Los niños aprenden a hacer robots

Microbotix, en la Ciudad de México, enseña robótica a infantes de entre 6 y 12 años de edad; los creadores de esta institución educativa comenzaron vendiendo sus propios hombres de hojalat
Robotix Center enseña a niños de entre 6 y 12 años de edad.
CIUDAD DE MÉXICO (Notimex) -

Hace tres años Roberto Saint Martin y Ricardo Correa estudiaban Ingeniería Mecatrónica en el Tecnológico de Monterrey sin imaginar que el verano de 2007 iniciarían su carrera empresarial al impartir clases de robótica en una calle del sur de la Ciudad de México.

Ese año la demanda de alumnos fue tal que decidieron crear su propia marca y expandirse, así nació la escuela de robótica Microbotix.

El secreto, dicen, fue incursionar en un área en donde nadie lo había hecho. "Nos dimos cuenta de que teníamos un conocimiento valioso con el que podíamos hacer algo muy grande. Y aunque al principio no sabíamos ni qué era lo que haríamos nunca dejamos de pensar en que queríamos ser grandes", relatan.

En el verano de 2007 crearon una nueva oferta educativa extra escolar para niños con el primer Robotic Center. "El salón se llenó con 48 alumnos, sorprendentemente para el verano de 2008 la matrícula aumentó a 180 estudiantes".

Sin embargo, el origen del negocio se remonta a 2004, cuando Roberto Saint Martin necesitaba dinero urgente para irse a Europa de intercambio estudiantil; así, empezaron a trabajar con la Asociación Estudiantil de Mecatrónica en las  instalaciones del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

La asociación se había quedado sin gente, así que los jóvenes tomaron el control a través de un convenio con el coordinador de la carrera. De esta forma comercializaron su primera creación:
"Microbito", un robot netamente artesanal y, como ellos mismos dicen, "muy feo", pero que sirvió a los estudiantes para iniciar sus clases.a la

El experimento tuvo buenos resultados y se vendieron como 15 "Microbitos", cada uno en mil 600 pesos. "En ese momento era la fortuna de nuestra vida. Me acuerdo que estudiamos y trabajamos un semestre entero y ganábamos cinco mil pesos al semestre y entonces, cuando vimos esto casi hicimos fiesta", recuerda Roberto Saint Martin, quien así logró viajar a Francia.

En tanto, en la Ciudad de México, Ricardo y otro compañero continuaron la empresa porque el éxito del horrendo "Microbito" fue tal que empezaron a trabajar sobre pedido.

En la habitación de Ricardo "poníamos papel periódico en el pasto para que mi mamá no nos fuera a regañar o a gritar y sacábamos las latas de aerosol y pintábamos ahí el robot, porque ya les queríamos dar un toque más profesional".

Comentan que pasaban "días, noches y madrugadas enteras armando tornillo tras tornillo y entonces sacamos como un lote de ventas y se vendieron como 20 robots entre los alumnos del semestre".

En ese momento, ilusionados, sabían que estaban creando una empresa, pero ni idea tenían hacia dónde y por dónde dirigirla.

Cuando Roberto regresó del viaje el negocio empezó a tomar forma; entonces decidieron dejar de trabajar para los adultos y enfocar sus conocimientos en los infantes, un mercado que parece nunca acabar.

Primero contactaron con 10 escuelas que aceptaron los cursos, que primero fueron itinerantes y con 200 alumnos. Hoy son más de 600 alumnos en diferentes planteles del Distrito Federal y más de 150 que asisten a cursos regulares en el Robotix Center de Miguel Angel de Quevedo.

Con ayuda del gobierno federal, que a través de la Secretaría de Economía (SE) les otorgó un financiamiento de un millón de pesos, Roberto y Ricardo emprendieron su negocio: el Robotix Center.

Ahora los proyectos son muchos: abrir el próximo verano un par de centros más y extenderse en el territorio nacional, ya sea con unidades propias o a través de franquicias, para lo cual ya están en pláticas con inversionistas.

"Queremos principalmente empezar a formar una cultura diferente con los procesos educativos en la juventud mexicana, donde las actividades en su mayoría extracurriculares tengan un contexto científico".

Además, pretenden erradicar el paradigma en México de que la educación es aburrida, en donde un profesor se instala al lado de una pizarra con cuadernos, libros y tareas.

Por ello, los cursos de robótica para niños de entre seis y 12 años de edad están ambientados. Los instructores son una mezcla de actores, pedagogos y científicos que hacen del aprendizaje de la ciencia un juego divertido.

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