El peso del quehacer doméstico

¿Cuánto pagar y cómo llevar una relación de largo plazo con quienes nos ayudan en el hogar?; hay varias modalidades, pero la más común: entrada por salida, va desde 150 hasta los 300 pesos
La atención médica puede ser una prestación decisiva para re
Lourdes González Pérez

Anita Bernal tiene 14 años de casada, y durante los primeros tres probó por lo menos una docena de asistentes y trabajadoras domésticas para que la auxiliaran en la limpieza. Hasta que alguien le recomendó a Margarita, y desde entonces ella es “como si fuera la señora de la casa”.

Margarita (no revela su apellido) labora de entrada por salida, dos días a la semana, con la familia Bernal Pueblita.

“Ella es mi felicidad, la felicidad de todos, la tranquilidad, la armonía, porque si estuviera sucio, si yo lo tuviera que hacer, esta casa estaría de cabeza”, asegura Anita Bernal, que paga a su empleada 240 pesos por día, por la limpieza general de una casa  de tres recámaras, 3.5 baños, cocina, sala, comedor y un patio. Por planchar Margarita cobra aparte 40 pesos la docena de ropa. No cuida a los niños, no lava ni cocina.

No le paga seguro médico o gastos en medicinas ni tratamiento o estudios clínicos –Margarita, de 45 años, está protegida por el seguro social, gracias al empleo de su marido–. En Navidad le da una despensa o efectivo como ‘aguinaldo’.

Bernal vive en el sur de la Ciudad de México. Con los sueldos que se pagan en esa zona sería casi imposible conseguir empleadas domésticas en Polanco o en las Lomas (al poniente del DF), advierte Cecilia de Villa, publicista, quien dice que lo mínimo a pagar de entrada por salida es 300 pesos.

“Esto es como la Bolsa de Valores”, explica De Villa, quien advierte que el dinero no lo es todo, también se requiere un trato más justo, para lograr una relación duradera con las empleadas domésticas. “Tengo 14 años con la nana de mis hijos, le pagamos medicinas y servicio médico”.

Según las amas de casa entrevistadas, el pago al servicio doméstico tiende a crecer. “Afortunadamente ya tienen más opciones de trabajo”, dice De Villa. El salario por día oscila entre 150 y 250 pesos, en servicios básicos como limpieza general de la casa y la preparación de comida sencilla. El precio aumenta si incluye lavado y planchado  de ropa, así como si hay niños en casa.

De acuerdo con el Colectivo Atabal, organización que defiende los derechos de las empleadas, en general, el servicio doméstico no está tan bien pagado en la República como en estos casos del Distrito Federal. Por ello propone una remuneración mínima de 150 pesos diarios para jornadas de seis horas.

Este colectivo ayuda a colocar empleadas domésticas, para lo que les cobra una cuota de 20 pesos. Para contratar a estas empleadas, las patronas deben pagar una cuota de 1,000 pesos.

La armonía se rompe

Jorge Olvera, abogado laboralista y profesor de derecho laboral en la UNAM, advierte que, con frecuencia, los patrones cometen errores que pueden salirles caros. Tradicionalmente, dice, no tienen la precaución de firmar un contrato que especifique jornada laboral, actividades y salario, ni dan recibo para acreditar el pago. 

Cuando se presenta un conflicto, al no tener pruebas, el patrón se ve obligado a llegar a un convenio de indemnización. Las autoridades podrían obligar al patrón a reinstalar al trabajador en caso de conflicto o a indemnizarlo con tres meses de salario más 20 días por año trabajado. Si el empleado renuncia, el patrón sólo debe pagar 12 días por año.

Según la Ley Federal del Trabajo, el patrón está obligado a pagar servicio y apoyos médicos a sus empleados domésticos. Si la enfermedad es crónica y el trabajador ha prestado sus servicios durante seis meses, por lo menos, el patrón debe proporcionarle asistencia médica hasta por tres meses.

Magui, otra ama de casa, bromea que preferiría perder a su marido que a su trabajadora doméstica, Rosita, quien trabaja con ella desde hace casi 13 años.

El salario de Rosita es de 2,800 pesos mensuales por tiempo completo, para la limpieza general de la casa, con un día de descanso. Cuando se enferma le compra las medicinas. Intentó inscribirla en el Seguro Popular, pero consideró que la burocracia complicaba las cosas. No sólo los procedimientos, sino la dificultad de contar con los documentos que solicitan. Rosita ni siquiera cuenta con acta de nacimiento.

Empleadas como Aidé, que trabaja en un departamento en la Condesa (con un pago de 200 pesos diarios), han encontrado por sí mismas la solución a sus problemas médicos. Cuando requiere una consulta, va a los dispensarios del Dr. Simi, donde se cobra a 25 pesos, contra 10 de las clínicas públicas, que requieren más tiempo de espera.

La atención médica, señalan las entrevistadas, puede ser la prestación decisiva para retener a sus empleadas. 

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