ésta es una decisión de gasto con poco impacto en el bienestar de la persona.

4. El error de falta de atención se refiere a que el disfrute de los bienes de consumo requiere de tiempo y de atención; en otras palabras, la actividad de consumo va mucho más allá de la actividad de compra, y el bienestar requiere que la persona tenga el tiempo para dirigir su atención al disfrute del bien que ha comprado. Por ejemplo, la niña que recibe seis muñecas de regalo en su cumpleaños no puede poner su atención en todas las muñecas y por ello concentra su atención solamente en una o dos; en consecuencia, el gasto en las otras muñecas es ineficiente y agrega poco bienestar.

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Es importante recordar que hay más que el nivel de vida y que, por lo tanto, la satisfacción de vida de una persona depende de muchos otros aspectos además de su ingreso y de su consumo. Se ha encontrado que la calidad de las relaciones familiares y de amistad y la disponibilidad y el uso gratificante del tiempo libre son aspectos que contribuyen sustancialmente a la satisfacción de vida.

Hay poco o nulo bienestar adicional cuando el mayor ingreso se obtiene sacrificando el tiempo que se dedica a la familia y los amigos o el tiempo del que se dispone para realizar aquellos pasatiempos y actividades personales gratificantes. En estos casos se corre el riesgo de terminar con una situación no óptima, consumiendo y trabajando por encima de lo óptimo y relacionándose y descansando por debajo de lo óptimo. En muchos casos la mejor manera de gastar un mayor ingreso es trabajando menos para poder disponer de más tiempo para las relaciones humanas y para la consecución de los intereses personales.

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